Por la forma que tiene una persona de hablar de su trabajo, se aprecia en milésimas de segundos si está satisfecho con lo que hace. Si su ocupación es vocacional, si se siente realizado, o si simplemente está allí para cubrir el expediente y cobrar a fin de mes…

Sin embargo el ámbito educativo es aún más complejo, y es que aunque existe la vocación, la moral del profesorado está por los suelos. Cierto que hay malos profesores, como malos fontaneros, aparejadores o de cualquier profesión, pero es que los buenos tienen que luchar a diario con todo tipo de obstáculos que dificultan su labor.

El resultado, después de padres enfadados y sobreprotectores, clases masificadas, recortes de medios, plazas interinas, cambios de libros y materias, y mucha mala predisposición por parte de los niños… es un sistema educativo apesadumbrado, donde la creatividad no se fomenta, sino que se castiga.

Afortunadamente, todavía hay profesores dispuestos a demostrar que otra forma de enseñar es posible, incluso si eso supone trabajo extra.

Una clase rebelde

clase tradicional

Se llama José Antonio Lucero y es profesor de las asignaturas de Ciencias Sociales y Lengua y Literatura en Secundaria. También es autor de la Novela “Mariela 1972. Un asesinato en Rota” y blogger de varios medios digitales, entre ellos La cuna de Halicarnaso, donde hemos encontrado está noticia.

Como tantos otros profesores, José Antonio tiene que lidiar con distintos tipos de alumnos y grupos, para impartir el temario que marca la ley. Según la predisposición, entrega, capacidad de concentración que tengan sus alumnos y sus padres, su trabajo puede desarrollarse sin problemas o todo lo contrario.

Como él mismo cuenta en blog, “de tanto en cuanto los profesores topan con una ‘clase rebelde’, participativa, activa e inteligente pero frecuentemente revoltosa”. Una clase difícil.

Un reto que José Antonio decidió transformar en una oportunidad de mejora, no solo para sus alumnos, sino para él mismo.

La clase invertida

Con la ayuda de un libro, José Antonio decidió poner en práctica el modelo de clase invertida diseñado por Jonathan Bergman y Aaron Sams, dos profesores de Secundaria de Estados Unidos.

No es que dieran la vuelta a los pupitres y explicara las clases cabeza abajo, tranquilos, sino que el modelo de clase invertida propone cambiar las actividades que tradicionalmente se realizan dentro y fuera de clase.

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De esta forma los alumnos deben seguir la teoría en casa, de forma autónoma a partir de los materiales proporcionados por el profesor. Después, una vez en clase, se realizan ejercicios y actividades que andan a retener los contenidos.

El profesor Youtuber

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Pero no creáis que las clases en casa son aburridas, sino que siguiendo las directrices del libro, José Antonio se lanzó a grabar vídeos cortos (entre diez y quince minutos), y directos dividiendo el temario de la asignatura.

Esto requirió una gran predisposición por parte del profesor para aprender a manejar programas de edición de video, montaje y las fórmulas que utilizan algunos de los youtubers más famosos de la red, esos que precisamente adoran sus alumnos. 

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Su mejor arma para asegurarse que los alumnos verían los videos: el humor.

Entusiasmo en el aula

Cuando José Antonio explicó a sus alumnos cómo se desarrollaría el curso, los alumnos recibieron la noticia con caras de asombro, risas, vergüenza y sobre todo entusiasmo.

“El trato al que llegué con mis alumnos era el siguiente: sólo tenían una tarea obligatoria a la semana; el visionado del vídeo semanal, del que tendrían que tomar unos apuntes que yo luego comprobaría y puntuaría. Si no traían los apuntes obligatorios de cada semana, obtendrían un punto negativo que repercutiría en la nota de la evaluación de ese tema. ¿Qué pasa si algún alumno no tiene conexión a Internet?” Todos tenían algún tipo de acceso, pero si lo deseaban “sólo tenía que traer un pendrive a clase” y él se lo proporcionaría.

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“¿Y cómo serían las clases en el aula? Pues les propuse la siguiente división: un primer momento de unos 15 minutos, de repaso del vídeo de la semana, en el que se solucionarían dudas, y el momento práctico, de unos 40-45 minutos, con actividades diferentes en cada clase”.

clases invertidas

Talleres, teatros, juegos musicales como “ponle música al feudalismo”, debates, visionado de vídeos, documentales, películas, juegos sobre los contenidos, prácticas grupales… un sin fin de actividades en las que el profesor podía comprobar el rendimiento individual de cada alumno, resolver dudas y ayudarle a progresar.

El resultado.

Sorprendentemente “la amplia mayoría de los alumnos llevaban sus apuntes al día, y, de manera sorprendente, se esmeraban en ellos, los tenían asombrosamente ordenados  e incluso algunos pegaban imágenes o mapas que intercalaban con el texto”.

Un gran avance, ya que hasta el momento solían ser desordenados y sucios, ya que debían ser tomados con rapidez mientras el profesor explicaba.

¿Y en las clases? Al desterrar del aula la teoría (que ahora era tarea de los alumnos en casa), el profesor se encontró con una cantidad de tiempo impresionante, mucho más del que nunca había podido dedicar a los alumnos.

¿Qué hacer con todo ese tiempo libre? Pues durante este trimestre hemos hecho de todo: rutinas de pensamiento (actividades fundamentales para asegurar el aprendizaje), debates, visionado de vídeos, documentales, películas, juegos sobre los contenidos, actividades prácticas grupales, etc.

Ventajas

Tras un trimestre de curso, varias cosas han ocurrido. La primera es que el modelo es muy atractivo para los estudiantes, que responden y manejan con soltura a este tipo de iniciativas. Tanto que sus videos se han popularizado entre alumnos de toda España y Latinoamerica.

“Y, de pronto, me convertí en profesor de cientos de alumnos”

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En segundo lugar, los alumnos se han vuelto más responsables y trabajadores y han mejorado la actitud en clase. A pesar de no dar teoría en clase, la asimilación de conceptos teóricos ha aumentado enormemente.

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Y la que tal vez es la más importante, el profesor ha podido conocer a los alumnos, crear una relación basada en el respeto y el humor, estudiar sus necesidades, adaptar los currículos formativos, despejar dudas…

Y trabajar con alegría e ilusión, lo que redunda tanto en su beneficio, como en el de sus alumnos, el instituto y todas las personas que haya podido ayudar e inspirar por el camino.

Esto es sin duda un motor de cambio, y hacen falta más. Hacía mucho tiempo que no encontraba a un profesor que parezca disfrutar con lo que hace al 100 %.

Mi total enhorabuena, sirva este humilde artículo como reconocimiento de su increíble labor.

Vía: La cuna de Halicarnaso

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