Todo el mundo tiene algún amigo presumido, de esos que disfrutan contándole al mundo los grandiosos que son.

Independientemente de si lo que dicen es cierto o no, nunca pierden una oportunidad para alardear sobre los círculos y compañías que frecuentan.

Pero cuidado con callarles la boca, o puede que te lleves una sorpresa tan grande como la de esta simpática historia de humor.

Juan, el comercial presumido.

jefe y comercial

Juan era un buen comercial de exportaciones en una mediana empresa. Viajaba mucho y siempre volvía presumiendo de conocer a mucha gente importante. En la oficina era famoso por sus extrañas historias en las que salía de fiesta con presidentes y mandatarios.

Un día Juan se jactó delante de su jefe y el resto de empleados.

– Sabe jefe, yo conozco a todo el que hay que conocer. Puede nombrar a cualquiera y es seguro que lo conoceré.

Siempre había pasado por alto todas esas historietas, pero delante de la plantilla, su jefe se sintió incomodo y decidió seguirle la corriente para desenmascararlo.

– ¿De veras Juan? – dijo el jefe – ¿A cualquiera dices? ¿Qué hay de Tom Cruise?

– Sin problemas jefe, Tom y yo somos grande amigos desde la infancia y puedo demostrárselo.

– ¿Si? Me encantaría conocerlo. – dijo él dispuesto a todo – Volemos en el jet de la empresa y, si es cierto que lo conoces, no dudarás en presentármelo.

avion

Volaron hasta Hollywood, mientras el comercial continuaba con sus historias de famosos. Una vez allí, fueron en taxi hasta una gran mansión.

Mientras el jefe pensaba sobre lo lejos que su empleado estaba dispuesto a llegar con tal de no asumir sus mentiras, alguien descolgó el portero.

– Tom, soy Juan, ¡sal de ahí, vamos a tomar una cerveza! – De repente Tom Cruise sale de casa y entusiasmado por la visita, recibe a Juan con abrazos de alegría.

Tras una divertida tarde con el famoso actor, Juan y su jefe regresan al aeropuerto. Pensativo y asqueado, el jefe de Juan le pregunta.

– Vaya Juan, al final va a ser cierto que conoces a gente importante, pero por casualidad, no conocerás también Obama.

– ¡Sin problemas jefe! Obama y yo somos viejos amigos y es un tipo tremendamente divertido. Es más, si lo desea podemos volar en jet y llegar a Washington para la hora de cenar.

casa blanca

Dos horas más tarde, llaman al teléfono de la Casa Blanca. Expectante, el jefe espera que sean detenidos, sin embargo dos escoltas los llevan amablemente hasta el despacho oval, en el que el presidente Obama los recibe.

– Juan, ¡Cuánto tiempo! ¡Qué alegría verte! Pasa, preséntame a tu amigo y tomemos algo juntos. Tienes que ponerme al día de todo.

Tras una agradable velada, Juan y su jefe salen de los terrenos de la Casa Blanca. Alucinado, el jefe se pregunta cómo es posible que ese mequetrefe conozca a semejante personalidad.

– Juan, si no lo veo no lo creo. Es verdad que conoces a Obama, pero no puedes presumir de conocer a la gente importante, sino me demuestras que conoces al Papa Francisco.

– Jefe, por favor, me ofende. Francisco y yo comemos habitualmente. Y aunque está muy ocupado, seguro que nos recibe.

vaticano
De nuevo, los dos hombres emprenden un viaje nocturno hasta Ciudad del Vaticano. A la mañana siguiente y debidamente aseados, los comerciales bajan hasta al plaza de San Pedro.

Congregados allí miles de fieles, el Papa saluda desde el balcón a la multitud. Juan y su jefe se acercan, mientras el comercial presumido salta y grita hasta casi quedar afónico.

Exhausto dice – “Esto no va a funcionar, es imposible que nos vea entre tanta gente. Haremos una cosa, la seguridad aquí es muy alta y no te dejarían pasar, pero a mi los guardias me conocen, así que voy a ir hasta el balcón a pedir que te reciban.

guardias
Divertido, el jefe, piensa que su empleado por fin ha enloquecido. Y acepta gustoso a esperar mientras Juan se pierde entre la multitud.

Media hora después y para sorpresa del jefe, ve como Juan asoma por el balcón y besa la mano del Papa. Acto seguido susurra algo en su oído y reemprende la vuelta en busca de su jefe. Sin embargo, cuando llega por él, lo encuentra en el suelo.

Ha sufrido un infarto al corazón y se encuentra siendo atendido por los servicios de urgencias.

– Jefe, ¿qué le ha pasado?

– Es que esto ha sido el colmo Juan, y no he podido aguantarlo. Cuando saliste al balcón el hombre que estaba a mi lado me preguntó: ¿Quién carajo es ese de blanco que está con Juan en el balcón?

risas de famosos

Fuente: wimp.com

Publicado en Miscelánea