Por un lado todos hemos tenido algún profesor que nos ha marcado positivamente de alguna manera. Un docente que por su personalidad o por su forma de enseñar ocupa un lugar mejor en nuestro recuerdo que el resto. Por otro, los profesores de hoy en día buscan una receta que les permita que sus alumnos les respeten y disfruten con sus clases, una tarea muy complicada.

Los ingredientes de la receta mencionada (respeto, atención y entretenimiento) dependen de las exigencias del tipo de profesor y llegar a conseguirlas no es algo que se estudie en ninguna carrera, pues es la parte práctica y en esta influye la magia de la personalidad del docente y su público: los alumnos. Un método para conseguirlo es convertir cada clase en un espectáculo, y de esto sabe mucho el señor Wright.

Original: The New York Times

Publicado en Miscelánea