Hace un par de semanas se puso en contacto con el equipo de redacción de La Voz del Muro una joven colombiana con una inspiradora historia que contar, acontecida en el seno de su familia, y de la que hoy nos hacemos eco.

María, nuestra confidente, cuenta que tenía 11 años cuando su madre le dijo que tendría un nuevo hermanito. “¿Otro bebé? ¡Ya somos 5! Estamos tan cortos de dinero…” Al parecer, Juan, que así se llama el benjamín de la familia, fue el más consentido y mimado de la casa, pero al que todos adoraban.

“Nació y lo criamos entre todos como al bebé de la casa. Fue siempre el más consentido, el que nos hacía los mandados, el que me acompañó durante mis dolores de parto cuando nació mi hijo. Él fue quien disfrutó de lo mejor de la casa. Actualmente tiene 34 años y todavía es nuestro bebé. Noble de corazón, juicioso, sin vicios, trabajador y responsable”.

Con este inmenso cariño describe María, quien reside en EE. UU. desde 1998, a su hermano Juan, hecho que no nos extraña tras conocer lo que recientemente acaba de hacer por otra de sus hermanas, Olga.

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Olga padeció preeclampsia durante su último embarazo y 5 años después, en 2008,  le fue diagnosticada una insuficiencia renal tras detectar que sus riñones solo estaban cumpliendo su función en un 70%. Fue entonces cuando María empezó a hacer todas las diligencias pertinentes para que su hermana e hijos pudieran irse a vivir a EE. UU. también, a fin de contar con asistencia médica de mejor calidad.

Según bebesymas, “si no se detecta a tiempo, la preeclampsia puede dañar gravemente el hígado, riñones y sistema de coagulación de la sangre maternos, poniendo en peligro la vida de ambos”. Aunque Olga y su bebé salieron airosos de aquel percance, tiempo después los riñones de Olga comenzaron a fallar.

En 2011, Olga y sus hijos llegaron a EE. UU., donde se pusieron en manos de un especialista. Al parecer, más tarde se supo que padecía la enfermedad de Berger, un trastorno renal que se da cuando la proteína IgA se acumula masivamente en los riñones, dañándolos progresivamente.

Así pues, en 2015, los riñones de Olga solo cumplían su función en un 20%, por lo que la situación se tornó de delicada a alarmante. Su doctora le comunicó que era hora de buscar a un donante. María no se lo pensó dos veces antes de telefonear a su hermano Juan:

“Agarré el teléfono y le dije: ‘manito, necesitamos un riñón’. Él solo respondió: ‘¿qué tengo que hacer?’ Necesitabamos una persona sana, y la probabilidad de que fuera compatible era mayor tratándose de un hermano”.

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Inmediatamente emprendieron los trámites con inmigración, solicitando una visa humanitaria. El proceso se demoró 4 meses, pero al fin, el pasado 27 de septiembre, la familia reunida se personó en el hospital a las 5:30 de la madrugada, con la intención de salvar la vida de Olga.

El primero en entrar al quirófano fue Juan, pues el cirujano debía tener listo el riñón para cuando Olga entrara, 45 minutos después. Cuatro horas de espera más tarde, el cirujano salió para decirles que todo había salido a pedir de boca y que ambos estaban perfectamente.

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Así pues, Juan se había convertido en un héroe de los de verdad, de los que movidos por el amor actúan desinteresadamente, aunque ninguna palabra le describe mejor que las de su hermana María, quien, además de Olga, se sienten muy orgullosas de tener un hermano tan excepcional:

Él todo lo hace perfecto. Mi hermanito nació con el propósito de enseñarnos lo que significa el amor desmedido y desinteresado. Gracias bebé por todo tu amor.

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Artículo por La Voz del Muro.

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