Vivimos en un tiempo en el que casi todo lo que comemos es procesado, clasificado y modificado de una u otra manera. La comida vende más por factores tan superfluos como su aspecto en lugar de otros fundamentales como por ejemplo su sabor o sus beneficios para nuestro organismo. Hay veces que somos bastante conscientes de lo que esto significa, pero en otras ocasiones no llegamos a darnos cuenta de hasta qué punto podemos llegar a estar siendo engañados.

Sopas de pollo sin pollo

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Aunque existan ciertas normas y leyes a la hora de envasar y etiquetar los artículos, para las empresas distribuidoras es prioritario que el embalaje sea lo suficientemente atractivo para que el consumidor se fije y lo adquiera. Esto no se consigue si, por ejemplo, en los sobres de sopa instantánea de pollo pusieran en primer lugar y visiblemente, que cada ración de este producto no llega a contener el 1% de dicha gallinácea.

Sandwich de York sin jamón de York y caras sopas de bogavante cuyo principal ingrediente es el camarón

Grandes marcas recurren a estas tretas como por ejemplo “El Pozo”, donde su producto “sandwich de york” no contiene ni un ápice de jamón, sino fiambre, que es una mezcla de carne de cerdo con féculas. Knorr no se queda atras y vende su crema de bogavante con cilantro e hinojo con el nombre del marisco bien grande en su parte frontal pero ¡oh sorpresa! cuando miramos sus ingredientes vemos tan solo un 0,5% de este crustáceo. Una cantidad ridícula si lo comparamos con el 5% de camarón que lleva este mismo producto. Tal vez el nombre más adecuado sería “Crema de camarón con hinojo y cilantro”, pero claro, hay mariscos que venden mejor que otros.

crema bogavante

Sin azúcar, pero con una composición y preparación que te harán engordar más que si la llevan

artiach

Los productos pasteleros son los que se llevan el premio en cuanto a este tipo de tretas. Por ejemplo, en los barquillos de nata Artiach, vemos un enorme 0% azúcares en su paquete. Algo francamente atractivo si estamos preocupados por nuestro peso, queremos ponernos a dieta o simplemente estamos buscando algo un poco más sano para merendar. Por supuesto, no todo el monte es orégano ni todo es tan bonito como lo pintan, ya que a falta de azúcares, estos barquillos llevan un 26% de grasas procedentes de aceite de coco, algo mucho peor que si llevase solo azúcar.

¿Calamares? No, rebozado de “vete tú a saber qué”.

anillas romana

Mucho cuidado tenemos que tener también con productos precocinados como son las anillas a la romana. Con ese aspecto y ese nombre todos damos por sentado que lo que estamos comprando y comiendo son unos deliciosos calamares a la romana, pero nada más lejos de la realidad. En más de una ocasión y solo cuando miramos bien la etiqueta del producto, nos encontramos con que estas anillas no han visto un calamar en su vida ni de lejos, ya que su principal ingrediente es “producto de pesca elaborado” lo que no obliga a la inclusión de carne del cefalópodo.

Hamburguesas de 80% carne, 20% cosas varias

carne picada

No podemos acabar este artículo sin nombrar a la carne picada. Nos referimos, por supuesto, a esas bandejas que tienen ya en cualquier supermercado y que en realidad suelen contener menos de un 80% de carne, ya que el 20% restante suelen ser cereales, sulfitos y espesantes, este caso se da más abundantemente si la carne en cuestión está nombrada como carne para hamburguesa. Todo esto podemos comprobarlo al mirar la letra pequeña de sus etiquetados. Claro está, lo anteriormente mencionado no se aplica a la carne que compras directamente en la carnicería y que pican delante de tus ojos.

Debemos tener todos los sentidos alerta cuando vamos a hacer la compra, ya que las empresas no tienen muchos escrúpulos al intentar engañarnos de las formas más variopintas y, todo hay que decirlo, amparadas por la más estricta legalidad. ¿Conocéis más casos de productos “engañosos” como los de arriba? La próxima vez que vayáis al supermercado fijaos un poco más en la letra pequeña y contadnos si habéis detectado algo que os haya hecho llevaros las manos a la cabeza.

Fuente: El economista

Publicado en Salud