Las becas erasmus son una de las mejores experiencias que puede vivir un joven estudiante, tanto a nivel personal como académico.

Abren tu mente, te obligan a valerte por ti mismo y mejoran tu curriculum, por eso cada vez más estudiantes cursan una beca en un país distinto al suyo.

Alessandro Ford, es un joven universitario que como otro cualquiera ha estado dispuesto a cursar parte de sus estudios en una universidad extrajera. Sin embargo, su caso ha saltado a la fama por haberse convertido en el primer occidental al que se le ha permitido estudiar en Corea del Norte.

Conoce la experiencia de este joven de 18 años y su andadura bajo el régimen totalitario del dictador Kim Jong-un.

Cuando el amado líder te instruye.

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Matriculado en la universidad pública Kim Il-sung en Pyongyang, Alessandro Ford dio comienzo a su aventura de 4 meses en Corea del Norte, lejos de su familia a la que sólo podía telefonear una vez y un máximo de 10 minutos por semana.

Cada mañana el joven caminaba con sus amigos hasta el centro de estudios, de camino se postraba ante una gigantesca estatua de 6 metros de alto de Kim Jong-Il, líder supremo del país hasta su fallecimiento en 2011.

“Todos los estudiantes iban hablando, haciendo bromas, pero al pasar por delante había que callarse, ponerse en fila y hacer una reverencia”, explicó el joven.

Fue una de las primeras experiencias incomodas que tuvo que soportar durante su estancia en el régimen dictatorial de Corea del Norte.

“Me sentí muy sorprendido y bastante intimidado la primera vez que vi esa forma de actuar”

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Su singular beca de estudios fue organizada por su padre Glyn Ford, un antiguo miembro del Partido Laborista del Parlamento Europeo que ha mantenido varios viajes diplomáticos con Corea del Norte.

De esta forma Alessandro, se trasladó hasta Corea del Norte a disfrutar de una beca de estudios de cuatro meses, desde agosto a diciembre de 2014.

Alessandro estuvo vigilado durante toda su estancia.

Alessandro estuvo vigilado durante toda su estancia.

Durante su estancia el joven se hospedó en un dormitorio comunitario que compartió con otro 90 estudiantes extranjeros, casi todos ellos de origen chino.

El régimen tuvo a bien seguirlo discretamente durante las primeras semanas de su estancia, así como de colocar algunos estudiantes de Pyongyang capaces de hablar inglés junto a su cama para que tuviera alguien con quien charlar.

“Aunque me vigilaron, no fue tan terrible y siniestro como parece. Apenas podía hablar con nadie y los estudiantes nuevos de mi dormitorio podían comunicarse conmigo, eso fue un alivio. En cierto modo estaban allí para ayudarme y de paso para que nos echaran un ojo”.

Además, su gran habitación estaba desnuda. El dormitorio no tenía paredes y los retretes estaban a la vista. Tampoco había duchas, ya que se bañaban en comunidad “como los romanos” y no siempre con agua caliente. No había intimidad pero por lo menos la cama era bastante cómoda.

La juventud que conocemos no existe.

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Dicen que los jóvenes siempre están dispuestos a transgredir las normas; pues bien, no será en Corea del Norte, dónde un aire de puritanismo y conformismo lo envuelve todo.

Y eso que los estudiantes que asisten a la universidad son sólo aquellos bien relacionados, hijos de mandatarios del partido, altos funcionarios y otras familias acomodadas.

Lo que si que comparten todos ellos es cierta fascinación por descubrir cómo es la vida en el extranjero. Con las noticias internacionales censuradas e internet completamente cerrado, Alessandro se convirtió en su fuente de información favorita.

“Un amigo que es soldado y fue enviado a estudiar a la universidad, me agarró, me sentó en la cama y me dijo: explícame todo sobre tu país”, dijo Ford.

No obstante se notaba que la gente era prudente a la hora de preguntar, porque nadie estaba seguro de que no les estuvieran escuchando.

Nada de sexo, drogas y rock’n’roll.

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En Corea sólo hay sitio para los estudios, y en los 4 meses que Alessandro estuvo allí no salió nunca de fiesta. Tampoco es que si hubiera querido hubiera podido encontrar una discoteca, pues eso es algo ajeno a los jóvenes norcoreanos.

Un día cuando Alessandro y sus amigos compartieron música, el joven fue interrogado sobre las letras de Eminem y el rap.

“Mis compañero me preguntaban por qué los cantantes hablaban de sí mismos en las canciones. Según ellos eso no era correcto, debían componer música que ensalzaran a la familia y el país“.

El sexo era algo completamente desconocido para los alumnos, y ninguno de sus amigos de entre 20 y 25 años había experimento ningún tipo de relación sexual. Todos eran vírgenes, y se preservaban así hasta el matrimonio.

“Les sorprendió mucho la promiscuidad de los jóvenes occidentales”, dijo Ford, “Para ellos, tener sexo antes del matrimonio ya es promiscuidad”

Es completamente impensable que un chico se acerque a hablar con una chica que no conoce previamente. No hay sitio para los flechazos en Corea del Norte.

Tampoco vio ningún signo de afecto entre aquellos estudiantes que tenían novia, y jamás les observó darse un beso con ellas. Obviamente el alcohol y las drogas tampoco les sonaban familiares.

La percepción del mundo.

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Con el paso de las semanas, Ford pudo ir entablando conversaciones más profundas o políticamente incorrectas. En este sentido pronto surgieron las comparaciones sobre Corea Del Norte y otros países, en las que Alessandro pudo identificar claramente las opiniones sesgadas que el régimen les ha inculcado.

Creen firmemente que Corea del Norte es un país empobrecido por culpa de los estadounidenses y sus ‘malvados objetivos imperialistas’. Es por eso que la gente y los estudiantes odian a EE.UU y su gobierno ‘venenoso’ .

Sin embargo esa animadversión que sienten por el gobierno estadounidense no se manifiesta contra su población pues en su opinión:

“Los estadounidenses son engañados por su gobierno”.

Durante la estancia, Alessandro apenas habló de política con sus compañeros aunque en una ocasión decidió preguntarles sobre los campos de prisioneros políticos que existen en el país.

“No son campos de concentración como los que los japoneses usaban con los norcoreanos; son sólo campamentos de reeducación. Solamente se utilizan cuando alguien no entiende los pensamientos políticos del gran líder, y simplemente necesitan ser instruidos“, le explicó una amiga como si se tratara de alguien que no entiende bien las matemáticas y tuviera que tener unas clases extra.

Un odio que fascina.

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Los norcoreanos quedaron fascinados por las cotidianidades que Alessandro les relataba, saciando en parte la gran curiosidad que tienen sobre la sociedad occidental.

Cuando su compañero le preguntó por los servicios militares de otros países, el joven quedó absolutamente desconcertado cuando supo que no es algo obligatorio en otros lugares.

“¿La gente no quiere defender a su madre patria?”, le preguntó.

El joven militar también quiso saber cuánto gana un soldado inglés o uno estadounidense, y que percepción tiene la población sobre su servicio.

Otra gran diferencia cultural surgió cuando Alessandro habló del precio de la vivienda, la compraventa de inmuebles y el proceso para comprar una casa, conceptos totalmente desconocidos para ellos, ya que en Corea del Norte es el Estado el que asigna la vivienda a sus residentes.

Sencillamente no podían entender que las casas se paguen con dinero, o que alguien gaste sus ahorros o contraiga una deuda hipotecaria para comprar una vivienda. Del mismo modo la libertad para elegir el tipo de casa, el barrio, número de habitaciones les suena desconocido.

El gran hermano norcoreano.

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El nivel de vigilancia impuesto por el régimen siempre estaba presente, no sólo par él sino para todo el mundo. Es un gran hermano continúo y constante, que en ocasiones se siente demasiado sofocante.

Una beca Erasmus siempre supone un reto personal, estás alejado de la familia y la soledad es un handicap con el que debes lidiar. Sin embargo, en un régimen totalitario, con las comunicaciones acotadas y la sutil pero continúa vigilancia del régimen, Alessandro confiesa haberse sentido muy aislado.

Es una vida distinta y extraña, acostumbrado a la globalización y las noticias internacionales sorprende no saber nada de nada ni de nadie en cuatro meses.

“Esto me hizo reflexionar, si yo he estado aislado durante cuatro meses y me he sentido así, imagina como se sienten ellos que llevan aislados más de 60 años”

Puede que por ello, el individualismo no exista entre los norcoreanos, quienes no tienen ni entienden la necesidad de espacio o soledad de la cultura occidental.

“Volver a la realidad fue abrumador. Cuando regresaba en vuelo a Pekín, tuve que mirarme los pies durante más de tres horas porque no podía gestionar tantos estímulos”.

Un viaje increíble a un país herméticamente cerrado que sin duda habrá cambiado a Alessandro y le habrá hecho ampliar su mente y valorar su vida.

Fuente: Theguardian.com y bbc.com

Publicado en Insólito