Antes de entrar en un programa de televisión los concursantes deben pasar varias pruebas ante un jurado que determina su idoneidad. Es lo que habitualmente se conoce como casting.

En función del tipo de programa, el jurado evalúa su imagen, conocimientos, carácter y perfil psicológico. Es decir, nada de lo que ocurre en un programa como Gran Hermano o MasterChef, es fruto de la casualidad.

Obviamente hay cierto libre albedrío una vez dentro, pero los concursantes elegidos no forman parte del elenco si no es por los intereses de la cadena, productora o dirección.

El caso de Masterchef.

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Para quien no lo conozca, MasterChef es un programa de cocina que ya estrena su tercera edición y que se emite en diferido a tavés de “La 1” de Televisión Española, un canal público sufragado a través de los impuestos de los ciudadanos.

Quiero señalar que el programa es en diferido, para remarcar que la cadena es perfectamente consciente del tipo de programa que hace, ya que controla el proceso de montaje y puede decidir qué enfoque dar al programa.

Este concurso gastronómico enfrenta a varios aficionados a la cocina a competir en la elaboración de platos originales, recetas y pruebas de equipo.

Aunque ninguno es cocinero ni tiene titulación en hostelería, los concursantes poseen un nivel alto de conocimientos sobre técnicas de cocción, elaboración y tendencias, adquiridas de forma autodidacta movidos por su pasión por la cocina.

Los concursantes

Como decíamos al principio, ninguno de ellos está allí por casualidad, han sido elegidos por la dirección del programa entre miles de aspirantes en función de sus intereses, que no son otros que convertir el concurso en un éxito de audiencia.

Para ello suelen seleccionar perfiles competitivos, perfeccionistas, excéntricos… buscando que las tensiones entre ellos generen un trasfondo tragicómico que mantenga a los espectadores pegados al televisor.

El problema viene cuando introduces a gente muy por debajo del nivel del resto y con un carácter personal más retraído con el único objetivo de reírte de él y ridiculizarlo.

Sí, porque aunque tenga la libertad e ilusión de hacer lo que estime oportuno dentro de la competición, nunca tendrá opciones reales para ganar.

Alberto y su plato “León come gamba”.

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Rosa de “Operación triunfo” resultaba diferente de sus compañeros, todos jóvenes atractivos y con carisma. Sin embargo, “el patito feo” ganó la edición, pero no sólo porque su apariencia generará una gran empatía sino porque poseía una gran voz.

Sin embargo, el caso de Masterchef es completamente distinto, pues Alberto, un estudiante de medicina de 18 años, no sólo no poseía los conocimientos necesarios para enfrentarse a sus compañeros en igualdad de condiciones, sino que resulta increíble que haya superado a los miles de concursantes que se quedaron a las puertas.

Tras varios días en los que se ha puesto en duda sus cualidades y carácter para estar allí, (cuando es el mismo programa el que previamente ha evaluado ese aspecto y lo ha incluido en el concurso), Alberto presenta el plato de la discordia, una ensalada de gazpacho con forma de león.

“El plato se llama león come gamba, y lo he hecho para demostrar que tengo todo el carácter que se necesita para estar en una cocina”.

Las caras de estupor y sorpresa se suceden entre los compañeros y el jurado, pero cuando se demuestra que la patata está dura, comienza un espectáculo de humillación lamentable.

“Esto es un insulto a mi inteligencia, al jurado y a 15000 personas que se quedaron fuera”… “Tú no has entendido nada. Soy cocinero desde hace mucho tiempo y en mi vida he visto una marranada como ésta.”

Finalmente Alberto es expulsado del programa de forma directa por unos jueces visiblemente ofendidos por el plato presentado sin ningún tipo de deliberación, como vemos en el siguiente vídeo:

Completamente humillado, el concursante se retira a ser entrevistado por la presentadora, una corta entrevista en la que no para de pedir disculpas y de asegurar que no volverá a cocinar jamas.

Tras romper en lagrimas, algunos miembros del jurado cambian su actitud, y le animan, no sin remarcar que ha estado poco afortunado y que esto “es masterchef y aquí el listón está muy alto”

El plato más viral de la historia.

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Inmediatamente y como no puede ser de otra manera, internet implosiona en un sin fin de parodias y memes a costa de la ocurrencia del concursante.

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“León come gamba” se convierte en trending topic en internet, consiguiendo que el público hable de ello durante horas y elevando el share del programa hasta el infinito.

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Un hecho insólito que pasará a la posteridad y que será recordado durante años, como bien es deseo de la dirección del programa.

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Aunque por lo menos el concursante se lo ha tomado con humor.

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Increíble pero cierto.

Reconozcámoslo, el plato es increíble y resulta tan infantil que no hay por donde justificarlo. El concursante peca de una ingenuidad pasmosa pero, a mi juicio, carente de cualquier maldad, ánimo de ofensa o de insultar como asegura el jurado.

Es un despropósito y efectivamente no es digno del nivel que tiene el concurso, pero es que Alberto no ha llegado hasta allí por casualidad.

El único motivo posible de su presencia, es que la dirección y ojeadores del programa podían prever que su personalidad y su falta de nivel darían mucho que hablar, y así ha sido.

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Una televisión pública que se ríe de los ciudadanos que la financian y que elige a concursantes con el único objetivo de humillarlos para ganar audiencia, no acompaña a la filosofía y valores que la cadena debe defender.

Si la televisión pública se financia con impuestos es para hacerla más independiente y para que sea capaz de crear un contenido de calidad, acorde con valores sociales y cívicos. Este modelo, es el que le permite cumplir con su función pública y no estar sujeta a realizar tretas y humillar a personas, para eso tenemos el resto de cadenas.

Publicado en Miscelánea