Siguiendo con la tradición de no enseñar disciplinas que se creen obvias pues todo el mundo debería saber cosas como “Cómo ser un buen padre” o “Cómo no malgastar tu dinero y quedar en la miseria”, se ha dejado de lado también “Cómo digerir la información en internet”. Pues de alguna forma nos alimentamos de lo que leemos y vemos por las redes pero no hay una guía que nos ayude a separar los nutrientes de los desperdicios.

Lamentablemente esa guía no existe y le queda al viajero internauta separar ese alimento por puro sentido común, el cual está regido en base a creencias y confianza. De una parte hay quienes usan clasifican la información como real cuando se ajusta a sus creencias y observaciones “Yo estoy seguro que el té de eucalipto cura el cáncer porque mi amiga tomó y se sanó. Este video dice lo mismo, por lo tanto debe ser verdad”. Y de otro lado están los que creen y confían apoyándose en la autoridad. Por ejemplo, un artículo escrito por un astrónomo que nos dice: “Hasta el momento, lo que se sabe es que no hay vida en Marte, él es astrónomo, sabe de lo que habla”.

Aunque seguramente algunos puedan tomar esto como un Argumentum ad verecundiam, y aunque los expertos también pueden estar equivocados, no existe la mejor forma de comprobar la veracidad de una aseveración cualquiera. Y como el hilo de la confianza es, siempre ha sido y será frágil hay quienes explotan esta debilidad para embaucar a la gente y llenarse los bolsillos.

Así se iniciaron los rumores de que el hombre nunca llegó a la Luna. Basados en las “observaciones” de algunos “iluminados”, conocedores de una verdad que está oculta a todos menos a ellos. Algunos de estos falsos escogidos son los charlatanes perfectos, quienes con una voz hipnotizadora estafan a la gente. Otros, no son estafadores para nada; increíblemente, creen de la A a la Z todo lo que dicen.

Pero ambos tienen algo en común: convencen a un público que se siente identificado con las ideas expuestas, un público que siempre ha pensado en lo que ellos expresan, pero nunca estuvo tan claro hasta que los iluminados se los mostraron. Todo esto sumado al amarillismo que siempre ha estado presente en nuestra sociedad, hacen la receta perfecta para una epidemia de ignorancia.

En las redes, esto se da a una escala espeluznante. La información se difunde más rápido y llega a mucha más gente. Lo cual no sería tan preocupante si no fuera porque muchos jóvenes y adultos hace ya tiempo que han empezado a “aprender” a través de este medio.

Pocos respiran hondo y verifican las fuentes. Muchos se impresionan rápido y solo hacen click en “compartir”. Sin una guía, no navegamos por el internet, vamos a la deriva.

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