Era un joven que cantaba. No como cantan muchos, era un canto singular, apasionante al escuchar, y despertaba cada mañana cantando, su canción favorita por desventaja no tenía letra, se trataba del “Canon” en do, quizás era por lo nostálgico y lleno de esperanza que sonaba al reproducirse en piano. No lo sabía.

Se levantaba cada mañana de la semana puntual a las 7:00 am no importaba si era lunes o viernes, él a esa hora ya estaba poniéndose sus zapatillas para salir a ejercitarse. No era dedicado al deporte. Pero su trabajo de la noche requería resistencia, corría durante treinta minutos y luego frenaba para ejercitar las piernas y los brazos. A las 9:00 am ya habría terminado todos sus ejercicios, no era tan puntual en esto, hacía ejercicio dependiendo de su estado de ánimo, los días que se sentía feliz incluso superaba la hora, los otros días hacía incluso menos ejercicio.

Cuando regresaba a sus 20 m2 llamados “hogar temporal”, desde hace 6 años que llego a la ciudad, se disponía a tomar una guitarra vieja, rayada y con necesidad de barniz para subirse a varios buses y cantar, lo que más le gustaba. Era la mejor parte de todo su día, se subía en el transporte público que pasara, no le importaba, era como había conocido la ciudad. Llegado al mediodía se bajaba en una parada del bulevar Claudia Ismanía Herrero, y comía con Cesár, Lengua Floja y con Maritzo, todos cantantes de bus salvo el último que vendía cosméticos en los mismos. Eran sus supuestos amigos.

Los fines de semanas era diferente, en especial este sábado la cosa era diferente, nuestro joven amigo se disponía a pintar su rostro manos y hasta algunas ropas con pintura en aerosol, era una estatua viviente en la zona de bares de la ciudad y así hacía dinero casi tanto como un día de trabajo en los buses. Esta noche era el gran estreno de su nuevo traje de pirata, no le emocionaba, pero sabía que se vería genial. Lengua Floja le pintaba la piel cuando una mano tras la puerta produjo tres golpes. Rogelio era un joven que hace un tiempo también fue un cantante de bus, pero decidió tomar otro camino un poco más hostil, asaltaba a personas entre las calles R. Pastorelli y la S. Ung Li, 5 cuadras del centro de la capital que no eran muy buenas que se digan, era la misma zona donde un tan Don Cedros ponía sus prostitutas cada noche.

Rogelio aclamo ayuda, ellos le temían así que ayudaron por temor no por voluntad, Este personaje apuñalo a una señora de al menos 50 años quizás un poco antes del mediodía´, ella no quiso colaborar y el procedió, Pero una chica de pelo rubio corrió hacia él para intentar atraparlo, por fortuna –o infortunio- Rogelio fue más rápido, no recuerda mayores detalles de la chica salvo la cabellera y según él una mancha con la forma de Somalia en su cuello. Ellos le dejaron en el hogar temporal. Salieron y caminaron hasta la zona de bares, muchas esquinas ya estaban ocupadas por los otros artistas de la calle, encontraron una frente a un restaurante de comidas típicas y a la vuelta una funeraria. Como cada noche toda era normal hasta las 7:27 de la noche, Lengua Floja se quedó pasmado viendo en dirección de la funeraria y cuando el joven se dispuso a descansar su amigo hablo.

-Disimulalo, la chica que llora en aquella funeraria tiene la mancha en forma de Somalia en el cuello –Nuestro amigo la miro.

Hace mucho tiempo Beatriz, la hermana menor de nuestro amigo tuvo un accidente en la cocina de la casa en el pueblo en que vivió él. El resultado fue una quemadura por aceite que formaba una figura musical, una “Corchea”. Qué pena nuestro amigo no sabía que Somalia tiene una forma parecida a una Corchea y que el cabello rubio era pintado, antes este era castaño, pues esa chica la reconoció al momento, era su hermana que él creía estaba aún en aquel pueblo costero que le vio nacer.

La pena más grande se venía, aquél funeral ponía el nombre del difunto en un letrero en las afueras. “Fátima Clarisa Flores vda. De Goméz”. Pensó:

“Oh madre, ¿Qué esta pasando?”.  

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