Las armas son siempre algo negativo. Se mire por donde se mire, sean o no nucleares, solo traen miseria para la humanidad y para el planeta. El físico Max Tegmark es un cosmólogo sueco-estadounidense y profesor en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Pertenece a la dirección científica del Instituto de Cuestiones Fundamentales y ha sido el encargado de contestar por qué deberían preocuparnos las armas nucleares.

Si ya tenemos un concepto muy bajo de este tipo de armas, después de ver este vídeo nos daremos cuenta de que son aún más peligrosas de lo que pensábamos.

Lo peor no son las explosiones, ni el terrorismo que matan a millones de personas, ni siquiera las lluvias radiactivas que acabarían con la vida de muchos más. Ni tampoco lo es un pulso electromagnético de gran altitud que llegaría a generar el caos en todo un continente.

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No, nada de eso. Lo peor que puede pasar si hubiera una guerra nuclear sería el frío máximo. La mayor amenaza es un invierno nuclear global. Esto provocaría una mini glaciación con invierno durante todo el año, lo que provocaría que cambiasen, entre otras muchas cosas, la forma de alimentarnos pues ningún cultivo ni ganado podría sobrevivir así.

Sería tan grave que acabaría matando a prácticamente toda la población del mundo. Pero, ¿no se habían deshecho las principales potencias mundiales de las armas nucleares tras la Guerra Fría?

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Por desgracia, aunque el número de estas armas se redujo considerablemente tras la Guerra Fría, aún hay 7.000 cabezas nucleares que están bajo el poder de los Estados Unidos y otras 7.ooo en Rusia; sin contar las de otros países.

Y lo peor de todo es que algo así no tendría por que ser producto de una guerra nuclear, sino que lo más probable es que ocurriera de forma accidental, por fallos en el sistema, filtraciones en la seguridad o confusiones.

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Lo normal sería que los países no tuviesen más armas nucleares que las necesarias para disuadir conflictos (o mejor aún, que no tuviesen ninguna), pero, al contrario, la realidad es que su número aumenta. Así es como nos surge una pregunta inevitable ¿qué podemos hacer nosotros en todo esto?

Existe una pequeña acción en la que podemos tomar parte, y es precisamente no colaborar con las empresas que apoyan cruzadas como esta.

Un invierno nuclear acabaría con toda forma de vida conocida. Al parecer, no habría forma de salir airosos de esta situación, pero podemos informarnos y actuar como indica este vídeo.

Fuente: MinutoDeFisica

Publicado en Ciencia