Entre compras de Navidad, videos de risa y la más absoluta indiferencia comenzaba tranquilo el año 2016, cuando de repente una imagen conmocionaba el mundo.

Los internautas la bautizaron como la niña de la palangana. La razón de tan extraño nombre es debido al pequeño barreño de color verde en el que vive.

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Entre el morbo y la curiosidad, la fotografía comenzó a compartirse de forma viral, sin apenas saberse nada más de ella. Afortunadamente, la impactante imagen logró remover la conciencia de miles de personas, qué dispuestas a colaborar, reclamaban más información sobre la identidad de la niña.

La fotografía fue compartida en Instagram por Sani Maikatanga, un fotógrafo freelance natural de Kano, Nigeria quién descubrió a la joven pidiendo limosna en un mercado local.

Conmovido por su historia Sani, decidió tomar unas imágenes para dar a conocer su situación y solicitar ayuda para la joven.

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Se llama Rahama Haruma, y aunque nació casi sin “cuerpo” en Nigeria hace ya 19 años, no pierde la sonrisa. Su vida ha sido dura y está llena de momentos amargos.

Cuando nació, los médicos dijeron que su afección no era algo que la medicina pudiera curar, por lo que sus padres consultaron a un chaman. El mago les explicó que la niña había sufrido el ataque de los espíritus y que nada más se podía hacer por ella.

El valor de la familia

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Sin embargo, y a pesar de la leyenda negra que la marcó de por vida, la joven y su familia continuaron adelante. Rahama reconoce que se siente muy afortunada de tenerlos.

“He aprendido a crecer sin amigos, mi familia son los únicos que tengo. Me llevó tiempo comprender que no todas las personas son iguales. Ahora no me importa. Me considero afortunada de estar viva, porque un hermano mayor que pasó por lo mismo ya no lo puede contar.

Su joven hermano de 14 años, por quien guarda un cariño especial, carga a diario sobre su cabeza, la palangana verde, para transportar a su hermana desde su hogar Warawa y el centro de Kano donde la joven pide limosna. Un trayecto de casi 25 kilómetros.

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Por esa razón, Sani ha canalizado toda la ayuda recibida para entregar a Rahama un regalo, una silla de ruedas.

Ayuda en internet

Vivimos deprisa, olvidamos aún más rápido. ¿Quién se acuerda de Nepal, Fukushima, Tahití? Lugares en los que el interés mediático se ha disipado, pero no así dificultades que sufre la población.

Me alegro de que el fenómeno de las redes sociales haya permitido que Rahama, y otras tantas personas, se hayan beneficiado de estas “plazas virtuales públicas” para recibir la ayuda que se merecen. Pero yo me pregunto, ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo? ¿De verdad hace falta que algo se viralice para que sintamos una punzada de dolor y vergüenza que nos anime a colaborar?

Estoy seguro que con un simple paseo por tu localidad, encontrarás decenas de niños, adultos y ancianos que precisan ayuda. También causas y animales que merezcan que hagas algo por ellas. Muévete.

Tal vez la tecnología nos ha hecho ciegos; tan ciegos que no vemos las injusticias que tenemos frente a las narices. Afortunadamente, sonrisas como la de Bahama, nos recuerdan que es hora de que todos abramos los ojos.

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Fuente de la información: yahoo.com Artículo creado por Lavozdelmuro.net

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