Ese “maravilloso ” momento en el que te cuesta horrores despertarte y, zombie perdido, acudes directamente a la cafetera para servirte tu dosis de cafeína, cuando descubres que no hay café hecho. Haciendo un esfuerzo por guardar la compostura, abres el armario de la cocina y buscas los filtros de la cafetera. Después de haber echado el agua en la máquina, metes el filtro en el depósito de café y, como siempre, no encaja. Al final terminas por echar el café molido y cerrar la tapa, pues lo único que ansías en ese momento es una taza bien caliente.

Aunque actualmente muchas cafeteras tienen filtros reutilizables, todavía hay mucha gente que sigue utilizando los famosos filtros de papel. Si ese es vuestro caso, ¿os habéis preguntado alguna vez por qué nunca encajan en el hueco donde se supone que tendrían que quedar completamente ajustados? Bien, si todavía no habéis descubierto cómo ponerlos en su sitio, hoy cambiaremos eso:

¿Os resulta familiar esta situación?

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Si miramos más de cerca los filtros, veremos que dos de los bordes tienen una textura rallada

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Al parecer, esto es por algo, no por una simple cuestión de diseño. Si miráis las instrucciones de la caja -algo que no solemos hacer nunca- encontraréis la solución al enigma

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La solución a una de esas cosas que nos ha estado sacando de quicio durante tanto tiempo ha estado siempre frente a nuestras narices. Se supone que lo que hay que hacer es doblar los bordes rayados del filtro para que este se ajuste como es debido

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Según las instrucciones de la caja, las cuales hemos terminado leyendo detalladamente, estos bordes refuerzan el filtro para que no se rompa cuando estamos haciendo café. Plegar los lados hace que el filtro sea más duradero y que encaje como es debido

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Después de haberos desvelado esta incógnita, preparáos para disfrutar de uno de los momentos más satisfactorios de toda vuestra vida mientras os hacéis un café.

Vía: Huffington Post

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