Hace 10 años Javier Gomez se estrenó como hombre del tiempo en el canal de televisión español La Sexta. Era su primer trabajo en antena pero, gracias a su sentido de humor, el joven meteorólogo supo hacerse un hueco en el corazón de los espectadores.

javier gomez antes

De repente un día, Javier desapareció de improviso; una enfermedad le apartaba de las cámaras a los 28 años de edad. El tratamiento farmacológico al que sería sometido era incompatible con el trabajo y tuvo que jubilarse.

Esta no era la primera vez que Javier y su familia tenían que enfrentarse a las consecuencias de una enfermedad. Catorce años antes, su hermano cayó enfermo de cáncer y, pese a los tratamientos, terminó falleciendo.

Sin embargo Javier es de esas personas que se crecen frente a la adversidad y, tras plantar cara, ha logrado recuperarse y regresar con fuerza.

El pasado fin de semana, el que fuera nuestro meteorólogo favorito decidió sincerarse y hablar de su dura experiencia en el diario El Mundo con un artículo titulado “La Rampa”. En él habla sobre las lecciones de vida que aprendió durante la enfermedad de su hermano y que han sido determinantes en su recuperación.

A continuación, podréis oír la emotiva historia de Javier narrada por el programa La Ventana de Cadena SER.

Merece la pena escuchar sus palabras en la boca del locutor pero, por si no podéis activar el sonido en este momento, aquí tenéis la transcripción del audio de Cadena SER.

Era agosto o septiembre de 1997 y a mis padres les habían dicho que mi hermano se moría. Llevaba toda la vida en silla de ruedas y a los 16 le había brotado un cáncer en la garganta. Tiroides. Le quedaban semanas. No pudo suceder en un momento más raro. Nosotros vivíamos en una casa que habían ido construyendo mis padres mientras vivíamos en ella. Y una de las pocas cosas que quedaba por hacerse era la rampa. La rampa que le iba a permitir a mi hermano salir y entrar de casa sin ayuda, se iba a construir cuando los médicos lo habían desahuciado.

Imagino a mis padres en su dormitorio aquellos días en un “qué hacemos” que no se atreverían ni a preguntarse. Los imagino mirándose a los ojos y decidiendo, al fin y al cabo, si se rendían. Si asumían que no tenía sentido construir aquella rampa enorme que rodeaba la terraza.

Entonces hicieron algo absurdo, algo hermoso, algo de padres: decidieron construirla. Fue un sábado, un sábado de verano en el que la hormigonera, vieja, verde, de hierro y de gasoil, empezó a sonar muy temprano. Mi hermano se moría en el hospital, pero mi padre, el Chirri, que nunca faltaba, mis tíos y yo, con 14 años y una camiseta de Pryca, estábamos allí. Sin hablar. Oyendo la hormigonera. Paladas. Arena. Piedras. Y algún gemido mío al levantar los sacos de cemento.

Entonces, ocurrió. Eran las ocho de la mañana y empezaron a salir hombres de todas las casas. Acudían al sonido de la hormigonera. Hombres de 40, de 50, 60 y 70 años bajando con ropa de trabajo. Los recuerdo poniéndose guantes, incorporándose al tajo sin preguntar, pasándome manos enormes por la cabeza a modo de saludo. Todos los vecinos de Lluja, que así se llama mi barrio, diciéndole al cáncer de mi hermano que todavía no, que aquella tarde, en el hospital, podríamos contarle que había venido todo el barrio: «Todos, Ricardo, han venido a hacer la rampa». «¿Ya está hecha la rampa?». «Ya la tienes, para cuando vengas a casa».

Nadie supo explicar cómo, mi hermano empezó a mejorar después de aquel día. Y vivió casi un año más. Un año en el que a veces pudo usar la rampa sin ayuda y otras hubo que empujarlo. Cuento esto tan íntimo porque desde entonces, cuando vienen malas noticias, me digo que hay que construir la rampa. Porque, para mí, esos hombres viniendo significan la palabra barrio. Porque en Lluja nunca nos han dejado sentirnos solos. Porque esa mañana de hace casi 20 años contiene todo lo que me enamora del ser humano.

Al mal tiempo, buena carajavier gomez

“Al mal tiempo, buena cara”, un refrán español que le viene como anillo al dedo a nuestro hombre del tiempo favorito quien, gracias a su humor y positividad, ha logrado volver a trabajar.

Hace seis meses Javier publicó su primera novela “El crimen del vendedor de tricotosas”. Recientemente ha comenzado también a colaborar en programas de televisión.

Nos alegramos enormemente de su recuperación y le agradecemos de corazón sus sinceras palabras. Esperamos que sirvan de inspiración para otras personas que también atraviesan momentos difíciles.

Por si no pudiste disfrutar de Javier y su característico humor, aquí te dejamos algunos de sus mejores puntos como hombre del tiempo.

Fuente: huffingtonpost.es

Publicado en Miscelánea