Nos pasmos la vida preocupados por cosas que nos imponen. La moda, el cuerpo, el trabajo, los hijos antes de determinada edad. Cásate, échate novia o novio. Sé delgado y sal los sábados.

¿Y qué pasa si no quieres? ¿Y si eres diferente o no te apetece hacer lo que hacen todos?

Lesley Miller pasó más de quince años sin ponerse un bikini. Estaba avergonzada de su cuerpo y había pasado gran parte de su vida tratando de ocultarlo. Hasta que, valiente, se decidió a plantarse delante de la cámara con este traje de baño.

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Lesley pasó de no usar esta prenda a hacerse una foto con ella y publicarla en sus redes sociales. De cero a cien, porque descubrió que nada importa si no importa.

La joven se enfrentó a los complejos sociales, se saltó las normas que se había impuesto a sí misma y dio una lección global.

Lesley Miller pasó los últimos 18 años de su vida esperando, con su cuerpo cubierto y escondido. Se decía a sí misma que llegaría el día en que, más delgada y más segura, haría frente a todo y se mostraría a los demás.

Como muchos, la chica pensaba que había que ser lo suficientemente delgado, lo suficientemente feliz o tener la suficiente confianza. Todo eso hizo que luchara contra su cuerpo en cada paso del camino, continuamente sintiendo vergüenza en silencio.

Su testimonio puede ser el ejemplo de muchos, por eso queremos compartirlo:

“Cuando tenía tres años mis compañeros preguntaron por qué yo era mucho más grande que ellos. […] Cuando tenía siete años, mentí a la mujer de Weight Watchers [Vigilantes del Peso]. […] Cuando tenía nueve, fui a un campamento para perder peso, donde en la primera semana nos ponían en fila para sacarnos la foto del ‘antes’. […] A los once, me operaron del estómago y el cirujano me dijo lo feliz que iba a ser por fin. Fui la persona más joven en someterse a una cirugía de pérdida de peso”.

Después de todo aquello, Lesley, con quince años, empezó a hacerse pequeños cortes en la piel porque pensaba que se lo merecía.

Cuando tenía veinte años, perdió la mitad de su peso en nueve meses. Los demás también determinaban el valor de la joven según si el número en la báscula era menor que el de la vez anterior.

“Y entonces me cansé de esperar”, cuenta ella. Con veintiún años compró su primer bikini. 

“Se puede ver todo. Protuberancias extrañas y rollos de grasa. El exceso de piel que cuelga. Las estrías, la celulitis, las cicatrices quirúrgicas y las autolesiones que me hacía. Una protuberancia incómoda en mi abdomen debido a la banda gástrica. Quiero aprender a amarme a mí misma, no sólo las partes que me han dicho que son ‘aceptables’. Porque el secreto está en que siempre fui suficiente. Y tú también lo eres”.

Una valiosa experiencia que sirve para todos, siempre somos suficiente. El momento es ahora, no hace falta esperar.

Y aquí su post original en Facebook

Publicado en Miscelánea