Seas o no cristiano y seas o no creyente, la historia de cómo Jesús murió crucificado en el Monte de los Olivos y resucitó al tercer día, es conocida por prácticamente todo el mundo.

Pues resulta que en una aldea al norte de Japón no lo creen así. Entre campos de arroz, granjas y huertos llenos de manzanas se encuentra el pueblo de Shinto, en la prefectura de Aomori. Esta pequeña localidad asegura que los restos de Jesús de Nazaret están enterrados aquí.

El pueblo tiene un pequeño montículo rodeado de una pequeña verja blanca. En lo alto de la elevación hay clavada una cruz cristiana. Las creencias populares dicen que este es el lugar donde fue enterrado Jesús de Nazaret.

Según su folclore Jesucristo no era quien fue crucificado en el Monte de los Olivos, si no su hermano Isukiri. Huyendo de este fatal destino Jesús atravesó Siberia llegando hasta Japón, donde se casó, tuvo hijos y se dedicó a la agricultura.

Aquí murió a la edad de 106 años, siendo ya un venerable anciano. Existe incluso una familia, los Sawaguchi, de la que dicen que son los descendientes de Jesús. Junichiro Sawaguchi, miembro de mayor edad del clan, es el primero en no creer nada de esto.

Toda la historia viene relatada en los llamados Documentos Takenouchi. Los manuscritos fueron encontrados en los años 30 por Kyomaro Takeuchi, un sacerdote sintoísta. Según estos documentos, entre los 12 y los 30 años -conocidos como “los años perdidos de Jesús”- el primogénito de la virgen Maria viajó hasta Japón. Allí aprendió el idioma y sus costumbres.

Los manuscritos originales se encuentran en paradero desconocido y lo único que quedan son las traducciones de estos al japonés y al inglés. La gran mayoría de expertos considera que los documentos o bien jamás existieron o símplemente son falsos.

Los defensores de la autenticidad de esta teoría se apoyan en ciertas similitudes lingüísticas entre palabras japonesas y hebreas. Aunque es un argumento que no se sostiene por ningún lado.

Algunas costumbres del pueblo son muy similares a las ejercidas por los hebréos en aquella época. Acostar a los bebés en canastos de mimbre o marcarles las frente con cruces, son hábitos que no tienen ningún significado en el budismo o el sintoísmo, las dos grandes religiones de Japón.

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Festival del 2 de junio / Japanbullet

Aparte de la tumba de Jesucristo, justo a su lado hay otra exactamente igual. En esta se supone que está enterrada la oreja de su hermano Isukiri. Todos los 2 de junio, se organiza un festival en el que varias mujeres ataviadas con un yukata danzan alrededor de las tumbas.

Muchos historiadores creen que lo que realmente hay en las tumbas son los restos de 2 misioneros que llegaron a Japón en el siglo XVI. Estos misioneros llegaron poco antes de que se produjera el llamado Sakoku o cierre de fronteras japonés. Este hecho mantuvo al país nipón aislado del resto del mundo durante más de 200 años.

Una historia sin duda curiosa la de este Jesús japonés, aunque ciertamente, poco probable.

Fuente: Ruta 33, artículo por La Voz del Muro

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