Desde que nacemos mujeres nos educan y condicionan para ser frágiles, delicadas y bonitos objetos de admiración, a los niños por el contrario se les anima a ser fuertes, a no llorar porque no es cosa de hombres, a ser valientes y -en el caso de que la tenga- a cuidar a su hermanita porque es “el hombrecito de la casa”. Según un estudio publicado en The Journal of Pedriatric Psychology los padres son hasta 4 veces maś protectores con las niñas que con los niños. 

“No te subas a los árboles que eso es cosa de hombrecitos. No te tires a jugar en el piso que te ensuciaras toda. No te metas mucho al mar que te puedes ahogar. No te acerques a los perros que te pueden morder y a los gatos tampoco que son del diablo y al monito del organillero ni se te ocurra acercarte mucho porque esos animales son traicioneros, te enroscan la cola en el cuello y te ahorcan”. Yo tuve una madre llena de miedos y durante mi infancia no hizo más que transmitirmelos.

Y con los años la lista de temores se iba haciendo más y más larga, llegó incluso a no permitirme ir a fiestas porque le daba miedo la gente con la que podría alternar y lo que podrían hacerme y por lo tanto no podía ir a este tipo de eventos si no iba con ella, cosa que jamás acepté y por ello sólo comencé a asistir a convites varios -y sólo hasta las 11 pm- cuando entré a la universidad, a los 17 años. Sin embargo, no tuve una juventud aburrida, sólo me costó un poco más salirme con la mía.

Cuando tuve a mi hija me jure que no le metería ningún miedo, es más, que enfrentaría los míos con ella y así lo hice y lo hago. Cada vez que se subía a un tobogán que la asustaba, yo la animaba o me subía con ella y nos tirabamos las dos, hice lo propio para que se atreviera a escalar.  Cuando tenía 3 meses de edad le dije a su padre que se metiera con ella al mar, yo no me atrevía, por ese entonces no sabía nadar y me daba miedo -he aquí la palabreja- que se me escapase de las manos. 

Debido al temor al mar que mi madre me transmitió – aunque de niña fuí a clases de natación- nunca pude aprender a nadar. El cerebro es poderoso y te reconcome con sus ideas anulando la voluntad, por eso a mi hija desde los 3 años la puse en clases de natación, no quería que le pasase como a mi que cada verano veía a mis amigos adentrarse en el mar y disfrutar, mientras yo me quedaba esperando en la orilla a que volvieran.

Unos años después yo también me metí a hacer cursos de natación, y ahora nado feliz disfrutando de la ingravidez de mi cuerpo y relajándome mientras me deslizo en el agua y esto que podría ser irrelevante para algunos, para mi significa poder. Si he aprendido a nadar es porque he logrado acallar el miedo que según mi madre me mantenía lejos de los peligros del mar y eso me hace sentirme más segura, completa y orgullosa de mi misma.

A mi hija también la anime a tocar todos los animales que se le cruzaban por delante, como siempre ha vivido en poblaciones rurales, desde pequeña ha jugado con vacas, cabras, caballos, gallinas, perros y gatos y no le teme a ninguno, al contrario se abalanza sobre ellos. Ahora tiene 11 años, pero cuando tenía 3 o 4 se tiraba encima de los perros que veía por la calle y los abrazaba y si por casualidad en medio del juego la mordían, se reía como loca y seguía en sus afanes. 

No sé cómo sea mi hija en el futuro, sólo sé que he intentado darle las armas para que sea fuerte, feliz, segura de sí misma y poderosa. Quiero que mi hija sea lo quiera ser y se relacione con los hombres de igual a igual, no quiero que espere al príncipe azul pensando que esté la defenderá de todo mal, quiero que mientras le espera -si le quiere esperar- sepa que mujer y hombre están hechos para complementarse y no para ser uno más que el otro. 

Por eso inculcarles a nuestras hijas que tienen la capacidad para hacer lo que quieran es justo y necesario. El miedo sólo debe servirnos en la medida en la que nos pone alerta ante las situaciones de peligro, pero nunca debe paralizarnos, por eso, a las que lean este post, me gustaría saber qué miedos les inculcaron de pequeñas y cómo eso ha influido en vuestras vidas. 

Este artículo también ha sido publicado en teleoLeo.com

Publicado en Relatos