La historia de Mark Landis, bien podría servir de argumento para una de esas películas en clave de comedia, con final feliz y argumento disparatado, que tanto gustan en Hollywood.

Una historia real sobre un joven pintor, que haciéndose pasar por un adinerado coleccionista, regaló una extensa colección de falsificaciones de importantes obras estadounidenses dibujadas por él mismo.

Un curioso ardil con el que durante más de 30 años Mark Landis engañó a más de una veintena de galerías y museos de arte, y por el que el falsificador nunca ha sido, ni será condenado.

Descubre la sorprendente historia de Mark Landis, uno de falsificadores de arte más prolíficos en la historia.

El placer de sentirse importante.

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Todo comenzó como un impulso por impresionar a su madre, quién siempre había admirado el poderío de los coleccionista de arte. Landis quiso embeberse de ese ambiente selecto y para ello decidió presentarse a sí mismo como donante de arte y regalar sus propias reproducciones.

Y es que parece ser que cuando regalas una obra de arte de un pintor famoso, los museos te tratan como si fueras de la realeza, te agasajan, te invitan a cenas caras y a ambientes selectos.

“¿Alguna vez te han tratado como la realeza? Te puedo decir que sienta muy bien”.

El secreto, como en cualquier negocio, es cubrir la demanda.

La trayectoria de Landis como falsificador empezó a mediados de los años 80, cuando donó una pintura de cowboys a un museo en California diciendo que era obra del artista estadounidense del siglo XX Maynard Dixon.

En primer lugar decidió estudiar la demanda de los museos de su entorno, para así poder satisfacerla. Landis supuso correctamente que si ofrecía obras de artistas que los museos ambicionaban, éstas serían aceptadas sin demasiadas preguntas.

“Así que fui a la biblioteca, saqué unos libros de fotografías de indígenas estadounidenses y copié algunas de ellas, después las firme como Maynard Dixon”.

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“Sabía que el museo quería cuadros de cowboys y eso fue lo que les di”.

La esquizofrenia y su increíble capacidad para pintar.

La ganas de notoriedad le llevaron a regalar su obra, pero fue la esquizofrenia la que le otorgó el don para falsificar obras a gran velocidad.

Cuando Landis era adolescente, sufrió un colapso nervioso tras la muerte de su padre. Trasladado al hospital y tras varias pruebas, fue diagnosticado de esquizofrenia.

Entre las muchos tratamientos que Landis probó, la terapia artística reveló un talento innato para copiar y reproducir falsificaciones a un ritmo extraordinario.

Falsificación de Mark Landis de una acuarela de Paul Signac.

Falsificación de Mark Landis de una acuarela de Paul Signac.

“Sé que todo el mundo cree que los falsificadores hacen todo tipo de cosas complicadas con químicos y qué sé yo”, afirma. “Yo no tengo esa paciencia, compro mis suministros en Walmart o Woolworth, unas tiendas de bajo coste, y termino todo en una hora, máximo dos”.

Obra original de Signac.

Obra original de Signac.

“Si no logro terminar algo para cuando termine una película en la televisión, me doy por vencido”.

El falsificador cazado.

Haciéndose pasar por un rico benefactor, Landis donó falsificaciones a decenas de respetadas instituciones en EE.UU. hasta que, en 2008, se topó con el museo de Oklahoma City.

Landis se presentaba a sí mismo y a sus donaciones adornadándolas de una historia convincente, pero no fue capaz de superar la perspicacia de Matt Leininger, administrador encargado de examinar las nuevas obras de arte.

“Decía todo lo que un museo quería escuchar”, asegura Leininger. “y tenía una historia preparada sobre cómo había acumulado su colección de arte y la supuesta riqueza de su familia.”

“Al principio, pensamos que Landis era un coleccionista de arte muy excéntrico”, comenta Leininger. “La primera pieza que nos entregó la trajo en sus propias manos: una acuarela de Louis Valtat. “

Matt Leininger (izq.) con Mark Landis, en 2014.

Matt Leininger (izq.) con Mark Landis, en 2014.

Entusiasmados por el regalo, “Enmarcamos la obra de Valtat y la expusimos al lado de un Renoir en nuestra galería, sin saber que acabábamos de colgar una falsificación”.

Todo hubiera quedado ahí si Landis no hubiera continuado enviando nuevas falsificaciones a los museos, y sobre todo, si no hubiera ofrecido copias de las mismas obras a diferentes galerías.

Al recibir por correo un sobre con 5 obras adicionales de artistas franceses del siglo XIX como Paul Signac y Stanislas Lepine, Leininger decidió indagar un poco sobre las colecciones que tenían otro museos, rápidamente encontró dos coincidencias que casualmente habían sido donadas por Mark Landis.

“Lancé un mensaje y, en cuestión de una hora, entre llamadas telefónicas y correos electrónicos, 20 instituciones se comunicaron conmigo preguntando quién era este tipo y qué estaba sucediendo”.

Todo lo que un museo quería escuchar.

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Aunque Landis había resultado convincente y se había aprovechado del deseo de los museos por encontrar su piezas soñadas, la alarma había saltado.

Enseguida se procedió a realizar un escrutinio a fondo de las obras donadas y aunque Leininger reconoce que Landis hacia buenas falsificaciones, éstas no consiguieron pasar pruebas de sentido común.

Una de las donaciones era un dibujo en carboncillo que supuestamente tenía 300 a 400 años de antigüedad, por lo que Leininger despegó la frágil montura del dibujo esperando que se desbaratara.

“No sucedió nada, y cuando levanté el dibujo era completamente blanco”, además “Olía a café rancio. porque había estado aplicando café para envejecer el papel”.

La vergüenza de las instituciones y el final feliz.

Falsificación de Mark Landis de una obra del pintor impresionista americano Charles Courtney Curran

Falsificación de Mark Landis de una obra del pintor impresionista americano Charles Courtney Curran

La facilidad con la que una simple inspección reveló el fraude, puso en evidencia la todas las instituciones que Landis había engañado.

Rapidamente estas denunciaron la situación al FBI, esperando que el estado tomara acciones legales contra el falsificador. Sin embargo, y tras el estudio del caso este fue desestimado.

Hacer falsificaciones o copias es algo legal, mientras que comercializar con ellas no. Como no había habido un intercambio de dinero por las falsificaciones, Landis no había violado ninguna ley.

La responsabilidad de diligencia debida, recayó sobre las instituciones que aceptaron sus donaciones, por lo que si estas habían expuesto las falsificaciones en sus colecciones, era problema de éstas.

Incluso hay gente que cree que varias instituciones habían descubierto el engaño antes de que Leininger diera la voz de alarma, pero que habían guardado silencio para no ser desprestigiadas.

Curiosamente, Landis continuó realizando nuevas falsificaciones y regalándolas a aquellas instituciones que aun no se habían percatado de su engaño. Su fama fue tal, que dos años después, el Museo de Arte de Cincinnati montó una exposición con las falsificaciones de Landis.

El curador de la galería fue el propio Leininger y la exposición se inauguró, a propósito, el 1 de abril, el Día de los Inocentes en EE.UU.

Como no podía ser de otra manera, Landis fue el invitado de honor.

Fuentes: nytimes.com, bbc.co y marklandisoriginal.com

Publicado en Insólito