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Todo parece tradicional: persianas verdes de madera, cortinas de encaje o las típicas vigas de los chalets suizos. Posee todos los ingredientes para ser una pintoresca villa en mitad del bosque pero, los cristales extrañamente no reflejan la luz del sol y, si nos aproximamos a la casa, esta se ve increíblemente estrecha. Y todo ello porque no estamos ante el típico chalet suizo, sino ante un búnker militar camuflado.

Si hay alguien que entiende sobre este tema es el fotógrafo Christian Schwager, quien hizo un reportaje fotográfico fantástico titulado ‘Chalets Falsos’. Muchas de las fotos que aquí se incluyen pertenecen a este proyecto, las cuales sacaron a la luz toda clase de búnkeres secretos militares suizos. De hecho, hasta que el libro fotográfico de Schwager no vio la luz en 2004, los residentes de la zona no tenían ni idea de que allí se hubieran llevado a cabo alguna vez acciones militares.

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Christian estima que hay por lo menos 250 búnkers ocultos, disfrazados tras las fachadas de casas aparentemente normales, que han conseguido pasar desapercibidos durante años, incluso los que están enclavados en alguna de las calles principales de una ciudad. Ha visitado y fotografiado más de un centenar de ellos, sobre todo los que datan a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando el reconocimiento aéreo y el espionaje estaban a la orden del día y el gobierno comenzó a construir búnkeres de hormigón mucho más sutiles.

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Aunque no lo creáis, estos emplazamientos eran muy útiles para mantener la imagen de ensueño de Suiza de cara al turismo. De hecho, escenógrafos y artistas fueron contratados para “disfrazar” estos búnkeres e incluirlos dentro de la estética del lugar. Estaban obligados a garantizar que los “chalets” serían capaces de engañar al ojo humano a una distancia mínima de 20 metros. Debían imitar perfectamente las contraventanas, las vetas de la madera y el reflejo del sol.

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Estos chalets de colores pastel, conocidos como la Villa Rosa y la Villa Verde, fueron construidos cerca de Ginebra como parte de la línea de defensa suiza durante la Segunda Guerra Mundial, conocida popularmente como “Línea Toblerone”, debido a que los bloques de hormigón que se instalaron guardaban cierto parecido con la famosa chocolatina. Se construyeron doce fortalezas militares a lo largo de esa línea, pero estas dos fueron camufladas para parecer la casa de Heidi, en vez de un arsenal de armamento.

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Los más de dos metros de grosor de muros de estas casas fueron magistralmente disfrazados como si verdaderamente fueran chalets bien cuidados y que dan un aspecto pintoresco al entorno. Totalmente militarizados y fortificados, las villas fueron equipadas con aseos que tenían agujeros en las paredes para lanzar granadas.

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A raíz de la publicación del libro de Schwager, la Villa Rosa fue restaurada y abierta al público en 2006, como parte de la celebración de las Jornadas Europeas del Patrimonio.

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Después de ser conocidos públicamente, muchos de estos búnkeres fueron abandonados por el ejército, deteriorándose considerablemente, por lo que muchos tuvieron que ser demolidos. Sin embargo, Schwager ve estos falsos chalets como obras de arte que deben ser guardadas y preservadas.

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En Internet todavía se pueden encontrar muchas fotos de búnkeres abandonados, como este de la Segunda Guerra Mundial en Valais, Suiza, el cual parece estar abierto al público.

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Leo Fabrizio también hizo una serie de fotografías que ilustran esta arquitectura engañosa, que fueron tomadas entre 1999 y el año 2006.

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Desde chalets de imitación a cuevas infestadas de murciélagos, existen búnkeres camuflados mucho más extraños. A continuación os mostramos cómo los suizos llegaron a ser auténticos maestros del camuflaje:

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Fuente: messynessychic

Publicado en Insólito