Eran 6 de la tarde, aún no amanecía. Las aves habían empezado su vuelo desde las 10 am. Las estrellas eran las pocas luces que se ven en el cielo, ellas son testigos de la noche. La luna, nunca llena, molestaba a los mortales. Con cabellos blancos, se levantó el niño de cien años y lloraba por la vida que había perdido soñando con ella. Era el momento, el día en que despertaría pensando que dormiría con aquel amor infinito, pero ya era de noche, eran las 7 y aún no amanecía. Sin pensarlo, salió en busca del amor que siempre evito. Era de noche y todos dormían. Ella nunca lo buscó, y ella seguía dormida, esperando el amanecer. Ese día sería el día en que todos dormirían y nunca amanecería, el sol se burló de todos y se escapó el día en que la luna dejo de ser llena.

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