City of stars

Are you shining just for me?

City of stars

There’s so much that I can’t see

Who knows?

I felt it from the first embrace I shared with you

That now our dreams

They’ve finally come true

Al salir del cine de ver ‘La La Land’ (así la voy a llamar a partir de ahora en esta crítica), esa canción y melodía rondaba por mi cabeza y la empezaba a silbar. Era una extraña sensación pero a la vez reconfortante. Y es una película que mientras volvía a mi casa he tenido que meditar y volver a meditar. Creo que cuando nos pasa eso, es que la película tiene algo especial. Y ‘La La Land’ lo tiene. Y mucho. Se dice, y con razón que ‘Cantando bajo la lluvia’ es la película que define la felicidad. ¿Qué definición le podemos buscar a ‘La La Land? ¿Define también la felicidad? Más bien es un melodrama musical ¿Define nuestros sueños? ¿O más bien define como habría sido nuestra vida de haber tomado otras decisiones? No lo sé, cuesta personalizar las sensaciones que a cada cual le puede producir ‘La La Land’ ¿Qué cuales me produce a mi? A mi me genera que he visto un espectáculo, una película que te devuelve la magia del cine, que te evade y te hace cómplice de lo que pasa en pantalla. En una época en la cual mostrar sentimientos parece muchas veces un síntoma de debilidad, ‘La La Land’ nos devuelve una sonrisa. Si, es una sonrisa agridulce pero nos muestra que la vida puede ser así y no todo tiene que tener un final feliz. Quizás ese camino recorrido es el que más recordamos.

Realizar en la actualidad una película musical es algo muy arriesgado. Es uno de los géneros más malditos del cine, quizás junto con el western. Un género que con el tiempo ha sido despreciado, rechazado de plano. Quizás sea porque les intimida o avergüenza ver a alguien cantar o bailar expresando sus emociones. O simplemente no les gusta. Es extraño. El musical en los años 50 y 60 estaba en plena explosión. Los musicales de MGM arrasaban en taquilla e incluso hubo musicales que ganaron el Oscar a la Mejor Película: Un americano en París (1951), West Side Story (1961), My Fair Lady (1964), Sonrisas y lágrimas (1965) y Oliver! (1968). Más recientemente, en 2002, Chicago se hizo con el Oscar a la Mejor Película. Parecía que el musical volvía a resucitar. Pero no fue así. Y Chazelle asumía el riesgo con ‘La La Land’, en una película musical que recoge todos los buenos elementos que conformaban a aquellas producciones envolviéndolo en un halo especial. Y es que desde su primera escena consigue atrapar al espectador y no soltarlo.

Y es que ‘La La Land’ tampoco inventa nada en lo que es el cine musical. El planteamiento argumental de su pareja protagonista es muy similar a cualquier película de Fred Astaire y Ginger Rogers: Chica joven y pizpireta que llega a la gran ciudad buscando sus sueños y choca con un melómano que busca sus propios sueños. Encuentros casuales, primeras sonrisas, ensoñaciones…y como suele ser habitual en los musicales expresando sus emociones cantando y bailando, con momentos surrealistas como en el planetario. Pero Chazelle enmarca esa sencillez de manera espectacular. La citada secuencia del planetario es de una magia absorvente. Después es más un melodrama amargo donde chocan los sueños de cada uno, algo similar a una estupenda película de 1940 llamada ‘Ciudad de conquista’, (no musical, que conste) donde ambos protagonistas tienen ambiciones y sueños y desembocan de manera parecida. De hecho, ‘La La Land’ significa significa soñar despiertos, De igual manera es como se denomina Los Ángeles y concretamente Hollywood, por la gran cantidad de aspirantes a artistas que pueblan la ciudad.

Chazelle hace de Los Ángeles un tercer protagonista y es usada como extraordinario telón de fondo para representar un enfoque realista sobre las ambiciones y sueños de una serie de personas, ínfimas en relación al tremendo tamaño de la ciudad pero enormes y cercanas por la calidad humana que desprenden. Porque no hay que olvidar la humanidad y naturalidad que desprenden tanto Ryan Gosling como Emma Stone. Gosling es perfectamente un trasunto de Oscar Levant, un gran pianista que apareció en musicales como Un americano en París (1951), de Fred Astaire por su flema melómana y rítmica y de Gene Kelly por su elegancia. A ver, no os precipitéis. Es imposible igualar o incluso acercarse a estos ‘dioses’ del cine musical. Gosling sabe transmitir un carisma especial y su química con una reluciente Emma Stone es más que notable. Esta última encaja de manera muy solvente en su personaje. De hecho la propia Stone se fue con 15 años a Hollywood a probar suerte como actriz.

Todos esos elementos son los que configuran que ‘La La Land’ funcione tan bien. Chazelle sabe como funcionan los musicales y los homenajea de manera extraordinaria, no solo filmando en Cinemascope. El final colorista, de cartón-piedra, de ensoñaciones es muy propio del gran Vincente Minelli, en especial de ‘Un americano en París’, película muy referenciada en ‘La La Land. También usa las siluetas como en algunas películas de Busby Berkeley en los años 30, de ‘Cantando bajo la lluvia’ con Gosling rodeando con su brazo la farola, cuando pasean por los rodajes, el collage final, las audiciones, el colorismo en el vestuario de ‘Los paraguas de Cherburgo’. Y como comentaba más arriba de Fred Astaire y Ginger Rogers, en especial de ‘En alas de la danza’ (1936) y la secuencia musical de ‘A fine romance’. De hecho tanto Astaire como Gosling acompañan a su pareja hasta el coche. Incluso es muy parecida a la secuencia musical ‘Isn’t This a Lovely Day’ en ‘Sombrero de copa’ (1935) y la de ‘Let’s Call The Whole Thing Off’ en ‘Ritmo Loco (1937). No puedo olvidar la escena del planetario donde he recordado ‘La nueva melodía de Broadway’ (1940) , donde la mejor pareja de baile de la historia, Eleanor Powell y Fred Astaire con su tap dancing de ‘Begin the Beguine’ recuerdan ese baile bajo las estrellas de Gosling y Stone como si fueran también el príncipe y la Bella Durmiente. Y ya no hablemos de los homenajes directos a Ingrid Bergman, con ese cartel y la referencia a la venta de ‘Casablanca’, cuando Stone menciona que veía con su tía clásicos como ‘Encadenados’ y ‘La fiera de mi niña’, cuando van al cine a ver ‘Rebelde sin causa’ o ese muro donde se ver actores clásicos como James Dean, Charles Chaplin, etc. Si, confieso que suelo ser muy referencial cuando veo películas.

En definitiva, ‘La La Land’ es una película que va más allá de ser cine musical. Quizás dentro de unos años sea recordado como un clásico. Ese calificativo lo van ganando las películas con el tiempo. Puede que este lo sea de manera inmediata. Y para finalizar hace un rato he recordado una pregunta que me hizo un cliente cuando trabajaba en un videoclub:

“-¿Qué tengo qué hacer para que me guste el cine musical?

-Nada, este te tiene que llegar al corazón.”

Publicado en Cultura y ocio