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Hay historias que todavía nos siguen sorprendiendo y enriqueciéndonos como personas, y mucho más si te sientes identificado con ellas. Lo cierto es que todos aquellos que tenemos o hemos tenido perros, sabemos que con ellos existe un vínculo único y especial, irremplazable por nada en absoluto. A veces, cuando estos compañeros se marchan, no podemos evitar sentir que se nos ha ido nuestro mejor amigo.

Por ello, esta pareja decidió darle a Dukes, su American Staffordshire Terrier de 11 años, la oportunidad de conocer el mar antes de morir por un cáncer de piel bastante avanzado. Junto a sus otros dos perros, emprendieron un viaje hasta Assateague, Maryland, donde pasarían dos días maravillosos en la playa, y que nos gustaría compartir con todos vosotros:

El viaje hasta Assateague fue de tres horas, en el que se sintieron atacados por el calor abrasador del sol. Sin embargo, cuando llegaron a la playa las nubes se les echaron encima y comenzó a lloviznar. A ellos no les importó, puesto que les encanta la lluvia

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Ruby fue la primera en aventurarse en el agua, aunque se asustó un poco cuando las olas se acercaban a ella

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Como no estaban seguros de si encontrarían algún sitio donde poder comer con sus perros, prepararon su su comida. En la imagen podemos ver a Christian, compartiendo su bocadillo con Dukes

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Aunque el solo volvió a salir después de que se fuesen, no estaba completamente despejado, por lo que pudieron disfrutar de uno de los mejores atardeceres más mágicos desde la terraza del hotel

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¡Hora del paseo!

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Bajaron a dar bonito paseo nocturno por la playa

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Volvieron justo a tiempo para ver algo divertido en la televisión

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Ruby… siempre la primera en quedarse dormida

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Violeta… siempre la primera en despertarse

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Bajaron de nuevo a la playa para disfrutar del sol y las olas. Nuestra protagonista nos enseña la pulsera que simboliza a Ruby y a Dukes, sus dos Pit Bull. “Lástima que no pudimos encontrar una con tres cabezas. Pobre Violeta”

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Dukes murió un mes después del viaje. Llevaba más de dos años luchando contra un mastocitoma que hizo que se fuera apagando poco a poco

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“Dukes era mi mejor amigo. También fue mi musa, cómo su pasión por la vida me sirvió como fuente constante de inspiración. Nunca me cansé de sacarle fotos. Desde su muerte, me han dicho en numerosas ocasiones “qué suerte que Dukes te tenía”. En realidad, era yo la que tuve la suerte de tenerle. Él era el más inteligente, el más divertido, el más leal, increíblemente fuerte, pero a la vez sensible. Cambió mi vida y lo extrañaré siempre.

Fuente: thedodo

Publicado en Animales