En España aún no nos hemos recuperado del shock por la acción de un joven de 13 años que ha asesinado con un machete a un profesor y herido a varios compañeros en Barcelona, pero ya nos hemos encontrado con algunos juicios de valor que nos hacen cuestionarnos el tratamiento que le dan los medios de comunicación a según qué asuntos.

Porque claro, ahora resulta que el joven era un aficionado a la serie The Walking Dead y en su foto de perfil en Facebook (¡oh, Dios mío!) tenía una calavera en llamas.

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Da igual que el joven tuviese evidentes problemas psicológicos, o que a sus propios compañeros les contase en su momento que tenía una lista negra con 25 enemigos… No oiga, aquí lo que importa es que al chaval le gustaba una serie de televisión sobre zombies asesinos y en Facebook tenía una foto de perfil en la que salía una calavera que buena pinta, lo que se dice buena pinta, no tiene.

Porque además, ¿por qué sabemos que le gustaba The Walking Dead o las películas de anime gore? ¿Porque él lo fuera pregonando a los cuatro vientos? No, porque estaban en su lista de likes en Facebook. Y los likes en Facebook, como todos sabemos, son vinculantes e incuestionables. Sí, vale, también es cierto que en su Facebook había puesto que trabajaba en Mariscos Recio (la empresa de uno de los personajes de la serie de humor La Que Se Avecina), y también le dio like a una serie tan satánica como Hora de aventuras… pero nada, que no. Aquí cogemos lo que nos interesa.

La obsesión con los videojuegos

En este caso ha sido una serie, pero, por lo general, este tipo de cosas suelen darse con los videojuegos. En la lista de videojuegos que crean asesinos inmisericordes tenemos varios: Final Fantasy (creador del asesino de la katana), Grand Theft Auto (que inspiró a Devin Moore), Dead Rising (que hizo que un joven matase a su padre), Audition Latino (que provocó la muerte de Diego Lara), Call of Duty (que hizo al joven Andreu matar a su padre)…

Pero tranquilos, que la cosa no se queda ahí: antes de los videojuegos la culpa la tuvieron los juegos de rol, Marilyn Manson… o incluso el pobre Edgar Allan Poe, que, no contento con los asesinatos de sus personajes de ficción, también tuvo que cargar con los de la vida real.

En fin, ¿por qué cuando una persona no es aficionada a los videojuegos violentos, ni a las series violentas, nadie lo dice? Porque sería absurdo, ¿verdad? Pues con esto pasa lo mismo. ¿Nos dará alguna vez por titular que un asesino que ha matado a diez personas NO era aficionado a ninguna de estas cosas? ¿Hablaremos alguna vez de todas las personas que son aficionadas a este tipo de cosas y no les da por ir matando gente por ahí? ¿Hablaremos de las aficiones del próximo asesino que sea noticia si descubrimos que le gustaba escuchar a Shakira, que esa sí que es una clara evidencia satánica?

Prejuicios, ignorancia… y estupidez

Pero, ¿qué lleva a un periodista, a un psicólogo, a un opinador o –en definitiva– a un todólogo a decir que la conducta asesina de una persona puede estar condicionada por su afición a los videojuegos violentos? En realidad es una mezcla de varias cosas: desconocimiento, ignorancia, prejuicios… y también un poco de estupidez, por qué no decirlo. Al final, el caso es echarle la culpa a algo que no nos guste, que nos parezca feo y que, ya que estamos, veamos bien que se prohiba.

Lo malo de los prejuicios es que a veces cruzan más allá de los videojuegos y se adentran en trincheras mucho más peligrosas. ¿Por qué si alguien mata a los dibujantes de Charlie Hebdo le echamos la culpa al Islam, pero si un ultracatólico nazi asesina a 77 personas en Noruega decimos que es un simple loco?

En fin, cómo añoro la época en la que no había videojuegos ni series violentas. Entonces nadie asesinaba a nadie, ¿verdad?

Publicado en Miscelánea