Tras una loca carrera por la vida, el material genético de un espermatozoide y un ovulo se une, la célula resultante se multiplica una y otra vez y comienza a crecer, hasta formar un bebé 9 meses después.

Sin embargo en algunas ocasiones, el material primigenio se divide en dos grupos iguales. Aunque están separados, ambos son la misma cosa, pues todas sus células comparten el mismo ADN. Es lo que llamamos gemelos idénticos, dos bebés iguales que nacen por culpa de un maravilloso accidente fortuito, causado por un asombroso fallo sistémico.

La formación de hermanos mellizos es mucho menos extraordinaria, pues son dos espermatozoides distintos los que se encuentran con dos óvulos distintos, dando lugar a dos bebés en el mismo vientre. Los mellizos son tan genéticamente distintos como dos hermanos comunes, su única gracia es que al ser concebidos simultáneamente, nacerán casi al mismo tiempo.

De izquierda a derecha: Jorge Enrique Bernal Castro, William Cañas Velasco, Carlos Alberto Bernal Castro y Wilber Cañas Velasco por  Stefan Ruiz para The New York Times

De izquierda a derecha: Jorge Enrique Bernal Castro, William Cañas Velasco, Carlos Alberto Bernal Castro y Wilber Cañas Velasco por Stefan Ruiz para The New York Times

Estos cuatro jóvenes fueron criados en Bogotá como hermanos mellizos, sin embargo un día descubrieron que en realidad eran gemelos intercambiados por accidente al nacer. Una historia impresionante que muestra cómo de diferente puede ser tu vida en función de dónde crezcas.

Conoce la increíble historia de los gemelos cruzados de Bogotá y cómo la fortuna les separó y ha vuelto a juntar después de 26 años.

Los seis grados de separación.

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Existe una vieja hipótesis social que dice que cualquier persona del mundo está conectada a cualquier otro individuo a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios.

El saber popular lo resume mejor con la expresión “el mundo es un pañuelo”, y eso debió pensar Laura cuando entró con Janeth Páez a comprar en una carnicería.

Tras el mostrador Laura vio una cara conocida, era Jorge su compañero de trabajo de la fábrica de tuberías. Sorprendida por encontrar a un ingeniero trabajando en sus ratos libres en una carnicería, Laura le saludó pero no obtuvo respuesta.

Pensando que Jorge pudiera avergonzarse de su pluriempleo, le comentó a Janeth quien era. Su amiga se rió pues conocía muy bien a ese joven; se llamaba William y hacia años habían sido novios.

William durante su turno de trabajo como carnicero en Bogotá. por Stefan Ruiz para The New York Times

William durante su turno de trabajo como carnicero en Bogotá. por Stefan Ruiz para The New York Times

Efectivamente, William salió a saludar a Janeth y por este nombre fue presentado a Laura. Sin entender nada, Laura y Janeth compraron la carne y marcharon a casa.

Al lunes siguiente Laura se encontró con Jorge en el trabajo y durante el café le contó el malentendido en la carnicería. Jorge se rió y le dijo que efectivamente tenía un hermano mellizo pero que ambos no se parecían en nada.  La anécdota no pasó de ahí, al menos por el momento.

Las fotos.

Jorge Enrique Bernal Castro y William Cañas Velazco / para Séptimo Día

Jorge Enrique Bernal Castro y William Cañas Velazco / para Séptimo Día

Un mes después fue Janeth la que quedó perpleja cuando al visitar a Laura en el trabajo tropezó con Jorge. Inmediatamente comprendió la confusión de Laura en la carnicería, William y Jorge eran dos gotas de agua. 

Los dos tenían los mismos ojos de color café, la misma sonrisa alegre y contagiosa y hasta los mismos movimientos. Las chicas decidieron enviar una foto del contrario a cada unos de sus amigos.

Al recibir la foto en la carnicería Willian se mostró divertido y enseñó la foto a todos. Sin embargo Jorge quedó muy impresionado, y lleno de dudas. Las preguntas se agolpaban en su cabeza: ¿Podría ser posible que su padre hubiera tenido un hijo ilegitimo o era simplemente una coincidencia?

Dos de dos.

William Bernal Castro y  Wilber Cañas Velazco / para Séptimo Día

William Bernal Castro y Wilber Cañas Velazco / para Séptimo Día

Jorge llegó a casa, encendió el ordenador y examinó detenidamente las fotos que Laura le había mandado para demostrar el parecido. Conforme las estudiaba más se convencida del parentesco, pues los rasgos se parecían mucho.

De repente una fotografía le llamó la atención. El pelo con forma de cresta, el labio grande y carnoso, la altura y el mentón. Jorge pegó su cara a la pantalla. Conocia ese rostro mejor que el suyo propio, era su hermano mellizo.

El alma se le salía del cuerpo, y entonces supo que eso era algo más que dos personas parecidas.

De mellizos a gemelos.

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Aunque el primer instinto de los hermanos fue aparcar el tema y dejarlo correr, la curiosidad fue creciendo, hasta que sin poder resistirlo, quisieron saber si todos habían nacido en el mismo lugar.

Los hermanos Castro Bernal habían nacido en el hospital de Bogotá, mientras que la otra pareja de hermanos había nacido en Vélez, Santander. Sin embargo, una tía de la familia reveló que uno de los recién nacidos había sido trasladado hasta el hospital de Bogotá debido a su bajo peso.

En ese momento, durante la estancia de los 3 bebés en el hospital Materno Infantil de Bogotá, alguien cometió el error de cambiarlos de cuna, sellando así el destino de estos hermanos para siempre.

El primer encuentro.

De izquierda a derecha las parejas de gemelos: Wilber Cañas Velasco, Carlos Alberto Bernal Castro y William Cañas Velasco y Jorge Enrique Bernal Castro. por Stefan Ruiz para The New York Times

De izquierda a derecha las parejas de gemelos: Wilber Cañas Velasco, Carlos Alberto Bernal Castro y William Cañas Velasco y Jorge Enrique Bernal Castro. por Stefan Ruiz para The New York Times

Sólo 24 horas de inquietud hicieron falta para que William y Jorge, ayudados por Janeth y Laura, fijaran un encuentro.

Tras un día de nervios y un viaje angustioso, los hermanos gemelos se encontraron por primera vez. Las caras de extrañeza y la fascinación fueron mutuas, a la vez que sorprendidos comprueban que también poseen la misma risa, la voz y los mismos gestos.

Impactados provocan el encuentro inmediato de sus hermanos mellizos quienes casi acaban helados de la impresión.

Diferencias y similitudes.

Jorge Enrique Bernal Castro y su hermano gemelo William Cañas Velasco - por Stefan Ruiz para The New York Times

Jorge Enrique Bernal Castro y su hermano gemelo William Cañas Velasco – por Stefan Ruiz para The New York Times

¿Quién era el bondadoso? ¿Y el bueno? ¿Y el travieso? Tras el revuelo inicial, los hermanos comprueban que dentro de sus respectivas familias los caracteres de los verdaderos gemelos eran parecidos.

Después de ver las coincidencias, los cuatro jóvenes comienzan a desgranar sus singularidades. La voz es igual pero los acentos muestran el lugar en el que han sido criados. Las cicatrices y sus manos tampoco son iguales, pues han sido cinceladas por el tiempo y el tipo de trabajo que ocupan.

Wilber Cañas Velasco y  Carlos Alberto Bernal Castro - por Stefan Ruiz para The New York Times

Wilber Cañas Velasco y Carlos Alberto Bernal Castro – por Stefan Ruiz para The New York Times

La noche fue muy intensa y emocionante, estaban encantados de haberse conocido, pero a la vez, un profundo sentimiento de pérdida les invadía. 

William le preguntó a Jorge sobre su madre biológica: ¿Cómo era? ¿Dónde estaba? Jorge le dijo que su madre había muerto de cáncer hace cuatro años. Le mostró una foto de su madre cuando era joven: cabello corto peinado hacia atrás, ojos hermosos enmarcados por un rostro amable y serio. Al ver la fotografía, William sintió un dolor muy intenso y no pronunció palabra durante varios minutos.

La reunión continuó hasta media noche, momento en que las dos parejas de hermanos se despidieron y volvieron a casa. Nada más salir, Carlos miró a Jorge y rompió a llorar.

“Quiero ser tu hermano” dijo.

Por su parte la otra pareja de hermanos subía en silencio en su coche, durante el camino de regreso a Velez Wilmer le dijo a William:

“No importa lo que pase, tu y yo siempre seremos hermanos”.

Las familias.

Los padres de William y Wilber en la casa de Santander donde crecieron. por Stefan Ruiz para The New York Times

Los padres de William y Wilber en la casa de Santander donde crecieron. por Stefan Ruiz para The New York Times

Carlos y Jorge Bernal Castro crecieron en Bogotá. Aunque su madre era pobre y trabajaba limpiando para otros, consiguieron ir a la escuela y terminar sus estudios como contable e ingeniero respectivamente.

Wilber y William Cañas Velasco crecieron en una comunidad agraria en Velez, su familia trabajaba en el campo. A pesar de que Willian era brillante en el colegio, los padres no podían enviar a los hijos a estudiar a Bogota, así que a los 12 años abandonaron los estudios. Tras trabajar en el campo, consiguieron aprender el oficio de carnicero, empleo que actualmente desempeñan.

Carlos en la casa de sus verdaderos padres donde debería haber sido criado. por Stefan Ruiz para The New York Times

Carlos en la casa de sus verdaderos padres donde debería haber sido criado. por Stefan Ruiz para The New York Times

 

¿Qué clase de vida hubieran tenido si el error no se hubiera producido? ¿Qué relación debían tener ahora? ¿Y con sus nuevos hermanos?

La infancia y la familia te hacen ser quién eres, pero ignorar a un hermano gemelo es imposible, y una vez que sabes de su existencia el vínculo que se forma es de por vida.

Ha sido un largo camino en el que han tenido que superar diferencias culturales y sociales, celos entre hermanos y sobre todo el miedo a perder su identidad y la relación que les unía con sus mellizos.

Sin embargo, un año después estas parejas de gemelos han decidido sumar lazos de sangre, conocerse, mezclar familias y ayudarse en todo lo posible.

No ha sido fácil y han recibido apoyo psicológico pero hoy sus relaciones avanzan, se sienten afortunados y les gusta pensar que los 4 juntos son mucho más fuertes.

Fuente: Nytimes.com / pulzo.comWikipedia Via: fogonazos 

Publicado en Insólito