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Las estancias en la cárcel no son, de ninguna de las maneras, agradables. Además, todos sabemos sobradamente que algunas pueden llegar a ser un verdadero infierno terrenal, y más cuando se condena a la persona de manera injusta. Hoy compartiremos con vosotros la historia de Denise Abbah, una mujer de 36 años que estuvo encerrada en la sección masculina de una cárcel de Sudáfrica durante casi 7 meses.

Natural de Wilson y residente en Isipingo, Sudáfrica, Denise fue detenida y encarcelada a la edad de 28 años, a la espera del juicio por cargos de asalto, secuestro e intento de homicidio. Desde mayo de 2002 a abril de 2003,  fue recluida en la prisión de Westville, en Durban, en la sección masculina. 

Mi nombre de pila fue registrado sin la -e al final. Así pues, me pusieron “Denis”, en lugar de “Denise”. Fui confundida, absurdamente, con un transexual“.

Por ley, todos los reclusos deben ser sometidos a un análisis médico durante las primeras 24 horas de su estancia en prisión, y se deben buscar datos para confirmar su identidad. Obviamente, en el caso de Denise las cosas no se hicieron como debían.

Nuestra protagonista cuenta que los guardias la forzaron a desnudarse durante los registros corporales y que cuando les insistía sobre su equívoco -que ella era una mujer y que incluso tiene hijos-, no quisieron creerla. Es más, cuando estaba con la menstruación, estos daban por hecho que se trataba de un sangrado normal, fruto de su supuesta operación de cambio de sexo.

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A consecuencia de este error, Denise cuenta que sufrió agresiones sexuales y violaciones, que fue sodomizada por una multitud de reclusos en reiteradas ocasiones, y que incluso algunos guardias la obligaron a hacerles favores sexuales, siempre en contra de su voluntad. Un dato que cabe destacar es que la prisión de Westville ostenta una de las mayores tasas de infección por sida del de las cárceles sudafricanas. Tal fue el horror vivido durante aquellos meses, que Denise intentó quitarse la vida.

Afortunadamente, su caso se filtró a la prensa, comprobándose su sexo e identidad, y Denise fue trasladada a la sección de mujeres de la cárcel en abril de 2003.

Las explicaciones que dio el que por antaño era alcaide de la prisión de Westville, Caiphus Shezi, es que Denise y otras reclusas se hicieron pasar por transexuales para engañar a los funcionarios de la cárcel, y así poder ser confinadas en la sección masculina con la intención de prostituirse.

Según la versión de Shezi, entre las posesiones de Denise se encontró una gran cantidad de preservativos y muchos reclusos aseguraban que habían mantenido relaciones con ellos a cambio de 20 rands por sesión. No obstante, el alcaide no permitió que la prensa hablara con dichos reclusos para así contrastar la información.

En julio de 2003, Denise ganó el juicio y fue absuelta de todos los cargos que se le habían imputado. Abandonó la prisión, pero se convirtió en la mofa de todos, e incluso su familia llegó a repudiarla. Actualmente, su padre no le dirige la palabra, pues culpa a su hija de la muerte de su esposa y madre de Denise por el estrés y el acoso que su familia tuvo que soportar después de que el caso saliera a la luz.

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En 2010, nuestra protagonista interpuso una demanda contra Departamento de Servicios Correccionales (DSC) de KwaZulu-Natal, por todos los daños hacia su persona, exigiendo una indemnización de al menos 100.000 rands, aunque está dispuesta a aceptar un acuerdo extrajudicial.

Por su parte, el comisionado regional del DSC, Mnikelwa Nxele, aseguró que Denise le dijo a los funcionaros que era travesti, no transexual, y que en la cárcel las personas de orientación sexual diferente están protegidas, además de que a Denise la habían internado con esas personas y que los prisioneros masculinos no tienen acceso a ellas bajo ningún concepto.

Entonces, ¿en qué quedamos? Primero dicen que Denise buscaba ser encarcelada con hombres para prostituirse, y después esto. Nxele declaró también que la propia Denise había escrito una confesión que atestiguaba esta teoría.

El caso trascendió hasta el Parlamento de Sudáfrica, donde la alcaldesa de Westville en 2010, Jennifer Schreiner, tuvo que explicar cómo fue posible, en cualquier caso, que el sexo real de Densie Abbah no se determinase correctamente en el momento de su encarcelación, hecho que habría evitado todo lo que le ocurrió, aceptando cualquiera de las versiones contrapuestas y descartando los testimonios contradictorios del Departamento de Servicios Correccionales.

Lo que está claro es que una mujer inocente fue sometida a un trato inhumano y vejatorio, y que nadie quiere asumir ni reconocer la culpa. Todos los días, en el mundo, siguen dándose abusos de poder como este, sometiendo a los más débiles y destrozándoles la vida. Difunde esta historia, ya que no tuvo la repercusión que mereció en su momento, para denunciar este tipo de situaciones.

Vía: Hipertextual

Imágenes: peterbendheim

Fuentes: ol.comadikazemi.blogspotglobalvoices

Publicado en Insólito