La emocionante historia de cómo un cáncer cambió la forma de enseñar en un colegio

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por Kike Pérez
el 24/11/2016 en España

Con solo 9 años Guillen tuvo que enfrentarse cara a cara con el cáncer. Una enfermedad que le fue diagnosticada en verano de 2014 y que le obligó a pasar por un duro y desagradable tratamiento de quimioterapia.

Convaleciente y frecuentemente ingresado en el hospital, todo parecía indicar que Guillen perdería el curso académico. Sin embargo, Javier Mur, su tenaz y extraordinario maestro, ideó un plan completamente innovador para asegurar la educación del niño y sus relaciones de amistad con los compañeros.

22 profesores para Guillen

Todo comenzó cuando los padres de Guillen comunicaron al Colegio Minte de Monzón de Huesca el estado de su hijo. Había sido diagnosticado en verano y en septiembre el efecto de la quimioterapia era durísimo, sabían que no iba a ser posible ir a clase.

Ya durante el curso anterior Guillen se había quejado varias veces de un fuerte dolor de estómago y en la obra de fin de curso no logró salir al escenario por culpa del dolor. Sus lágrimas no eran teatro.

Una vez en el médico se confirmó que el pequeño tenía una mancha en su abdomen. Era un tipo de cáncer poco agresivo llamado linfoma de Brurkitt y, con el debido tratamiento, Guillen tenía un 80% de posibilidades de sobrevivir.

Cada vez que Guillen se sometía a quimio -una vez al mes- permanecía tres días bien pero luego comenzaban los vómitos y las fiebres, quedando por más de 10 días ingresado en el hospital.

Por eso, el colegio o cualquier otra cosa carecía ya de importancia. Lo vital era el tratamiento. Guillen tenía que recuperarse y conservar la vida, y nada o poco importaba que perdiera un curso o siete. Sin embargo, su profesor tuvo claro desde el principio que Guillen no iba a perder ni lo uno ni lo otro.

Completamente implicado en el caso de su alumno y sin abandonar nunca su condición de docente y profesional, el profesor Javier Mur decidió poner todo de su parte para lograr que la convalecencia de Guillen fuera positiva y a la vez pudiera seguir con las clases y el curso. Así comenzó esta increíble historia.

Dos problemas más

Tras tomar la decisión de ayudar a Guillen, Javier se dirigió a consultar los materiales y protocolos del Ministerio de Educación para este tipo de casos, pero lamentablemente no fue de ayuda. En España se diagnostican cada año 1.400 casos de cáncer infantil, pero aparte de la atención domiciliaria y un docente que se desplaza hasta casa, no había nada.

Al mismo tiempo, Javier creyó conveniente no ocultar la verdad y comunicar a los compañeros que Guillen estaba malito y no podría ir a clase. Con 9 años de edad, los niños se pasaron llorando en los recreos y afligidos en clase casi tres semanas.

El panorama era desolador, pero Javier hizo de tripas corazón para darle la vuelta a la situación. Había tenido una idea: los compañeros de Guillen serían sus docentes.

Comienza la revolución

Con la ayuda de la dirección del centro, Javier creó el Proyecto Guillen, en el que los alumnos adoptarían el rol de profesor para transmitir los conocimientos aprendidos en el aula a su compañero enfermo.

Así, distribuidos en grupos, los compañeros de Guillen disponían de dos horas semanales para elaborar videos, pósters y otros materiales con los que explicar a Guillen las lecciones. El mismo Javier se encargaría de visitar Guillen en casa una vez por semana para entregar el material y resolver sus dudas.

Nació así uno de los proyectos educativos más emocionantes, emotivos e ilusionantes de cuantos se han vivido en el sistema educativo español. Guillen no solo logró aprobar el curso, sino que todos los alumnos mejoraron notablemente su rendimiento.

Cada quince días, Javier reclamaba material que enviar a Guillen y cada semana traía noticias sobré él a sus compañeros. Al principio todo era en papel, pero conforme pasaban las semanas la imaginación, creatividad e implicación de los alumnos se dispararon.

A los murales sobre los invertebrados siguieron los videos sobre los sentidos del cuerpo humano, el sujeto y predicado, los acentos, la división y hasta una obra de teatro sobre zombies y abejas bailarinas. Todo idea de los niños. Todo para Guillen.

Con las semanas, la clase se volvió más responsable y los alumnos estudiaban con más fuerza para poder explicar inglés o matemáticas a su compañero. Y lo que es mejor, Guillen recibía los videos completamente alucinado. Encantado. Sonriente. No solo enviaban tarea, sino apoyo, amistad e ilusión.

Javier comenzó a dar clase al aire libre en un parque cercano para que Guillen pudiera asistir los días en que se sentía bien. También creó el Miércoles de tomas falsas, en el que visitaba al pequeño solo con la intención de mostrarle las tomas falsas de los videos y partirse de risa. Ya fuera en casa o en el hospital.

No me cabe duda que todo lo obrado por Javier y sus alumnos tuvo un impacto positivo en Guillen, no solo académico sino físico. No solo en su recuperación, sino en su vida. No solo en su infancia, sino en su futuro como adulto. También para el resto de sus compañeros y el tipo de personas que serán el día de mañana.

No sé lo que pensaréis vosotros, pero en mi más humilde opinión: un profesor así vale millones. Un profesional capaz de hacer todo esto por un alumno, implicando a su clase, a su colegio, a las familias y a la comunidad es alguien muy especial. ¡Bravo!

Un feliz desenlace

Siete meses después del inicio de curso, Guillen regresó por fin a clase. Estaba algo desmejorado y había perdido mucho peso, pero sonreía y no paraba de darle las gracias a todos sus compañeros. Había ganado la batalla, estaba bien y tenía los mejores amigos que un niño de 9 años puede tener.

Logró superar el curso, así como todos sus compañeros, que en un insólito efecto colateral, también mejoraron sus notas. Hoy tiene 11 años y el cáncer ha remitido, aunque se mantienen vigilantes con revisiones cada 6 meses.

Javier Mur, este magnífico profesor de 31 años, abandonó el Colegio Minte de Monzón en Huesca para trasladarse a Pontevedra, donde ahora trabaja. Aún hoy, cuando vuelve a Monzón visita a Guillen para ver cómo van las cosas. Su esfuerzo y el de todos los alumnos ha sido recompensado al ser premiado el Proyecto Guillen con el Premio Francisco Giner de los Ríos a la Mejora de la Calidad Educativa que entregan el Ministerio de Educación y la Fundación BBVA.

Los videos de todas estas lecciones y tardes aprendiendo en grupo para ayudar a Guillen aún pueden verse en Youtube, así como el blog que crearon para narrar y compartir contenidos. Aquí podéis ver una muestra.

Aunque sin duda el mejor premio de todos, para un enamorado de su profesión como Javier, es el impacto que ha tenido en las vidas de sus alumnos. Especialmente en la de Guillen, y es que no me cabe duda que jamás será olvidado por ninguno de ellos.

Fuentes: experienciasocioeducativasblogcuartomintecedec.ite.educacion.es

Si te ha gustado esta historia, no te pierdas la clase invertida otro genial proyecto educativo que se llevó a cabo gracias a un docente apasionado.

 

 

 

 

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