“De las cuerdas vocales de un volcán,

Nos balanceamos para batallar

Como erupción sin previo aviso.

Lava creciente, fluidos de rabia

Que consumen la piel y el color,

Color firme de lo caminado,

De las arrugas deshechas del rostro.

Somos una absurda imagen

Hecha a partir de la tierna rendición del amor

Que está enterrado en el ojo de la frente de un muerto:

Todo un cráter sin magma.”

Nos acorralaron de acusaciones, mientras el viento del sur  erizaba mi piel morena,

conectada con el fin del mundo. El fin del mundo, conectado con el fin de mi vida.

Miré como mis hermanos caían, sangrando terror, por resistirse a la invasión de los salvajes extranjeros.

Ellos, dicen que pensamos, y pienso que hubieran sido bienvenidos como amigos, pero ellos sólo saben hablar con sus cañones, con esos artefactos mas rápidos que mi parpadear. Sin un tiempo de reacción, nosotros tenemos que ser los extraños en nuestro hogar.

Nos tomaron por sorpresa y no fuimos ágiles como nuestros perros fueguinos. Fuimos el blanco de una cacería, el exterminio de los hijos y la extinción de los hombres del fuego. 

Pero, ni porque estemos muertos, dejaremos de ser aquella ceniza de tus pesadillas…

¡Mientras se queme tu casa! ¡Mientras tus hijos y nietos se pudran al respirar mi aliento muerto! ¡Mientras otro haga arder el corazón de quien amas de esa forma tan posesiva! 

Seré un eterno testigo de tus acciones. Interminable mientras quede un heredero manchado que merezca castigo.

Publicado en Relatos