Recordaremos el verano de 2017 como el verano en el que el mercado futbolístico se inmoló en una orgía de millones. Y no, no hablo de Neymar. Sus 222 millones me parecen no baratos, pero sí razonables en la época en la que vivimos. Los fichajes del siglo han dejado paso a los fichajes de la década, y si en la última, en su último año, fue Cristiano Ronaldo (aunque luego y a su pesar Bale lo superó) en esta es Neymar.

Cracks aparte, llama la atención como se han pagado y se esperan pagar cifras descomunales por jugadores que distan muchos de los auténticos cracks de antes. Y sin querer comparar es inevitable fijarse en los 80 millones que ha pagado el Chelsea por Morata, o los 84 millones del United por Lukaku y darse cuenta que Zidane; uno de los más grandes junto con Pelé, Maradona, Di Stefano, Beckehnbauer, o Platini; costó apenas 76 millones de euros haya por el 2001. Habría que ajustar la inflación, la memoria, y hasta el sentido común y ni aun así se llegarían a entender como Morata o Lukaku han superado a Zidane, por no hablar de los 24 millones que pagó el FC Barcelona por un tal Ronaldinho en el verano de 2003.

Otro ejemplo de desembolso desmesurado lo encontramos en Mbappé. A falta de decidir destino, Real Madrid o PSG verán mermadas sus arcas y disparada su ilusión con la llegada del joven francés. Volviendo a la tan odiosa comparativa, no podemos evitar preguntarnos cuánto hubiese costado hoy un joven y pretencioso portugués, o un pequeño y tímido argentino de dieciocho años. En esta oportunista retrospectiva no dudaríamos de cifrar al anónimo Cristiano Ronaldo del Sporting de Lisboa en 300 o 400 millones, al igual que a ese rápido y escurridizo Messi de la temporada 2005-2006 que ya apuntaba maneras y que tanto (y para bien, menos mal) aprendió del gran Ronaldinho Gaúcho. 

Tal vez el error esté en ponerle precio al talento. Siendo así, hoy en día la cláusula de los 1000 millones de euros de Cristiano Ronaldo parece bastante justa. O tal vez el error se halle en no darnos cuenta que detrás de tan mareantes cifras ya no se esconde una cantidad de goles, un número de partidos como Man Of The Match, paradas, o asistencias de gol. Como declaró Mourinho: “Neymar no es caro”; afirmación que sólo se sustenta si tenemos en cuenta que además del salto de calidad futbolística que dará al PSG, lo pondrá en el mapa para un mercado tan importante en este mundo del fútbol como el Latinoamericano. Si bien es verdad que los números no son tan elevados como el que paga por ejemplo una cadena de televisión china por los derechos de la Ligue 1, pero el PSG entra por la puerta grande en Brasil y revoluciona a sus más de doscientos millones de habitantes asegurándose de que cambian la verdeamarelha  por su segunda equipación para este año que curiosamente, es amarilla.

De esta manera se admite que lo que se paga por las estrellas tiene un porqué, y que más allá de la falsa moralidad y la demagogia del dinero, la riqueza, la pobreza, y los pobres del mundo que siempre sigue a este tipo de operaciones, el fútbol tiene otros códigos. Productos y deportistas al mismo tiempo, a veces con la ayuda de algún astuto agente de por medio, otras anteponiendo al modelo de pasarela antes que al deportista, pero siempre con esa aura que caracteriza a los protagonistas de este deporte cuando pasan de “grandes jugadores” a jugadores de época. Por eso no se entiende la gran estafa de ver como verano tras verano se pagan traspasos de mediocres a precios que superan, llegando a duplicar o triplicar, lo pagado por jugadores que han pasado a la historia. Véase Pogba, véase Higuaín, véase Gareth Bale, véase Vinícius que sin cumplir la mayoría de edad ya tiene sobre él la presión de rendir como si valiera mínimo 45 millones de euros; y bien si no sucumbe a tal presión y llega a la veintena jugando con el desparpajo de un adolescente, y mal si llega a Madrid y no se adapta y continúa con las costumbres de adolescente brasileño.

Ilusionar a la afición con una estrella o futura estrella es un arma de doble filo, un riesgo al que se enfrentan los clubes año a año en un mercado inflado de millones en el que lo grave no es que un crack mundial cueste 200 o 300 millones, sino que cada vez más futuras estrellas cuesten el doble o el triple que lo que costó en su momento un crack mundial consagrado.

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Fuentes consultadas:
http://www.marca.com/futbol/mercado-fichajes/2017/06/20/5943f1dce5fdeadc728b4635.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Fichajes_m%C3%A1s_caros_de_la_historia_del_f%C3%BAtbol