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Hoy compartiré con vosotros una trágica historia acontecida en Borneo, en el sudeste asiático, que muestra hasta dónde es capaz de llegar la crueldad del ser humano hacia los animales; una noticia que, particularmente, nos ha roto el corazón. He de confesar que detesto tener que dar malas noticias, pero a veces es la única forma de tomar consciencia para, al menos, denunciarlos socialmente.

En los alrededores de Peniraman, una pequeña aldea de Borneo, los bosques fueron masacrados para construir plantaciones de aceite de palma. Esto provocó que los orangutanes de la zona perdiesen su hábitat natural.

Tras unos deslizamientos de tierra, los simios se vieron obligados a emigrar. Este fue el momento en el que una madre orangután, con su bebé aferrado a ella, llegó a Peniraman. Estaba débil, hambrienta y probablemente herida; desesperada por encontrar refugio y comida. En lugar de ofrecerles su ayuda, los lugareños empezaron a lanzarles piedras y a golpearles con palos, pese a que la actitud del animal no denotaba ni un ápice de violencia, según International Animal Rescue (IAR).

Cuando se derrumbó, la ataron y le quitaron a su bebé. Fue entonces cuando reunió las fuerzas suficientes para luchar por su cría, pero los aldeanos la llevaron hasta un charco de agua donde intentaron ahogarla. Por último, la metieron en una jaula, en un estado completamente deplorable.

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Medio moribunda, el animal ya no representaba ningún peligro para los aldeanos, por lo que le devolvieron a su cría y terminó siendo un objeto de diversión para esta población de cobardes sin principios ni moral. Con las pocas fuerzas que le quedaban, la madre orangután se aferraba a su cría, quien intentaba liberar a su madre de las ataduras masticando las cuerdas.

En ese momento llegó un veterinario de IAR, quien se encargó de rescatarlas de la multitud y de brindarles atención médica. Desgraciadamente, el estado del animal era tan grave que a las pocas horas murió, incapaz de recuperarse de las heridas provocadas y el agua en los pulmones.

Mientras que la crueldad en este caso es bastante extrema, la muerte no es un destino inusual para los orangutanes afectados por la producción del aceite de palma. Estos hermosos animales ya han perdido el 80% de su hábitat debido a la deforestación. Y un dato más escalofriante todavía, es que en el pasado decenio la población de orangutanes se ha reducido al 50%.

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Por si fuera poco, a veces las madres orangutanes son asesinadas para despojarlas de sus bebés, los cuales serán vendidos como mascotas exóticas. Vamos, lo que le habría pasado a la cría de nuestra historia, si no hubiese sido por la aparición de este veterinario de IAR.

Sin embargo, la pequeña fue trasladada al centro de rescate de IAR, donde le pusieron el nombre de Peni. Allí pasó 4 años aprendiendo cómo ser un orangután adulto. El otoño pasado, fue liberada en el bosque para vivir, con suerte, la vida que su madre nunca llegó a vivir.

Si queréis contribuir con la causa de rescate de orangutanes como Peni, podéis hacer una donación a través de la página web de IAR.

Fuente: internationalanimalrescue, thethodo

Publicado en Animales