¿Cuántas dietas, fórmulas y productos milagros existen en el mercado? ¿Y cuántos conoces que funcionen de verdad?

Lo cierto es que no conozco a nadie que haya hecho una dieta milagro satisfecho con sus resultados, sobre todo a largo plazo. Y es que aunque pueda parecer que la dieta funciona, una vez concluida la misma, el efecto rebote y las consecuencias de una alimentación restrictiva y nutricionalmente pobre se hacen notar.

La única forma 100% efectiva de mantenerte en tu talla es realizar ejercicio y tener una alimentación equilibrada. Realizando 5 o 6 pequeñas comidas al día evitarás el hambre y los atracones, así podrás disfrutar de la comida e incluso de algunos placeres como el chocolate y el dulce de forma puntual.

Cansado de realizar dietas milagro sin resultados, y con unos peligrosos 180 kilos, Jon Gabriel decidió cambiar de vida.

Poco a poco y aprendiendo a comer inteligentemente Jon fue perdiendo peso y ganando salud. Estas son las 7 cosas que descubrió durante su proceso de cambio que le permitió perder 100 kilogramos sin hacer dieta.

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Me llamo Jon Gabriel y en 2001 ya pesaba más de 180 kilos. Hasta ese momento había realizado miles de dietas diferentes, incluso gasté miles de dólares en visitar al famoso Dr. Atkins antes de su fallecimiento, y aun así no había conseguido nada.

Cada dieta era diferente, pero todas terminaban de la misma forma. Cada una tenía una lista de alimentos prohibidos y otra permitidos que debías seguir a rajatabla. A pesar de tu fuerza de voluntad, llegaba un punto en el que no podías aguantar más y abandonabas tu dieta celebrándolo con un mayúsculo atracón. En cuestión de días, recuperabas el peso perdido más unos 5 kilos extra. Este patrón se repitió una y otra vez hasta pesar 185,5i kilogramos, mi máximo.

El 11 de Septiembre de 2001, debía haber volado en el trágico vuelo UAL 93, el que chocó con las Torres Gemelas, pero por alguna circunstancias tuve que cancelarlo en el último momento y eso me salvó la vida.

Me hizo recapacitar, la vida me había dado una segunda oportunidad y no podía malgastarla. Allí estaba yo matándome a trabajar en Wall Street, en un trabajo que odiaba y encerrado en un cuerpo que aborrecía. Había que cambiar.

Ese día decidí bajarme de la montaña rusa de la dieta y resolver mi problema de forma seria. Para ello, decidí averiguar y comprender qué era lo que hacia mi cuerpo para ganar y conservar mi peso. Desempolvando todos mis conocimientos aprendidos en la Universidad de Pensylvania durante la obtención de mi antiguo título de bioquímica, comencé a leer 12 horas al día sobre todo tipo de hormonas, enzimas, neurotransmisores y químicos que causan el aumento de peso.

Así descubrí que no todo es contar calorías, sino que un equilibrio hormonal adecuado favorece la perdida de peso. Cuerpo y mente trabajan juntos y debemos tomar un enfoque holistico para alcanzar la plenitud física y mental, pues no hay una sin la otra.

Durante un período de dos años, fui perdiendo 100 kilogramos, sin hacer dieta. Comiendo lo que quiero, cuando quiero. Estas fueron las claves de mi transformación.

1. Abandonar la dieta y empezar a nutrirme.

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Descubrí que mi cuerpo estaba muerto de hambre, al menos nutricionalmente hablando. Mis dietas y malos hábitos me habían privado de ciertos nutrientes esenciales como los ácidos grasos Omega-3, alimentos fresco y proteínas de calidad.

A partir de entonces empecé a comer alimentos nutricionalmente ricos. Si quería comer hamburguesas y pizzas, me lo permitía, pero en unas semanas mi cuerpo empezó a preferir la calidad de los alimentos frente a la comida basura, pues me habían sentir mejor y más satisfecho.

2. Curé mi digestión.

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Descubrí que una de las cosas que me hacian estar mal eran mis procesos digestivos. Una mala alimentación puede causar inflamación y acabar con tu flora intestinal, lo que hace que sea imposible extraer los nutrientes necesarios durante la digestión y activa los mecanismos para almacenar grasa.

Comencé a comer alimentos fermentados y otros probióticos, y mis problemas digestivos fueron desapareciendo.

3. Compré una máquina CPAP para mi apnea del sueño.

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La apnea del sueño es una condición que afecta a muchas personas con sobrepeso. Se crea un ambiente hormonal en el cuerpo que estimula el aumento de peso al provocar niveles elevados de cortisol. Esta sustancia es la responsable de los antojos y atracones de comida basura y la resistencia a la insulina. La apnea del sueño se trata fácilmente con una máquina CPAP. La máquina sopla aire en la nariz y la boca para evitar la tráquea abierta, para que pueda dormir toda la noche sin problemas.

La mayoría de las personas que tienen apnea del sueño ni siquiera saben que la tienen, aunque sus familiares si, ya que roncan muy fuerte. Resulta que yo tenía uno de los peores casos de apnea del sueño que mis técnicos de estudio del sueño habían visto, pero al estar soltero nadie me había abierto los ojos.

Desde el momento en que comencé a utilizar la máquina CPAP, mejoré mi descanso y empecé a tener más energía y menos antojos de comida basura lo que contribuyó a que mi peso continuara bajando.

4. Control de estrés.

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Al igual que la apnea, el estrés obliga a nuestro cuerpo a segregar cortisol, una hormona que como hemos dicho pone al cuerpo en estado de alerta, acumulación de grasa y que favorece los atracones. Por eso es muy importante aprender a controlar tu estrés con actividades como meditación y motivación. De esta forma nuestra salud emocional se verá beneficiada y por consiguiente nuestro cuerpo.

5. Hice mi vida más sostenible.

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Reduje mis gastos, me trasladé a una residencia más modesta y asequible, y empecé a cultivar yo mismo algunos alimentos. Esto me hizo sentirme más tranquilo, con menos facturas y sorpresas desagradables. Saber que en cualquier momento podía salir a cuidar mis plantas y recoger alimentos llenos de vitalidad era algo que me encantó.

6. Resolví algunos problemas emocionales importantes.

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Algunas personas hemos utilizado nuestro sobrepeso como amortiguador de otros problemas a los que no hemos querido enfrentarnos. Al menos esto era así para mi, y sabía que tenía que enfrentarme a ellos. Empecé a ir a terapia y realizar algunos ejercicios mentales, para visualizar las cosas, así fui resolviendo mis problemas del pasado y fui sintiéndome más seguro de mi mismo.

La seguridad en uno mismo es algo imprescindible en la vida y algo que te ayuda enormemente a perder peso. Con los años me he dado cuenta de que el 65-70% de los clientes que trato con sobrepeso, han utilizado la comida como protección. Yo lo llamo “obesidad emocional” y cuando se trata el problema emocional, la armadura de grasa comienza a desaparecer.

7. Desintoxiqué mi cuerpo.

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Después de perder 100 kilogramos e investigar sobre los procesos hormonales y su reflejo sobre la mente y el cuerpo, también aprendí cosas sobre las toxinas, sustancias que se acumulan en nuestro cuerpo junto con la grasa.

Comencé a comer productos ecológicos, beber mucha agua y otras bebidas alcalinas como el agua con jugo de limón o vinagre de sidra de manzana, zumos verdes y un montón de ensaladas y brotes y verduras. Reducir el alcohol y eliminar el tabaco, elegir alimentos naturales en vez de procesados.

Este truco debió de funcionar, pues perdí mis últimos 50 kilos mucho más rápido y mejor que los 50 primeros.

 

Jon Gabriel, asegura que el sobrepeso no es un problema físico, también lo es mental por eso las dietas fracasan. Tomando un enfoque más amplio, consiguió plantear una perdida de peso más sensata y realista que le permitió perder 100 kilos en dos años.

Ahora su libro El Método Gabriel es un best-seller internacional, traducido a 14 idiomas, con más de 350.000 lectores en todo el mundo.

Fuente: mindbodygreen.com

 

Publicado en Salud