Sin lugar a dudas el reciclaje contribuye a crear un mundo mejor, pero definitivamente no soluciona el problema. 

Cuanto mayor es el consumo, mayor es la cantidad de desperdicios que van directamente al vertedero sin pasar ningún tipo de proceso de separación y reciclado de residuos.

Parece lógico pensar que la solución del problema no pasa por reciclar más, sino por consumir menos. O al menos consumir productos de otra forma, prefiriendo la venta a granel, los productos locales y naturales, y aquellos que usan embalajes biodegradables.

Debemos aprender a separar los remedios publicitarios de aquellas medidas útiles y responsables. Porque de nada nos sirve que el supermercado nos cobre por las bolsas de plástico cuando en realidad sigue distribuyendo bolsas no biodegradables, utilizando doble y triple envasado de un mismo producto, prefiriendo el plástico al cartón…

Y es que hay cosas que se hacen para cuidar el medio ambiente y otras que sólo responden a una mal concebida “moda verde”; es decir, una incorrecta política medioambiental más fundamentada en aspectos publicitarios y económicos, que sólo pretenden maquillar la situación y no solucionar el problema de forma ética y sostenible.

Podríamos pasar horas tratando de definir todas las dimensiones de este fenómeno hablando de la huella ecológica y la huella hídrica, la tasa de reciclado, el consumo responsable, la doble moral, o podemos usar el sentido común y aprender algo de nuestros abuelos.

No os perdáis esta simpática historia que hemos encontrado por las redes sociales y que a pesar de no conocer a su autor, pone de manifiesto la falta de sentido común de la que hacemos gala cuando las empresas y agentes sociales tratan de educar sobre medio ambiente.

“En la cola del supermercado” Esta es la historia

En la fila del supermercado, el cajero le dice a una señora mayor que debería traer su propia bolsa, ya que las bolsas de plástico no son buenas para el medio ambiente.

La señora pide disculpas y explica: “Es que no había esta moda verde en mis tiempos.”

El empleado le contestó: “Ese es nuestro problema. Su generación no puso suficiente cuidado en conservar el medio ambiente.”

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Tiene razón, nuestra generación no tuvo cuidado en esos tiempos:

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En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosa y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la fábrica para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.

Pero lleva razón, no teníamos esta moda verde en nuestros tiempos.

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Subíamos las escaleras, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio ni oficina. Íbamos andando a las tiendas en lugar de ir en coches de 300 caballos de potencia cada vez que necesitábamos recorrer 200 metros.

Pero lleva razón, no teníamos esta moda verde en nuestros tiempos.

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Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no los había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en secadoras que funcionan con 220 voltios. La energía solar y la eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

Pero está en lo cierto: no teníamos esta moda verde en nuestros tiempos.

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Entonces teníamos una televisión, o una radio en casa, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo, no una pantallota del tamaño de un estadio de futbol.

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En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hiciesen por nosotros.

Cuando empaquetábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o bolitas de plástico.

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En esos tiempos no arrancábamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el césped; usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que funcionan con electricidad.

Pero claro no teníamos esta moda verde en nuestros tiempos.

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Bebíamos del grifo cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua.

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Recargábamos las estilográficas con tinta, en lugar de comprar una nueva.

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Y cambiábamos las cuchillas de afeitar en vez de tirar a la basura toda la maquina afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.

Pero, eso sí, no teníamos esta moda verde en nuestros tiempos.

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Entonces, la gente tomaba el tranvía o el autobús y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en lugar de usar a su mamá como taxista las 24 horas.

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Teníamos un enchufe en cada habitación, no un regleta para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales desde satélites situados a miles de kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.

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Así que me parece lógico que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que éramos por no tener esta maravillosa moda verde en nuestros tiempos.

El camino del progreso es una senda sin marcha atrás, por supuesto que no queremos renunciar a ninguna de las comodidades actuales, pero si es cierto que tal vez deberíamos tener más cabeza cuando las disfrutamos.

Publicado en Animales