¿Alguna vez os habéis preguntado qué se esconde tras las obras más importante de la historia de la pintura o la fotografía?

¿Cual sería la razón del grito de Munch? ¿Qué esconde la sonrisa de la mona lisa? ¿Llegaron a casarse el marinero y la enfermera de la fotografía de ‘El beso de Times Squeres’ de Robert Doisneau?

Desafortunadamente no siempre descubrimos la verdad detrás de la ficción y como en todo, debemos hacer nuestras propias interpretaciones. A veces muy equivocadas.

Descubre la trágica historia que se esconde detrás de ‘El buitre’ la controvertida imagen de Kevin Carter, quién se suicidó tres meses después de ganar el premio Pulitzer en 1994, según dicen, por el revuelo que provocó su trabajo, aunque la realidad es que no fue por la fotografía.

La fotografía de la discordia.

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El ‘buitre’ es sin duda la fotografía más icónica y representativa del hambre en África, y la culpable de remover las conciencias occidentales ante esta gran tragedia.

Corría el año 1993 y un joven periodista de 32 años llamado Kevin Carter se encontraba en Sudáfrica cubriendo el terror de la guerra tras la llegada al poder de los radicales.

La guerra, nunca cabalga sola y junto a ella van la enfermedad, el hambre y la muerte; pero Carter no era un fotógrafo que se amilanara ante la crueldad del ser humano.

Arriesgando la vida y la salud, Carter hizo lo mejor que sabia hacer, informar con sus fotografías y mostrar el horror en el que miles de personas vivían.

En la última parada de su viaje llegó hasta un centro de ayuda humanitaria de la Onu, en aquel lugar realizó sus ultimas fotografías que mostraban la llegada de la tan ansiada ayuda internacional.

A 10 minutos de coger su helicóptero para regresar a casa, una extraña estampa se cruzó en su camino, un niño exhausto dormitaba en el suelo mientras un buitre lo acechaba.

Como buen fotógrafo se sentó a esperar, y cuando la escena fue propicia disparó su cámara y tomó la tan famosa instantánea.

La trágica historia.

La imagen era tremendamente poderosa y cuando el periódico New York Times la publicó, el nombre de Carter entró en los libros de historia.

Nadie podia permanecer impasible ante tal sufrimiento, ante un niño desnutrido y ante tanta miseria. La causa indigno a la opinión pública y por fin la movilizó. Lamentablemente la fotografía se volvió contra Cárter.

La gente no podía comprender como se sentó a esperar, y la sociedad lo juzgó duramente. Acusado de ser “el verdadero buitre de la fotografía” y de haberse aprovechado de aquel niño al que no ayudó.

¿Qué habría sido del niño? ¿Hubiera Carter hecho más por él de haberlo recogido? ¿Y por África?

Tras ganar el Pulitzer en 1994, abandonó lo que más le gustaba hace, dejando su empleo de fotoreportero y comenzando a trabajar como fotógrafo de naturaleza, sin embargo la presión de la crítica continuaba creciendo y entonces sufrió otro gran golpe. Su mejor amigo y compañero Ken Oosterbroek murió mientras cubría un tiroteo en Tokoza, Johannesburgo.

Deprimido por la noticia, desilusionado por su trabajo y agotado de la crítica y el horror de lo que había visto, Carter se suicidó a los 33 años. Su nota de suicidio decía así:

“Estoy deprimido […] sin teléfono […] dinero para el alquiler […] dinero para la manutención de mis hijos […] dinero para las deudas […] ¡¡¡dinero!!! […] Estoy atormentado por los recuerdos vívidos de los asesinatos y los cadáveres y la ira y el dolor […] del morir del hambre o los niños heridos, de los locos del gatillo fácil, a menudo de la policía, de los asesinos verdugos […] He ido a unirme con Ken, si tengo suerte.”

Realidad contra ficción: el buitre solo estaba merodeando la zona y el niño no estaba moribundo, defecaba, es más, sobrevivió hasta los 18 años.

Lo cierto es que Carter era una persona con problemas personales, una familia complicada, una personalidad algo desordenada y depresiva, y un estilo de vida caótica llena de experiencias trágicas.

Si la presión y la crítica fueron determinantes para su final, no se sabe a ciencia cierta, pero lo cierto es que estaban ahí. Decide tú mismo.

Nadie vio morir a aquel niño pequeño tirado sobre la sabana africana, ni a la criatura devorarlo, pero la opinión se cebó contra él. Las circunstancias de su muerte llevaron a muchos a investigar la historia y consiguieron descubrir la verdad.

El buitre se encontraba a 20 metros del poblado, pero esperó a que entrara en el plano, y la niña (que resulto ser un niño) sólo estaba defecando, debido a las diarreas. 

Kevin_Carter

El niño se llamaba Kong Nyong y no murió. Como bien dijimos al principio, Carter había llegado a la zona de ayuda humanitaria y si miramos la famosa fotografía

podemos observar que el niño tiene en su mano derecha una pulsera de plástico de la estación de comida de la Organización para las Naciones Unidas (ONU). En ella figuraba el código T3, la T que lo identifica como enfermo de malnutrición severa y el 3 que indica que fue el tercero en recibir la ayuda humanitaria en el campamento.

18 años después, un equipo de periodistas viajó al lugar y logró constatar que el pequeño sobrevivió a la hambruna

pero que murió en 2007 a consecuencia de unas fiebres.

A pesar de ello ya era tarde para el niño y para Carter, quien acusado de ser un desalmado fue determinante para salvar y cambiar la situación de África en la década de los 90, por lo que se merecía el Pulitzer, pero no toda esta crítica.

Fuente:

wikipedia

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