La vida de Marina Chapaman es tan extrema y sorprendente que resulta difícil de creer. Sin embargo, y como pudimos comprobar en “9 casos reales de niños criados por animales y la espectacular historia del niño salvaje español” su historia no es única, sino que parece repetirse.

Secuestrada cuando era solo una niña y abandonada en la selva colombiana, Marina sobrevivió gracias a la ayuda y amistad de un grupo de primates, hasta que fue encontrada.

Ahora sus memorias se han hecho públicas gracias al trabajo su hija Vanessa y el escritor Lynne Barrett-Lee, quienes se adentraron en la niebla de su pasado para reconstruir esta increíble historia.

El día que todo cambió

Poco antes de su quinto cumpleaños, Marina jugaba en el huerto de su familia en algún lugar entre Colombia y Venezuela. No está segura de sus orígenes pues siendo tan niña no recuerda esos detalles.

Lo que si recuerda es el gesto amenazante de los dos adultos que, colándose en la propiedad, la sorprendieron. Comenzó a chillar cuando estos individuos la agarraron pero no recuerda más ya que perdió el conocimiento.

Marina Chapman

Marina Chapman

Lo siguiente que recuerda es que fue transportada hasta el interior de la selva Colombiana donde fue vendida y más tarde abandonada.

Tras horas llorando sola en mitad de la selva se hizo evidente que nadie acudiría a rescatarla, por lo que la pequeña decidió caminar en busca de ayuda. ¿Sus salvadores? Un pequeño grupo de monos.

Mono mira, mono hace

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Marina explica que quedó encandilada por sus travesuras y que, aunque no parecían tener ningún interés en el ser humano, ella no quiso separarse de su compañía siguiéndolos a todas partes.

No pasó mucho tiempo hasta que todo cambio entre ella y el grupo. Ocurrió cuando cayó enferma por una intoxicación alimentaria. Muerta de hambre había comido frutos de tamarindo y se sentía muy enferma. Un mono viejo se acercó hasta ella y la guió a una charca de agua, de la que bebió hasta vomitar. Tras varias purgas, la niña se recuperó.

Desde ese momento fue bien recibida por el grupo de monos y ella se afanó por estudiar sus hábitos y costumbres. Empezó a trepar a los arboles, a comer de lo que ellos comían y a asearse según sus costumbres. La imitación se convirtió en su herramienta para la supervivencia.

Pronto aprendió que seguir a los monos cargados de fruta. De esta manera, tenía su recompensa solo si conseguía ser lo suficientemente rápida para atrapar lo que se caía por el camino.

Los años pasaron y sus habilidades crecieron, pero su pasado no hacía más que desvanecerse en un recuerdo lejano. Su nueva familia le permitía sobrevivir y reconoce que sin ellos no lo hubiera conseguido.

“Es cierto que al principio solo me estaban tolerando. En realidad no te aman, solo te permiten estar allí porque no te consideran una amenaza. Un día, uno de los monos jóvenes aterrizó en mis hombros y me abrazó, para alguien que no recordaba los abrazos fue muy importante. Otros monos escalaron por mi cuerpo mas tarde y algunos pusieron sus manos en mi cara, otra expresión de cariño y todo un detalle”.

Los medios de comunicación no quisieron matizar desde el primer momento que Marina había sido criada por monos ya que, con cinco años de edad ella, era un ser autosufiente en ciertos aspectos. No era un bebé y sabía caminar y comer por si misma, por lo que los monos más que criarla la aceptaron en su grupo.

La vida en la selva

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La vida en la selva giraba en torno a la comida. Qué comer, dónde y cómo conseguirlo. El resto del tiempo se limitaba a pasarlo en compañía de los monos, cuya vida se basa en recolectar y asearse en grupo.

“Es una experiencia extraña y algo grimosa cuando te pasan la mano por la cabeza y comen cosas que había en tu cabello. Cuando apartas ese pensamiento de tu mente es más parecido a un masaje, pues lo hacen suavemente”.

Aunque se había aclimatado a la vida en la selva, Marina añoraba la civilización y el contacto humano. Un día encontró a unos cazadores armados con machetes y armas de fuego, pero asustada se escondió de ellos como el resto de animales.

Recreación - Fotografía de Julia Fullerton-Batten

Recreación – Fotografía de Julia Fullerton-Batten

Sin embargo un día superó su miedo y se acercó a ellos. Desnuda y caminando a cuatro patas, Marina lloró delante de ellos como suplicando que la ayudarán.

La recogieron y llevaron de vuelta a la civilización, pero lo que ocurrió a continuación estaba lejos de la salvación.

No hay ningún lugar al que puedas llamar casa

Marina no regresó a la civilización como Mogly riendo tras la joven del agua en la cabeza. No, su historia no fue agradable.

La niña fue vendida a un burdel, donde fue golpeada y obligada a trabajar en tareas de limpieza. Ella niega que la obligaran a prostituirse pero no da más detalles. Sí menciona que fue muy duro y que un día reunió el valor suficiente para escapar del lugar.

Comenzó a vivir en la calles de Cúcuta, dónde se unió a otros niños sin hogar. Durante estos años aprendió a sobrevivir a través de la mendicidad, el pillaje y el robo. Recuerda que uno de los trucos para robar que usaban los huérfanos era seguir a las mujeres con faldas para bajarles la ropa interior y huir con las bolsas de la compra cuando ellas trataban de recomponerse.

Consiguió un trabajo como servicio doméstico y de limpieza a cambio de comida y alojamiento en una casa, y así abandonó la vida en la calle. La familia la llamaba con el nombre de Rosalba. En principio el cambio parecía positivo, pero los miembros de la familia eran criminales notorios y comenzaron a tratarla de forma horrible.

Maruja, el ángel de la guarda

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Una vecina cercana observó el maltrato al que Marina era sometida y decidió rescatarla enviándola a vivir con uno de sus hijos muy lejos de allí, en Bogotá. Se llamaba Maruja y también le entregó el primer regalo de su vida. Si hubo otro antes de su rapto no lo recuerda.

Era una caja atada con una cinta de color amarillo que contenía un vestido azul, una pinza para el pelo, ropa interior y unos zapatos blancos brillantes. Marina dice que aquel vestido era la cosa más bonita que había visto nunca.

La niña fue adoptada por la familia de María, la hija de Maruja, quién le dio la oportunidad de elegir su propio nombre y le enseñó modales, educación y una profesión en el mundo del textil.

Aprovechando que la familia de María había hecho fortuna en el mundo textil, Marina fue posteriormente enviada a Inglaterra, donde construyó una vida nueva en la ciudad de Bradford.

Hoy es madre y abuela, pero reconoce que la transición a la vida civilizada no fue nada fácil.

“Cuando salí de  la selva, tuve que aprender a sentarme en una silla, cómo abrir las puertas o a asearme, muchas cosas que no había hecho hasta entonces. Todavía soy algo mala respecto a la educación social y miro a la gente cuando comen y las imito.

Cuando fui adoptada me avergonzaba de haber crecido en un burdel y de haber tenido que robar. Casi nunca lo mencionaba. Tenía miedo de que la gente con la que vivía tratara de cambiarme o me repudiara por vergüenza”.

Pero a medida que pasaron los años fue abrazando a la vida que le había sido arrebatada. Ahora entiende que su periplo vital la ha convertido en la mujer que es hoy.

La vida que no fue

Marina y su familia hoy

Marina y su familia hoy

Su única espina es no saber más respecto su vida y familia biológica. Era tan pequeña cuando fue raptada que no consigue recordar nada de su vida anterior.

Esta laguna precisamente es la que muchos periodistas desean resolver para poder dar veracidad a su historia, pues sin estos detalles la vida con los monos puede ser simplemente un recuerdo imaginario destinado a proteger la mente de la niña de su rapto, venta y abandono.

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Sin embargo, ella insiste en su vida en la selva y recuerda que no obtiene beneficio económico de su historia pues todo el dinero de la venta de su biografía son donados a organizaciones benéficas para niños abandonados.

Si deseas leer su historia completa y conocer más detalles acerca de tan insólita experiencia ,puedes hacerlo en su libro La chica sin nombre.

Fuente: collective-evolution.commorgenpost.de

Publicado en Insólito