Preferimos contaros historias alegres antes que historias tristes, pero hay algunas que no podemos dejar pasar a pesar de que no terminen como nos gustaría, como es el caso de ésta. Y el motivo de que hoy la compartamos con vosotros es porque contiene un gesto de nobleza que debe ser homenajeado como lección de vida.

Liam, de Xiajiang (China) tenía 11 años cuando un cáncer terminal se lo llevó. Antes de fallecer, el pequeño quiso cumplir un deseo. Ya que no iba a vivir más, quería que sus órganos sanos vivieran en otras personas además de ayudarlas. Por eso, sin que nadie tomara la decisión por él, decidió donar su hígado y sus riñones.

Los médicos que le atendieron, emocionados tras la operación, le hicieron tres reverencias en muestra de respeto.

*Fe de erratas: en la traducción la palabra “sobrevivía” aparece como “sovrevivía”

Original: CCTV News

Publicado en Miscelánea