Los primeros pasos escolares se llenan de saberes históricos. Bien se dice que la ausencia de historia es la ausencia de identidad. Pero, ¿qué ocurre cuando, al transcurrir de los años, descubres que muchas de esas historias van acompañadas de datos falsos, fantasiosos o inexistentes? A mi parecer, crecemos en un mundo de una historia convenenciera, oficial, y quizá innecesaria. 

De ahí que son necesarios los otros historiadores, aquellos que muestran otra cara, verdadera o no, de la historia oficial, de la historia de la escuela en los primeros bostezos. Esos historiadores, me gusta llamarlos apócrifos, dan pauta, considero, a un espectro dialéctico; tal vez tendenciosos también, tal vez reveladores de datos, tal vez con una óptica que estaba fuera de nuestro alcance. Mas en todos los casos, una posibilidad de enriquecer nuestro saber.

Esos historiadores apócrifos debaten, critican, ensalzan, discuten, develan, desde su postura analítica temas, a veces conocidos, a veces olvidamos, a veces tangenciales. Y esa historia nueva, esa historia apócrifa, a veces hasta novelística, se desgusta en emplatados tan delicados como crísalidas. Y es, siempre, una nueva oportunidad.

En este espacio, compartiré de esas historias, y estaremos abiertos, por natura propia, a departir y compartir del mismo plato en la misma mesa.

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