En los últimos años, se habla muy a menudo de la obesidad infantil y de la alimentación que se les proporciona en las escuelas. Actualmente, más de un 30% de los niños padece obesidad infantil y se prevé que los casos de diabetes en el futuro aumentarán desproporcionadamente. Por este y otros motivos, se alienta a padres y colegios a alimentar mejor a los niños y así probar de erradicar el problema.

Sin embargo, ocurre que la raíz del problema no se encuentra en los niños, sino en los padres actuales. Los niños no son el problema, sino simplemente la consecuencia. Sí, la consecuencia de la educación alimentaria que recibieron sus padres a través de esos grandes educadores en alimentación y nutrición saludable que son las grandes empresas que forman parte de esta poderosa industria alimentaria que un buen día entró en nuestras vidas prometiendo mejores sabores y mayores beneficios, apoderándose así de nuestros estómagos un buen día, en silencio, sin que nadie se diera cuenta.

Así que no son los niños, sino los padres de hoy en día los que se alimentan mal, y los que no están dispuestos a renunciar a sus hábitos y costumbres arraigadas.
Y es que no es una cuestión de voluntad. No. Los padres de hoy en día son esclavos de su propia alimentación, y no lo saben por que crecieron siendo ya una nueva generación.

Son la generación que cambió las ensaladas del huerto por las del invernadero.
La generación que cambió el cereal integral en grano por la pasta refinada.
La generación de las pizzerias, los fastfoods, los chinos, los frankfurts, los productos envasados, la bollería industrial, las bolsas de patatas, las chucherías…
La generación que incrementó su ingesta anual de azúcar refinado de 5 a 50 kilos anuales.
La generación que pasó de beber leche de vaca alimentada con hierba, libre en los campos, con nombre y con un crecimiento y vida según la naturaleza le había concedido, por leche de vaca aprisionada entre los hierros de las granjas de suelo de asfalto, alimentada con grano y hormonas, y sacrificada después de parir cinco terneros seguidos.
La generación que comenzó a consumir carne a diario, en todas las comidas, de forma desproporcionada.
La generación que dejó de alimentarse con el objetivo de cubrir sus necesidades por el de comer por puro placer.
La generación de los transgénicos, de los pesticidas e insecticidas.
La generación que ya no sabe escuchar las señales que le envía su cuerpo hasta que ya son demasiado evidentes.
La generación que busca curaciones milagrosas en los fármacos químicos.

Es la generación del olvido.

La generación que olvidó que la alimentación es la base de la vida y de la salud.
La generación que olvidó responsabilizarse de sus males, y culpabilizó a la mala suerte sus enfermedades.
Una generación perdida en el olvido y tremendamente enganchada, adicta a la comida, a los fármacos, al consumo.
Esta es la generación que necesita recordar, volver, cambiar. Abrir las fronteras de su conciencia y regresar a sus orígenes, a la naturaleza.

Solo así esos niños de hoy, que ocupan pupitres en las escuelas, podrán ganar la vida saludable que nunca han tenido. Por que ellos solo pueden aprender de aquello que ven, de aquello que se les ofrece a través del ejemplo. Y hoy el ejemplo… papa, mama… eres tu.

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