Rick Hoyt sufrió al nacer una estrangulación con su propio cordón umbilical, lo que le produjo daños irreparables en el cerebro. Los médicos le dijeron a su padre, Dick Hoyt, que el chico quedaría en estado vegetativo toda la vida. Sin embargo, conforme pasó el tiempo, Dick se dio cuenta de que el chico los seguía con la mirada cuando estaban con él. Cuando cumplió 11 años, sus padres lo llevaron al laboratorio de ingeniería de una universidad para preguntar si había algún medio de comunicarse con su hijo pero les dijeron que su cerebro estaba muerto. Sin embargo, Dick les pidió que le contaran un chiste, tras lo cual el chico (Rick) sonrió. A partir y gracias a la perseverancia de su padre, Rick finalmente fue capaz de comunicarse usando un ordenador.

A los pocos años, un compañero de clase quedó paralizado por un accidente de coche. La escuela entonces organizó una carrera de caridad para conseguir fondos. Rick quiso participar, y su padre, que nunca había corrido, lo intentó. Ese día, la vida del chico cambió. Rick escribió en su pequeño ordenador:

“Papá, cuando corrimos la maratón sentí que ya no era discapacitado, era como si estuviera corriendo yo de verdad”

Publicado en Miscelánea

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