Noviembre de 2013. 1500 obras de arte perdidas que robaron los nazis aparecen en un apartamento en Múnich. Su valor estimado: 1000 millones de dólares. Viena. 1907. A la ciudad llegaban artistas de todas partes para formar parte de la revolución modernista. Tres jóvenes artistas se matriculaban en la Academia de Bellas Artes de Viena: Egon Schiele y Oskar Kokoschka, que se convirtieron en grandes pintores modernos. El tercero era un joven desconocido de 18 años llamado Adolf Hitler. Schiele y Kokoschka fueron aceptados pero Hitler no logró ser admitido al no poseer el talento deseado y fue catalogado como un pintor mediocre, lo cual le decepcionó mucho. Eso se trasladó en odio hacia el arte moderno del cual quería formar parte. Utilizó el arte como herramienta política para promover y proteger los ideales nazis. En un discurso pronunciado por Hitler en 1937 este expresó: “Desde ahora dirigiremos una implacable guerra de purificación y de exterminación contra los últimos elementos que han desplazado nuestro arte.“

Hitler empezó con un purga de los museos alemanes mandando eliminar unas 16.000 obras de arte de artistas modernos como Matisse, Van Gogh y Picasso. Hitler calificaba esos trabajos como degenerados. El arte moderno (modernismo, cubismo, arte abstracto) fue entonces ridiculizado y condenado. Se subastaron las mejores obras modernas de los museos alemanes a precio de saldo y en beneficio del Reich. Adolf Hitler se deshizo del arte que odiaba y robó el que codiciaba. Los nazis no solo fueron los mayores asesinos de la historia sino también los mayores ladrones. Miles de obras de arte fueron quemadas. Hitler designó poco después su primer edificio público para la Alemania Nazi: La casa del Arte Germánico en Múnich. Allí expuso pinturas de arte contemporáneo y esculturas que glorificaban al Tercer Reich. Hitler quería purificar Alemania en todos los aspectos. Con la anexión de Austria en 1938, se inició el saqueo de las propiedades judías y lo que no quiso Hitler y sus allegados fue repartido por diversos museos. Linz, ciudad natal de Hitler, fue elegida por sede para el Führermuseum, el cual iba a ser creado con obras compradas y robadas. Su idea era convertir a Linz en una capital cultural mundial. En Septiembre de 1939 se inició la invasión de Polonia. Miles de obras polacas eran ansiadas por Hitler pero los nazis consideraban a los eslavos como seres inferiores y sus obras como degeneradas, siendo su destino ser destruidas. Un tesoro nacional y artístico como el Castillo Real de Varsovia fue bombardeado y demolido. Todas las obras que encontraron en Polonia y que estaban hechas por artistas alemanes fueron robadas y transportadas a Alemania. Se elaboró un catálogo solo para que lo viera Hitler con obras como La Dama del Armiño, de Leonardo Da Vinci, Paisaje con un buen samaritano, de Rembrandt y Retrato de un muchacho, de Rafael. Al final de la guerra, los dos primeros cuadros fueron recuperados. Pero esa obra de Rafael aún no se ha encontrado.

                                         Castillo Real de Varsovia demolido por los nazis.

París, ciudad abierta al expolio

En 1940, los alemanes invaden Francia y llegan a la ciudad abierta de París donde está el Museo del Louvre, patrimonio nacional y cultural de Francia con más de 400.000 obras de arte. Poco antes de la llegada alemana, se intentó llevar la mayor parte de las obras a castillos del sur de Francia. Momentos críticos se vivieron con el traslado de la Victoria Alada de Samotracia y la Mona Lisa, la cual fue llevada dentro de una ambulancia acondicionada para tener un nivel óptimo de humedad y que no afectase al cuadro. Los nazis arrasaron con todas las colecciones de los marchantes de arte judíos y fue tal cantidad que se alojó en la Galería Nacional Jeu de Paume. Aquí es donde aparece Rose Valland, la cual catalogó todas esas obras, incluyendo el nombre de sus propietarios originales en un diario, además de anotar a quien y a donde se dirigían esas obras de arte. Hermann Goering visitó el Jeu de Paume unas 20 veces, eligiendo que obras se llevaría cada vez llegando a robar unas 700 y todo trasladado en tren a su pabellón de caza en Alemania. Y es que desde París seguían saliendo casi a diario trenes cargados con obras de arte y con destino a Alemania. Más de 22.000 artículos robados. En verano de 1941, Hitler se expandió hacia el este en dirección a la Unión Soviética iniciando además una guerra de exterminación a todos los niveles, incluso el arte ruso. En San Petersburgo (Leningrado en la época de la guerra), el Museo Hermitage empezó a evacuar su enorme colección de casi 2 millones de obras. Al mes de la invasión, los trenes ya habían evacuado más de un millón de esas obras aunque más de la mitad se quedaron en la ciudad. Poco después, los alemanes empezaron a asediar Leningrado que duró unos 900 días. El bombardeo sobre la ciudad fue masivo. Medio millón de personas murieron y el Museo Hermitage estaba bajo peligro.

                                           Italia medio derrumbada

Todas estas noticias alarmaron sobremanera a los profesionales de un museo, muy lejos del conflicto europeo. Un grupo de funcionarios de Galeria Nacional de Arte de Washington, conocidos como la Comisión Roberts advirtió a Roosevelt del grave problema al que se enfrentaban los ejércitos aliados y como liberar Europa sin destruir su arte y edificios históricos. En verano de 1943, los aliados desembarcaron en el sur de Italia. Durante los combates, pueblos y ciudades fueron casi arrasados. Además, soldados aliados saqueaban museos y se llevaban lo que querían. Esa mala publicidad no le gustaba a Einsenhower aparte de que esa guerra amenazaba al patrimonio artístico de Italia. A los 6 meses de la invasión, ordenó a todos los comandantes que respetaran los monumentos en la medida de lo posible. Esa orden pasó una dura prueba en Montecassino, un histórico monasterio que los alemanes usaron como fortaleza. La batalla fue dura y sangrienta. Finalmente se decidió bombardearlo. Desde ese momento, Alemania e Italia usaron esos bombardeos como arma propagandística. La guerra se iba acercando a Roma donde los monumentos fueron respetados pero era preocupante la situación de Florencia, en cuyos museos estaban las grandes obras del renacimiento italiano, además de los históricos edificios y monumentos. Es más, Florencia es como una ciudad-museo con muchas obras expuestas de manera pública. Se construyeron estructuras alrededor de las obras de arte públicas más importantes. Para los aliados Florencia presentaba una gran complicación: era además un nudo ferroviario y estratégico. Los miembros de la Comisión Roberts empezaron a suministrar fotografías aéreas donde marcaban los monumentos importantes que los pilotos no debían bombardear. Afortunadamente, todas las bombas cayeron sobre las vías y ningún monumento fue afectado. Pero en verano de 1944 cambió el rumbo de la guerra. Las fuerzas alemanas se retiraban y mientras lo iban destruyendo todo a su paso. Debido a la Orden Nerón de destruir todas las infraestructuras que decretó Hitler, se ordenó volar los puentes del centro de la ciudad de Florencia como el Ponte Santa Trinita. El Ponte Vecchio se salvó. Casi desapareció la mitad de las obras de arte de Florencia.

                     Abadía de Montecassino en Italia destruida por los bombardeos aliados.

                                  Llegan los Monument Men a Europa

Fue ya por esa época cuando la Comisión Roberts mandó a un grupo de expertos en arte que estuvieron cerca del frente para poder salvar todos aquellos monumentos, cuadros, esculturas, etc. Los miembros eran personas reclutadas del nuevo Departamento de Monumentos, Bellas Artes y Archivos. Eran archivadores y conservadores. Hombres como James Rorimer, director del Museo Metropolitano de Arte y Lincoln Kirstein, que fundaría el Ballet de New York. Eran llamados por los soldados como Las Doncellas de Venus y más tarde conocidos como los Monuments Men. Eran unos 200 funcionarios distribuidos por todo el ejército. Hubo varios conflictos entre ellos y los mandos militares ya que se producían agrias discusiones entre si, por ejemplo, destruir una iglesia histórica llena de nazis o intentar conservarla. Poco después, la Unión Soviética fue recuperando terreno y a medida que se acercaba a Alemania, iba saqueando todas las propiedades alemanes y mandándolas al este. Mientras, los Monuments Men llegaban a Alemania por el oeste. Poco se podía hacer por los edificios, casi en su totalidad destruidos. Ciudades como Aquisgrán, la antigua capital del imperio de Carlomagno, estaba destrozada. Los Monuments Men se desolaron al ver tal destrucción pero intentaron restaurar cualquier obra que valiera la pena. En el interior de Alemania, los Monuments Men encontraron la primera colección robada por los alemanes. Y en una mina de sal en el centro de Alemania Einsenhower, Patton y Bradley fueron a ver el mayor hallazgo hasta el momento. Junto a las reservas de oro del Tercer Reich, había 400 toneladas de obras de arte. En el Castillo Neuschwanstein (famoso por ser el diseño del castillo de Disney) se encontró otra gran colección de arte robada. Está totalmente repleto de todo: pinturas, mobiliario, porcelana, plata, etc. Muy cerca recuperaron la colección que tenía robada Hermann Goering dentro de unos vagones de tren abandonados.

                                          Restaurando el arte robado

A finales de Abril de 1945, el Ejército Rojo ya estaba librando batalla en las calles de Berlín. En esos últimos días, Hitler vivía obsesionado en su búnker con la maqueta de su soñado proyecto de una Alemania imperial. Antes de morir, Hitler expresó su deseo que en el Fúhrermuseum se expusiera toda su colección de arte. En el día de la victoria en Europa, el ejército aliado llegó a un pequeño pueblo en los Alpes austríacos. En esa mina estaba toda la colección de Hitler. Era una gran caverna, con una cantidad enorme de obras de arte como el Altar de Gante o también llamado La Adoración del Cordero Místico realizado por los hermanos Hubert y Jan van Eyck, La Madonna de Brujas de Miguel Ángel, El Astrónomo de Johannes Vermeer y arte robado de todas las ciudades de Europa, de colecciones privadas, de museos y galerías de arte. 6500 pinturas, más de 3000 dibujos, 100 esculturas, incontables tapices, muebles y libros. Además en las cimas de esas montañas, los Monuments Men recuperaron las obras robadas a Florencia. Dean Keller, uno de esos Monuments Men, escoltó en tren hasta Florencia esas obras de Rafael, Miguel Ángel y Botticelli. Esas obras costarían ahora unos 500 millones de Euros.

                           Recuperación del Altar de Gante en una mina de sal en Alemania.

En la posguerra siguió la labor de los Monuments Men, siendo responsables del legado cultural de la destruida Europa intentando recogerlo todo en un centro de recogida, que curiosamente fue el edificio sede del Partido Nacionalsocialista en Múnich. Al norte, en Wiesbaden hubo otro punto de recogida llegando incluso hasta 56 camiones cargados de obras en 4 días. Había que inspeccionar cada objeto para catalogarlo y en ocasiones restaurarlo. A Múnich y Wiesbaden llegaron las colecciones de Hitler, Goering y de los museos alemanes y austríacos. Se organizó rápidamente la devolución de todas esas obras de arte a los países afectados. A pesar de todo, aún quedaban muchos objetos que jamás fueron reclamados. En su mayoría eran de judíos, la gran mayoría asesinados durante la guerra. Finalmente esos objetos fueron enviados a museos judíos de todo el mundo. Cuando en 1951 las oficinas de los Monuments Men en Europa cerraron, se habían devuelto 5 millones de obras robadas a los propietarios que habían sobrevivido. Cada obra de arte que se robó y expolió en aquella funesta guerra tiene una historia. Jamás en la historia se había producido algo así, a tan gran escala. Miles de obras de arte siguen desaparecidas, muchas destruidas por la guerra, otras aún escondidas por coleccionistas privados. El arte es parte de la humanidad. El arte es lo que nos hace humanos. Y como dijo Ronald Balfour, uno de los Monuments Men fallecidos durante el conflicto:

“Cada civilización no solo está formada por sus logros sino también por lo que ha heredado del pasado. Y si estos objetos son destruidos habremos perdido una parte de nuestro pasado y eso es lo peor que podría pasar”

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