Que cómodo estoy… todo es tan perfecto, nada podría arruinar este momento.

Pimpuuuum pimpuuum suena el maldito despertador.

No quiero, no quiero levantarme.

Sigue sonando ese insoportable sonido infernal, no lo soporto más, debe callarlo.

Lentamente sacó una mano de mi sabana, ¡No puede ser! ¡¡Que frío hace!!!, mejor después…

Recuperó fuerzas y vuelvo a tratar… no lo encuentro. Tanteo en la mesa que está al lado de mi cama, no puedo encontrarlo, ¿dónde estará?

¡No puede ser! Tendré que abrir los ojos. Abro sólo uno, ¬¬ maldición cuanto ¡¡¡Sol!!! Que brilló más molesto, no puedo ver nada.

Me rindo, ya no tengo fuerzas, trató de abrir los ojos de a poco hasta que se acostumbren, primero el derecho… luego el izquierdo… dios, duele tanta luz.

Por fin puedo ver, difuminado pero veo, noto el despertador, estuvo todo el tiempo en el borde más próximo a mi cama… -.-

Logro callarlo, paz de nuevo, seguiré descansando.

Escucho un grito a lo lejos, no logró entenderlo, nisiquiera le doy importancia.

Mi madre entra a mi habitación eufórica, me grita que me levanté, así que ¿de ahí venía el grito?…

Le digo que ya me levanto… no lo hago.

Continuo con mi paz hasta que vuelve a ser interrumpida por ese grito insoportable.

Está bien me levantare pienso. A duras penas logró sacar una pierna, no sé cómo logré levantarme, cuando menos cuenta me di ya estaba casi vestido del todo. Me dirijo a mi baño que convenientemente se encuentra al lado de mi cuarto.

Los gritos se vuelven a repetir, mi madre vuelve a entrar a mi cuarto, pero no me encuentra, aprovechó para darle un susto… mala idea, por poco no me baja un diente de una cachetada.

Me ordena que valla a comprar pan, le digo que pronto iré, pero primero iré al baño.

En el baño me veo al espejo… soy hermoso jaja, pero entre tanta belleza veo lo peor, ¡un grano! Y de los blancos.

Me digo que ya se irá para Mañana (no lo ara hasta un mes o mas).

Me dirijo con mi madre y le pido algo de dinero para comprar el pan… no me presta atención, se lo repito, nada aún… sin más le sacó la billetera del bolso. Antes de salir le pido si puede calentarme algo de agua… no me contesta.

¡A la panadería! Convenientemente sólo tendré que caminar una cuadra.

A media cuadra me encuentro con perros, muchos perros… parecía que todos los perros del barrio hicieron una juntada. Tengo miedo, pero respiro saco pecho y continuo, paso de entre medio de ellos, todos me miran, sólo es cuestión de tiempo que pierda una pierna, uno me da un ladrido, qué miedo! Pero debo mantener la compostura, me alejó por fin. Casi lloró de la felicidad de salir entero.

Las tripas me rugen, necesito comer algo… lo que sea, llegó a la panadería, hasta el tope de gente, y yo con un hambre que me comería todas las magdalenas (por cierto, las odio) miro las facturas con amor, se ven tan calentitas y deliciosas, ese olor a pan recién orneado… que hambre.

Pasan 5 minutos y me atienden, los sentí como unas treinta horas, pido pan y tortillas, la amable vendedora, me da sólo tortillas cuadraditas, pero quiero los bollitos… no tengo el valor necesario para pedirle que me las cambie, de todos modos le agradezco y me voy.

Mientras vuelvo pienso lo de siempre, ¿por qué le digo gracias? ¿Porque nunca contesta y siempre sonríe? ¿Qué pensará? Quizás piense: ¿qué me agradeces??? Es raro, siempre me pregunto lo mismo.

Llegó a media cuadra, ni un sólo perro, ¿se los chupo la tierra?

Hogar dulce hogar, ¿habrá puesto a calentar agua mi mami?… como era de esperarse no lo hizo…

Luego de media hora esperando que se caliente el agua y resistiendo a base de agua, logró hacerme mi cafecito mañanero. Oh la perfección echa café, nada mejor que un café calentito con tortillas calentitas, aunque me quemá, pero lo vale.

Publicado en Miscelánea