Seguramente habréis estudiado, o leído, las grandes historias de Hernán Cortés y Francisco Pizarro, los conquistadores españoles más famosos y de los más constancia tenemos. Sin embargo, el descubrimiento de un manuscrito en Valladolid a principios del s. XX, sacó a la luz la vida y las aventuras del hidalgo Álvar Núñez Cabeza de Vaca en el Nuevo Mundo; un periplo digno de un best seller o el guión de una superproducción hollywoodiense.

La biografía de Cabeza de Vaca parece una fantasía, una novela de aventuras cuyo héroe superaría en hazañas y proezas, a cualquiera de los protagonistas de la literatura contemporánea. Quizás su logro más grande fue descubrir y conquistar la mitad de los actuales Estados Unidos de América, sin para ello derramar una sola gota de sangre, aunque esto solo es la punta del iceberg.

Un relato verídico que el mismo Cabeza de Vaca mandó transcribir en un libro que tituló Naufragios, publicado por primera vez en Zamora en 1542. Fue descrito por el maestro Juan Ocampo, un pseudónimo inventado por Rafael Bolívar Coronado y que intentó hacer pasar por un autor de la época en su obra La Gran Florida (1919), como:

Animoso, noble, arrogante, los cabellos rubios y los ojos azules y vivos, barba larga y crespa, mozo de treinta y seis años, agudo de ingenio, era Alvar un caballero y un capitán a todo lucir; las mozas del Duero enamorábanse de él y los hombres temían su acero.

No obstante, quería comenzar la historia de este hidalgo mucho antes de su nacimiento, de cómo su familia llegó a ganarse el apellido de Cabeza de Vaca que él heredaría más tarde.

cabeza_de_vaca_12
El origen de su apellido materno se remonta a la batalla de Las Navas de Tolosa, en 1212, cuando un pastor indicó al ejército cristiano un sendero por donde emboscar a los almohades, que se retiraban, señalado por un cráneo de buey. Tras el éxito de la maniobra el rey Alfonso VIII de Castilla otorgó al pastor, de anterior nombre Alhaja, el título hidalgo por bondad de costumbres de Cabeza de Vaca.

Así, siglos más tarde nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) Álvar Núñez Cabeza de Vaca, probablemente en la década de finales del siglo XV, en el seno de una familia de hidalgos de clase media. Sin embargo, a los 8 años quedó huérfano de padre y de madre, por lo que quedó bajo el cuidado de su tía, quien le procuró una educación elemental basada en el conocimiento de la lectura, escritura y cuentas matemáticas sencillas, algo poco habitual en la España de aquella época.

Con 16 años, mintió sobre su edad y se alistó en el ejército de Fernando el Católico para luchar en la Guerra de Italia. Después de unos años, fue enviado a Castilla, donde lucharía contra los comuneros castellanos. Así, gracias a sus tempranas experiencias en el mundo de la guerra, Álvar se convirtió en un hombre de armas.

cabeza_de_vaca_2

Sin embargo, el ejército no sació sus expectativas, pues al no ser hijo de nobles el ascenso era poco más que probable. Así fue como acabó de camarero mayor del duque de Medina Sidonia, (el hombre más rico de la España de la época), un puesto que abandonaría 6 años más tarde para embarcarse, en 1527, en una expedición a América dirigida por Pánfilo Narváez. Gracias a la recomendación del duque, Cabeza de Vaca consiguió el puesto de Tesorero Mayor de la expedición, que tenía como objetivo la conquista de Florida.

La expedición llegó a Florida en 1528, después de haberse enfrentado a un sin fin de adversidades como epidemias y huracanes que, sumados a la hostilidad de las tribus nativas y a un emplazamiento desconocido infestado de pantanos y manglares, hicieron que los pocos supervivientes del periplo fuesen capturados, entre ellos nuestro protagonista.

cabeza_de_vaca_1

Seis largos años estuvo viviendo como esclavo, pasando de mano en mano, hasta que terminó siendo cedido a una especie de chamán que vivía un poco más alejado del poblado. Durante esos últimos años se familiarizó con toda clase de plantas sanadoras, se instruyó en los diferentes rituales y danzas para ahuyentar malos espíritus, aprendió el idioma y comenzó a transformarse en algo más que un simple esclavo, casi integrado entre los nativos, empezando a ganarse su confianza. Pero como él mismo manifestó en su obra:

Hube de quedar con estos últimos indios más de un año, y por el mucho trabajo que me daban y mal tratamiento que me hacían, determiné huir de ellos y dirme a los que moran en los montes, que se llaman los de Charruco, porque yo ya no podía sufrir la vida que con estos otros tenía

Su huída se convirtió en un peregrinaje que le llevaría a encontrarse con 3 supervivientes más de la expedición que había iniciado largo tiempo atrás: Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza -dos capitanes salmantinos bajo el mando de Narváez- y el esclavo de este último, Estebanico, también llamado Esteban el Negro. Los 4 decidieron seguir el plan de Cabeza de Vaca, que consistía en llegar a Nueva España, el actual México.

cabeza_de_vaca_3

El destino quiso que fuesen capturados nuevamente por las tribus indígenas. Durante esos momentos de cautiverio, marcados por una desesperación y angustia ante el temor a ser ejecutados, se pusieron a rezar en voz alta. Los indígenas pensaron que se trataba de algún conjuro mágico. Así fue como le llevaron ante un príncipe indio, que estaba gravemente enfermo, para que le curase.

Álvar se puso a rezar y a realizar toda clase de cosas que recordaba haber visto hacer a los sacerdotes en misa, a persignarse, a danzar como viera a su antiguo dueño curandero, a ponerle compresas de hierbas y ungüentos, y a hacer todas las pantomimas que se le ocurrieron. Por alguna extraña razón, la fiebre del enfermo bajó y, a las pocas horas comenzó a restablecerse. De este modo fue cómo estas supersticiosas tribus dejaron de verles como a unos simples prisioneros, para empezar a ser seres profundamente venerados, como si fuesen dioses, un estatus que no tardó en cundirse por toda la región.

Unas veces curaba con lo poco o mucho que aprendió en las guerras en Italia y contra los comuneros, y otras, curaba rezando. Debió tener tal pericia que en una ocasión llegó a operar a corazón abierto a un indio que tenía clavada una flecha. Aquella fue la primera intervención quirúrgica de este tipo de la que se tiene testimonio.

Prosiguieron con su peregrinaje y muchos indígenas se sumaron a su compañía, de quienes se ganaron la admiración y el respeto de todos los que le seguían.

cabeza_de_vaca_4

Pasaron casi tres años caminando, atravesando los territorios de los indios apalaches, apaches, comanches, cherokees y navajos. Desde algún punto de la costa este del actual estado de Florida, para llegar a la frontera del territorio conquistado en Sinaloa, habían recorrido los actuales estados de Florida, Alabama, Mississippi, Luisiana, Texas, Nuevo Méjico y Arizona, hasta llegar a un territorio español en el norte del golfo de California cargados con decenas de sacos de joyas. Tras nueve años de penurias, los 4 supervivientes regresaron a España colmados de riquezas.

Poco después de su regreso a España, el rey le ofreció el puesto de Adelantado y Gobernador del Río de la Playa y Paraguay. Álvar no se lo pensó dos veces y gastó prácticamente toda su fortuna -8.000 ducados que hoy equivaldrían a unos 300 mil €- en construir una armada bien equipada que pondría rumbo a América.

cabeza_de_vaca_5

Durante dos años que estuvo al frente del Rio de la Plata acometió varias expediciones, pero no encontró nunca lugar apropiado para nuevos asentamientos en la selva paranaense, ni poblaciones con riquezas de las que apropiarse como ocurriera en México.

Epidemias, emboscadas, hambre y un gran número de bajas fueron la tónica de este período de su vida. A pesar de que Cabeza de Vaca siempre trató a los indios con la máxima benevolencia, en cuanto se daba la vuelta, sus hombres les trataban con el doble de dureza, a modo de represalia. De este modo, en 1543, se produjo una sublevación de los indígenas que terminó con la destrucción de la ciudad de Asunción.

Los soldados españoles, con la excusa de que Álvar no había actuado diligentemente para atajar la rebelión, organizaron un motín que terminó con su captura y encarcelamiento. Después fue llevado a España, acusado de gravísimos cargos, aunque luego sería indultado por Felipe II.

cabeza_de_vaca_11

Poco más se sabe de la vida de este conquistador. Existen rumores de que después se volvió comerciante y se marchó a Venecia, o que se convirtió en prior de un convento sevillano. Lo que sí sabemos es que fue un hombre valeroso como pocos, un superviviente que aprendió a velar por los que con él habían sido hostiles y a defender sus derechos. Una historia que ilustra de todo lo que es capaz de hacer el ser humano, o como el mismo Cabeza de Vaca diría:

Si yo hice cosas impresionantes sin medios, cómo no las vais a hacer vosotros.

Fuentes: lasoga, Wikipedia (Rafael Bolívar Coronado), latech, La Gran Florida (Biblioteca Nacional Hispánica), Junta de Andalucía

Publicado en Insólito