Hace algunos meses me dormía por los rincones, a pesar de haber hecho un tratamiento con suplementos de hierro porque me detectaron una anemia incipiente. Incluso podía dormirme realizando las tareas más rutinarias, lo cual me llevaba a automedicarme con pastillas de cafeína y vitaminas que prometiesen energía a raudales.

SOLUCIONES INCORRECTAS

Ninguna de las soluciones antes mencionadas eran de mi agrado, llevo una dieta sana e ingerir pociones mágicas no entra dentro de los parámetros de la misma, así que decidí ponerme en manos de la ciencia. Primero me hicieron una serie de análisis, incluso hormonales. Diagnóstico: “la paciente presenta elevados niveles de serotonina”.

“Pero no se preocupe, yo tengo lo mismo y no es nada grave, sólo significa que tiene la hormona de la felicidad subida y eso no debe preocuparle”, me dijo el médico. Luego de la primera impresión, el diagnóstico hizo asomar una sonrisa a mi rostro. No cada día le dicen a una que tiene la hormona de la felicidad subida.

AMIGA SEROTONINA

La serotonina es un “neurotransmisor que trabaja para el sistema nervioso” y está íntimamente relacionada con la melatonina y nuestro estado de ánimo, pues ha sido catalogada como la clave de la felicidad. “La serotonina deriva de un aminoácido llamado Triptófano, y una de sus labores principales es inducir la producción de melatonina”.

La melatonina es la hormona que regula el reloj biológico y el proceso de oxidación del organismo, el déficit de la misma produce insomnio, depresión, y acelera el envejecimiento. Así que al estar serotonina y melatonina tan íntimamente relacionadas, si una se descompensa, la otra se vuelve loca.

Según el médico, el elevado nivel de serotonina me provoca periodos de euforia energética: lo doy todo en un momento determinado y agoto mi poderío, entonces la melatonina entra en acción y me duermo. Y yo que pensaba que eso se debía a mi destino marcado en las estrellas. Soy aries y la euforia, la impulsividad y el derroche de energía son parte del pack o del karma astrológico. Y yo soy muy aries.

Y LOS INVESTIGADORES ¿QUÉ DICEN?

Estos días he tenido acceso a un estudio de la Universidad de Duke, de Carolina del Norte, el mismo afirma que las mujeres “requieren mayor cantidad de horas de sueño para lograr un descanso efectivo, en comparación con lo que necesitan los varones”. Es decir, no sólo necesitamos más horas de sueño las que tenemos la serotonina por las nubes. Biológicamente, todas precisamos dormir más.

Según los especialistas, las mujeres necesitamos más tiempo de descanso producto del desgaste diario, somos multitarea, es decir, realizamos varias labores a la vez y además trabajamos fuera del hogar en jornadas laborales igual de extensas que las de los hombres, por lo cual al final del día estamos más muertas que vivas.

El estudio de Duke afirma que satisfacer las necesidades de la familia y salir a buscar el sustento, “demandan un desgaste extra en el cerebro de la mujer y por eso requiere dormir más”, también afirma que “las féminas que no duermen suficiente son más propensas a sufrir depresión, angustia, poca tolerancia y enojo”.

En contraste, el estudio revela que “a los hombres la falta de sueño no les provoca ninguno de estos sentimientos”. Y de eso también puedo dar fe. Mi marido duerme un promedio de 5 horas al día y funciona como una máquina bien aceitada, además así le gana horas al día y puede hacer todo lo que desea. 

Yendo al otro extremo, es preciso mencionar que la falta de sueño en humanos y animales puede producir obesidad, presión arterial alta, reducción de la vida y además afecta al rendimiento mental. Según un estudio de la universidad de Pennsylvania, el 37% de los accidentes automovilísticos es producido por conductores somnolientos.

La Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos corrobora que “dormir poco hace que nuestro cerebro no funcione como debe, provocando dificultades en la toma de decisiones y de comprensión”. Esta misma institución establece entre 7 y 9 horas de sueño para los hombres y 20 minutos más para las mujeres.

Por otro lado, investigaciones previas afirman que si las mujeres no duermen suficientemente corren un alto riesgo de sufrir problemas mentales, así como inflamación, enfermedades cardíacas y ataques cerebrovasculares. “La falta de un sueño reparador origina que el cuerpo de la mujer no sólo se inflame, si no que además, pueda verse afectado por dolores musculares”.

“Una buena noche de sueño aumenta el poder del cerebro de las mujeres, mientras que los hombres se benefician de siestas cortas”, dice el estudio de Duke, y de esto también doy fe. Mi marido suele realizar sus famosas ‘power naps’ -pequeñas siestas- a lo largo de día y cada vez que despierta se siente renovado, yo en cambio preciso de siestas largas de lo contrario despierto más cansada e inquieta, por decir lo menos.

A LAS PRUEBAS ME REMITO

Según un estudio sobre las moscas publicado en la revista Science, “las siestas largas son cruciales para el desarrollo cerebral y la capacidad de aparearse”. Investigadores del Instituto Médico Howard Hughes, en California, y de la empresa Celera Genomics que secuenciaron el ADN de la drosophila melanogaster (mosca de la fruta), encontraron que “el insecto comparte con los humanos muchos genes responsables del cáncer y del Parkinson”.

Otro estudio el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pennsylvania también manifiesta que “las moscas más jóvenes duermen mucho más que las adultas y son más remolonas para despertar”. El resultado de este trabajo confirma la hipótesis que sostiene, “que el sueño en las etapas tempranas del desarrollo -es decir, durante el crecimiento- es importante para la formación de patrones en el cerebro y es común a múltiples especies”. 

A DORMIR SE HA DICHO

Los estudios sobre humanos han demostrado que “la falta de sueño durante los períodos críticos del desarrollo, pueden tener consecuencias graves y duraderas”, cita también la investigación de la Universidad de Pennsylvania. Así que soy una mosca joven y feliz, y viendo el lado positivo de las cosas: cuando duermo – en mis sueños- también puedo volar. 

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