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Hannah C. es una residente del norte de Yorkshire, Inglaterra, que se reunió con unos amigos para tomar el té de la tarde en Bennet’s, un café bistró situado en la calle High Petergate, en el corazón de la ciudad. Según Hannah, su experiencia en el lugar resultó ser tan desagradable que no se lo pensó dos veces antes de escribir una severa crítica a través de TripAdvisor, el conocido sitio de internet en el que cualquier usuario de servicios turísticos puede comentar su experiencia sobre las instalaciones, los productos y, sobre todo, sobre la atención de cualquier tipo de empresa hostelera del mundo.

Al parecer, la joven explica que se sintió “estafada” porque le cobraron 2 libras esterlinas por un poco de agua caliente y una rodaja de limón. También creyó oportuno incluir en su crítica “el trato desagradable” que recibió por parte del camarero que le prestó servicio, después exigir una explicación por el elevado precio de lo que había pedido. Esta fue su crítica en TripAdvisor:

“Cuando le pregunté por qué me estaban cobrando tanto por un poco de agua, el camarero contestó rudamente: ‘Bueno, ¿sabes cuánto cuesta un limón?’. Sí, definitivamente no cuesta 2 libras. A continuación, pasó a informarme erróneamente que una taza de té -que es por lo que me cobraron- tiene el mismo precio que un limón. Para mostrar lo ridículo que es esto, mi amigo pidió un trozo de pastel de chocolate que le costó 1,90 libras.”

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Tras narrar la experiencia, expuso su demoledora conclusión:

“Espantoso lugar que sin duda alguna no recomiendo, y el camarero grosero que me atendió debería ser despedido. No pienso volver, y además diré a mis amigos y familiares que no vayan”.

Pero esta clienta insatisfecha, en vez de recibir las disculpas por el trato recibido, se encontró con una respuesta del gerente de Bennett’s a modo de lección, explicándole por qué no debería sentirse estafada. Un argumento muy perspicaz que no tardaría en llegar a las páginas de los medios de comunicación.

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“Lamento que te fueras sintiéndote “estafada” y por eso voy a tratar de explicarte por qué no lo fuiste”.

Después, le explicó detalladamente todo lo que supone la preparación de alimentos y bebidas de un restaurante tan bullicioso como Bennett’s, incluyendo el tiempo empleado por el camarero en atenderla:

“Tuvo que seleccionar un cuchillo, sacar una tabla de cortar y tomar un limón de la nevera, del que cortó una rodaja para ponerlo en la taza. Luego volvió al comedor, sacó el agua caliente necesaria y llevó la taza a la mesa.

Antes de que te fueras imprimió la factura y te la llevó; procesó tu pago con tarjeta de crédito y lo cobró en la caja. Después de irte recogió tu taza, el plato y la cuchara y los llevó a la cocina, donde seguidamente tuvo que fregarlos y secarlos junto a la tabla de cortar y el cuchillo que había empleado para cortar el limón. Después guardó el limón sobrante en la nevera y volvió al comedor para dejar la taza, el plato y la cuchara en su sitio. Acto seguido limpió tu mesa y la preparó para el próximo cliente. Esto supone unos 2-3 minutos de trabajo para un camarero.”

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No quedándose ahí, el gerente prosiguió con su argumentación haciendo una estimación de todos los costos que supone al restaurante el tipo de servicio que se le había prestado a Hannah:

“El costo de los gastos generales de la empresa, es decir, el alquiler, las tasas del negocio, los costos de electricidad, gastos bancarios, etc., alcanza un total de 27,50 libras de gastos fijos a la hora. Yo pago a mis colegas un salario digno y decente, después de tener en cuenta la paga de vacaciones, la seguridad social y el tiempo no productivo antes de la apertura y después del cierre. El camarero que te sirvió me cuesta 12,50 libras a la hora.

Por lo tanto, en conjunto, el costo asciende a 40 libras por hora o, lo que es lo mismo, 67 peniques por minuto. Esto significa que los 2-3 minutos de tu servicio costaron entre 1,34 y 2 libras. Entonces añade el IVA del 20% que tiene el costo de esa taza de infusión de fruta y queda en 1,60 o 2,40 libras, independientemente de si has tomado una bolsita de té que cuesta un penique y medio o una rodaja de limón que cuesta cinco peniques.”

Y para concluir:

“Acepto que el precio de una taza de té en un café del centro de la ciudad pueda resultar caro en comparación con el que te haces en casa, pero desgraciadamente esa es la cruel realidad de la vida. En realidad el servicio vale dinero, mucho más que los ingredientes.

Tal vez, la mala educación que se percibe en mí haya sido provocada por la falta de respeto que yo percibí de usted, al dar por hecho que podría utilizar nuestras instalaciones y ser atendida de forma gratuita.

¿Qué os ha parecido la respuesta?

¿Estáis de acuerdo con la argumentación del gerente del restaurante o, por el contrario, apoyáis  la crítica de la clienta? Háznoslo saber en tus comentarios.

Vía: metro.co.uk, traducción y adaptación elaborada por La Voz del Muro.

Publicado en Cultura y ocio