Por Escandón Francisco.

Eran las 4, de la noche o del día, eso no importaba. Las cosas en la habitación eran estáticas y no parecían llenarse de polvo, del de las estrellas o de las luces invisibles del universo. Pero un baile continuaba. Una bailarina brincaba y giraba. Su mirada sugestionada de pasión y sus lágrimas que recorrían su cuerpo, sus pechos, su abdomen, y sus piernas, pretendían encender las coloridas paredes que se encontraban mirando como su bello cuerpo recorría los milímetros de la habitación.

Fácilmente, conseguía cerrar los ojos y no tropezar, pero la habitación estaba cerrada, las ventanas tenía nula vista hacia ver los pasos exactos de una bailarina solitaria, al ritmo de una briza sólo perceptible para ella, era una corriente de mar y de aire que superaba el oído increíble de una bailarina comprometida a tener piernas que fueran fugaces al ritmo de las olas. Parecía moverse con el viento, ella era viento que sopla la música de su cuerpo, cada vez con un llanto de felicidad.

Sus labios comprendían la necesidad permanente de sonreír con la mirada de uno o de otro, el espejo manchado de sangre era un espectador, la intimidante mirada de un espejo que critica sin palabras, que corrige sin instrucciones, que castiga sin tirar un golpe. Los labios de ella combinaban de posición constantemente, tratan de demostrar sentimiento, sentimiento de baile, sentimiento de esfuerzo; un sentimiento que permite llorar a los hombres que no lloran.

Pulverizada las plantas de los pies y el suelo de madera. Marcas de sangre en el suelo, como un asesinato se veía las sombras de cada objeto. Las manos estirando una punta de flor, una hoja que es delicada para tocar, junto con unos brazos que afinan los sentidos para alcanzar las estrellas magnificas de los ojos de un espejo. Fortalece la espalda con los giros en el aire, y las caídas permiten sentir un abrazo en cada brazo, abrazo que se difunde por su cuello y le hace levantarse para corregir los brazos y la postura de la espalda.

No fuma cigarrillo, la habitación tiene humo de agua, del agua que se eleva de ella. Figuras que se forman en el techo. Las figuras son de interés para ella, imaginar que toca las luciérnagas, o las focas o los peces del lago infinito del espacio. Congela los sentidos de los espectadores. De las estrellas que imagina a su alrededor, ella es bailarina del espacio. El espacio es el escenario que permite volar a cada alma y a cada cuerpo en las sensaciones y en las emociones eficientes de un acto de maravilla de amor. Y la lágrima continúa recorriendo un camino largo de piernas sin nada que las cubra.

La grabación que no existe permite ver los centímetros de un cuerpo ocupando un espacio, cambiando a cada cambio de temperatura. La grabación que sólo ella permite en sus ojos encontraba la imperfección de lo perfecto del danzar. Fallaba un milímetro en su dedo, la simetría de su cuerpo se deforma cuando ese dedo realiza un mínimo movimiento en un brinco. Continúo brincando y golpeaba sus piernas al suelo, con sangre en manos y piernas la práctica continuaba. No era tortura la fatiga por un acto que realiza por amor, es hacer el amor expresando todo sentimiento en un cuerpo humano.

Cada gota que golpeaba las paredes y el suelo de una habitación que tenía colores claros, el color rojo de la sangre se unía a la pasión en una habitación y se parecía a más colores conforme el tiempo pasaba, la sangre continuamente cayendo en un profundo espacio. Las nubes de una habitación que no llovía por la ignorancia de ser una parte de un mismo universo. Las estrellas que se manchaban de sangre y constantemente iluminaban los ojos de una bailarina que cierra su corazón y lo expande para que sea admirado. La ventana oscura que con un brinco se abría y se exponía a ser descubierta por los ojos de una bailarina.

Sólo hay dos ojos que veían un espectáculo. Sólo había dos brazos que sentían el cuerpo girar, sólo había dos piernas que se movían y sangraban pero siempre expresaban una pasión compartida. Pero sólo había un corazón siendo abierto explorado por el sudor. Pero sólo había una ventada expuesta y sólo había una flor que crecía conforme pasaba la sangre. Incluso sólo había sudor que besaba el universo de una bailarina. Y detrás de la puerta hay un secreto. El secreto es el éxito después de la práctica.

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