Junto con los horribles casos de abuso animal perpetrados por la industria cosmética y farmacéutica, el cine y la televisión también es responsable de emplear animales para sus shows y eventos publicitarios.

Estos pobres animales no sólo viven privados de su libertad como aquellos que son criados en zoológicos, sino que además, sufren graves abusos siendo obligados a actuar interminables horas, coaccionados a golpes para que cumplan con las exigencias del guión.

Los chimpancés por ejemplo, son uno de los animales más empleados y maltratados de la industria del cine y para abrirnos los ojos, la primatóloga Sarah Baecler nos da su escalofriante testimonio.

Detrás de las cámaras.

“Mi nombre es Sarah Baeckler, y durante poco más de un año – desde Junio 2002 hasta Julio 2003 – he trabajado como voluntaria en Amazing Animal Actors, un centro de entrenamiento que proporciona animales para la industria del cine y de la televisión.”

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Así comienza el escalofriante relato narrado por Sarah, una primatóloga que comenzó a trabajar en una de las mayores empresas estadounidenses de chimpancés para el mundo del espectáculo, lugar en el que fue testigo de innumerables abusos y maltratos.

Sarah no es ninguna aficionada y sabe bien de lo que habla. Es licenciada en comportamiento de primates y antropología. Además realizó un master en Primatología cuya tesis se centraba en el estudio de las interacciones entre los chimpancés y sus cuidadores.

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También cuenta con una gran experiencia, habiendo trabajado durante cinco años con chimpancés que vivían en cautividad en zoológicos y santuarios.

“Afortunadamente tengo sólidos conocimientos científicos tanto del comportamiento de estos animales como de sus relaciones con los humanos. Cuando hay algo anormal en un chimpancé, puedo detectarlo, incluso si se trata de algo que un observador inexperto no apreciaría. Y desde el primer momento que llegué a Amazing Animal Actors, supe que muchas cosas estaban mal”.

Amazing Animal Actors.

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Las instalaciones de Amazing Animal Actors se encuentran al Norte de Malibú y albergan a varios animales salvajes incluidos 5 chimpancés, un tigre de Bengala, un halcón y un león.

En concreto los chimpancés están divididos en dos grupos, jóvenes menores de 3 años y los adultos. Ambos grupos son mantenidos en cautividad en jaulas de menos de tres metros de ancho por dos de alto.

Para entrenar a los chimpancés, la empresa no utiliza ningún sistema de recompensas o medidas educacionales, su única herramienta es el abuso indiscriminado.

“Los entrenadores abusan de estos animales por varias razones y a menudo también por ninguna en especial. Si los chimpancés intentan escaparse del entrenador, reciben una paliza. Si muerden a alguien, reciben una paliza. Si no prestan atención, reciben una paliza. A veces se les pega sin ningún tipo de motivo y por cosas que se escapan completamente de su control”.

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“Nada más llegar al centro me explicaron las técnicas de adiestramiento, ‘hay que pegarles, lo bastante fuerte para que entiendan que vas en serio pero no tan fuerte como para causar daños permanentes’. También escuché al Director decir: ‘Dale patadas en la cara lo más fuerte que puedas. No le harás daño’. Y en uno de los primero días un entrenador me dio un martillo y me dijo: ‘Si la tienes que golpear, utiliza esto’.”

Lo primero es “romperles el alma”.

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Como cualquier animal, los chimpancés jóvenes son curiosos, juguetones y enérgicos, cualidades que no ayudan a su entrenamiento.

Por ello, con el objetivo de doblegar su voluntad, los chimpancés del mundo del espectáculo son sometidos a una practica denominada “romperles el alma”. Qué no es más que maltratar al animal para que desaprenda a comportarse como un chimpancé. Gracias a palizas de un día entero, el miedo se convierte en una poderosa herramienta de control.

“Nada más llegar conocí a Tea, una joven chimpancé de carácter independiente que estaba por entrenar. No había pasado un día en la empresa, cuando un cuidador me dijo que él y otros compañeros habían tenido una “batalla” con la chimpancé que había durado un día entero.

Cuando a los pocos días volví a ver a Tea, me quede en shock. Su ceja izquierda había sido afeitada para lucir una enorme herida con puntos de sutura. Seguramente había sido brutalmente golpeada y en sus ojos no había ninguna chispa de la existencia de su espíritu independiente. Era tan diferente que me hizo pensar en Jack Nicholson en ‘Alguien voló sobre el nido del cuco'”.

Cuando la edad no es una virtud.

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Los dos chimpancés más viejos que trabajan para Amazing Animal Actors, tienen ya 4 y 6 años. Están completamente desarrollados, son más grandes y más fuertes, y sólo por eso reciben las peores palizas de todo el centro.

Sarah dice haber presenciado abusos increíbles hacia los chimpancés jóvenes, pero lo que cuenta de los adultos es escalofriante.

Para conseguir que el chimpance se tumbara, el director lo cogió por su labio inferior y lo tiró hacia delante empujando con fuerza hacia abajo para que se quedara tendido boca arriba.

Quedé horrorizada cuando un día mientras deshacía la maleta que se habían llevado a grabar un anuncio, encontré una pica eléctrica.

A puerta cerrada.

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El maltrato animal es un delito, pero desafortunadamente los animales no pueden acudir por si mismos a denunciar a sus cuidadores, por lo que estas prácticas no tienen voz y se llevan a cabo a puerta cerrada.

Ninguna empresa, productora o director de cine, audita o controla a las empresas de animales, sólo se preocupan de rodar las películas o anuncios lo más rápido posible. al menor coste y sin incidencias.

Es de ingenuos pensar que las películas o anuncios con animales se ruedan a través de refuerzos positivos, después de varias horas de rodaje.

Los animales no obedecen por amor, sino por miedo. Los cuidadores no los quieren porque sienten cariño por ellos, sino porque son su negocio, su fuente de ingreso. Y son sólo útiles en cuanto sean rentables.

La cruda realidad, es que los animales no pueden dejar de ser animales, aprender a trabajar como humanos, ejecutar comportamientos complicados y repetir los mismos trucos una y otra vez, si no es a través de la violencia, y la única manera de cambiar esta realidad es que los espectadores dejemos de consumir los productos y películas que utilicen animales. Sólo así, serán de nuevo chimpancés y volverán a recuperar su alma.

Via: adnimalsfree.org Fuente: adnimalsfree.org

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