Quiero compartir con vosotros, mi “aventura arcade”. Algo que nunca se me pasó por la cabeza hacer. Que me ha mostrado una parte de mi que dudaba que existiera, y me ha enseñado que hay objetivos que se pueden conseguir. Fueron unos días de mucho esfuerzo, nervios, alegrías, contratiempos, satisfacciones.. Para algunos será una chapuza (que reconozco que hice varias durante el proceso). Para otros una hazaña. Pero para mi ha sido un gran reto.

Todo comenzó cuando mi marido, a menos de 15 días de su cumpleaños, con carita de nostálgico, me comentó “Algo que me encantaría tener, sería una máquina recreativa, como las que jugaba de pequeño echando monedas de 5 duros, que jugaba al Toki, Street Fighter, Altered Beast, Pang.. ¡Ay.. Qué recuerdos!”.

Investigamos por internet, y se llevó una desilusión al ver que los precios eran de 500€ para arriba. Y pensé “no es tan complicado. Estructura, decorado, pantalla, botones y joystick, ordenador con emulador y juegos.. y aunque quedan menos de 15 días, al estar en paro, puedo dedicarle todo el tiempo..”

Me lancé y le dije “Yo te haré una, pero si quieres sorprenderte con el resultado, tienes prohibida la entrada a la terraza”.

Al verme tan decidida, me dió algunas ideas: “Compra un ordenador de segundamano y le pones el MAME32.. Dos mandos para que sea de 2 jugadores.. Pide ayuda a tu padre (que es un manitas) y a Sierra (un buen amigo que es muy bueno con la electrónica y la informática)..” Y como ahí me tocó el orgullo, le dije que la ayuda, en caso de pedirla, sería únicamente asesoramiento.

Y comencé a planificar todo, haciendo una lista de lo que iba a necesitar, y buscando por internet algunos componentes.

Les conté a algunos amigos y familiares mi nuevo proyecto, y entre sorpresas, dudas y ánimos, les dije que día a día les iría mostrando los avances (que gracias a ello, tengo fotos y vídeos para poder enseñarlos ahora).

Mediante mi amigo Pablo, compré por internet los botones y joysticks, una Raspberry Pi 3, junto con el transformador, la carcasa y unos disipadores.

También, adquirí unos altavoces de Segundamano.

Tomé como base el mueble de una máquina de coser. Junté varios folios e hice una plantilla de como sería la parte superior a tamaño real, y a raiz de ahí fui preparando las medidas.

Como aún me quedaba un ratito para irme a dormir, cogí mi caja de herramientas, una regleta con interruptor de 3 enchufes, y le saqué el interruptor (más adelante, se verá para que lo hice).

A día siguiente, me fui comprar materiales que necesitaba (pintura, cola, tornillos, etc..), las tablas a medida.. Aproveché el viaje para ir a casa de mis padres a coger unas herramientas.. Subí todo a casa (que viviendo en un 3º sin ascensor, hice bastante ejercicio ese día) y me preparé para operar. 

Tras dibujar las plantillas en las tablas, con la sierra de calar, la taladradora, lija, lima, cola y unos tornillos, comencé a darle forma a la estructura.

Al mueble que usé como base, le puse ruedas y le tapé los laterales con contrachapado, para evitar que se viera el relieve.

Cuando ya tuve montada la estructura y la base, les dí una mano de imprimación, para después pintarlas en negro.

Cogí un monitor antiguo que tenía en casa y comprobé que funcionase. Todo perfecto, pero, primer dilema: Conexiones. Si la Rapsberry tiene HDMI y el monitor es VGA ¿cómo los conecto? Necesitaba un adaptador. Segundo dilema: ¿Cómo poner el monitor en vertical practicamente, si no tiene sujección atrás (solo el pie de base)? Me decanté por usar belcro entre la parte trasera y la tabla, y por debajo, unas escuadras.

Solucionado el tema del monitor, me puse con los altavoces. Hice los agujeros y con silicona, quedaron bien puestos. Terminé el día muy contenta por los resultados que estaba teniendo.

Como tenía que llevar unas cosillas a mis padres, aproveché el viaje para sacar la plantilla de los botones en papel, usar una taladradora del taller de mi padre para hacer los agujeros de los botones y los joysticks en la tabla (que como no tenía una broca del tamaño exacto, tuve que lijar todos los agujeros para ensancharlos), y cortar un trozo de Metacrilato para el letrero superior, que taparía los altavoces con un vinilo decorativo.

Cuando volví a mi casa, estuve varias horas sentada frente al ordenador. Descansando del trabajo físico y, diseñando los vinilos y pegatinas. Cuando lo tuve terminado, lo encargué por internet a una empresa buena, rápida y barata. Y a otra empresa, le encargué una plancha de metacrilato para cubrir el monitor.

Tuve un momento de nervios y “saturación mental”, que me desanimó bastante. Viendo la fecha que era, lo que tenía hecho y lo que me faltaba, pensé en que, si tardaba en llegar algo de lo que tenía pendiente de recibir, no lo terminaría a tiempo y sería muy frustrante. Podrían surgirme mil imprevistos (ya fuera algo ajeno a mi voluntad o que yo misma metiera la pata con algo). Practicamente, a mitad del proyecto me preguntaba a mi misma “¿dónde me he metido?” y estaba muy insegura de conseguirlo.

Juan me notó triste, y me preguntó en varias ocasiones que me ocurría, hasta que se lo conté y me dijo, que le daba igual si para el día de su cumpleaños no estaba terminada. Que bastante estaba haciendo ya. Que no me agobiase, y si para acabar la máquina necesitaba más tiempo, ya fuera 1 semana o 3 meses más, no me preocupase.

No me convenció mucho, ya que para mi, el no terminarlo a tiempo, era como si lo hubiera dejado a medias y no lo hubiera conseguido.

Tras respirar hondo, coger mis papeles y ver el proyecto, (aprovechando que Juan se fue al dormitorio a echarse la siesta) decidí quedarme en el salón a preparar la Raspberry.

Cogí el portatil, una tarjeta de 16GB que tenía en casa sin estrenar, el teclado de mi ordenador, un mando de la PS3 y “la cacharra” (mote que le puse a la Raspberry).

Mientras preparaba todo y descargaba el sistema operativo que iba a usar (el Recalbox), hablaba con mi amigo Sierra para contarle como llevaba el tema.
Estaba nerviosa y agobiada, y además, empecé a sentirme como una idiota, porque sabiendo perfectamente lo que debía hacer, dudaba en como tenía que hacerlo.
Me estaba bloqueando y gracias a la paciencia y al apoyo de mi amigo, lo conseguí hacer bien.

Le dije “Voy a descargar el Recalbox” y me respondió “Vale”. Aunque suena a tontería, sentí que iba por el buen camino:

– Ahora instalo el Recalbox en la tarjeta de memoria

– Exacto.

– Ahora he sacado la tarjeta de memoria y la he metido en “la cacharra”

– Bien hecho!

Fue una conversación extraña pero que me ayudó mucho. Como he comentado, sabía lo que tenía que hacer, pero estaba nerviosa e insegura, y sus cortas respuestas me hacían avanzar.

Al comprobar que funcionaba perfectamente, me animé bastante. Ya tenía otro avance, aunque me faltaba probar “la cacharra” en el monitor e incluirle los juegos, había superado un mal momento con un buen resultado.

Al día siguiente, mientras le daba otra mano de pintura negra a la estructura, estuve hablando con mi amiga Lorena (la novia de Sierra) y le conté la odisea del día anterior, y la paciencia que tuvo su novio conmigo. Nos reímos bastante de la situación, porque le puse ejemplos con huevos fritos (una tontuna para descargarme de tensiones). También a ella desde el primer día, le contaba mis avances y me ha dado siempre muchos ánimos.

Tras el momento de distracción entre brochazos que tuve, me puse a colocar el metacrilato pequeño en su sitio y ¡Sorpresa! por un par de milimetros no encajaba. Con mucho cuidado, paciencia y una sierra fina, recorté un lateral del metacrilato y quedó perfecto. Antes de fijarlo con la pistola de pegamento, puse la iluminación (que días antes, monté con un enchufe, cable, un casquillo y una bombilla LED). 

Atornillé la tapa trasera, para comprobar que estaba bien. Salí de la terraza para coger un refresco de la nevera y al ratito, desde la puerta de la terraza, miré y me entró una gran satisfacción al ver como estaba quedando la máquina. Ya no eran 4 tablas pintadas e iba cogiendo forma.

Era domingo. Volví a agobiarme mucho al ver como iba y lo que me faltaba. Me quedaban 6 días para tener la máquina terminada.

Estuve colocando la tabla de los mandos en su sitio, y probando como encajarían los botones y los joysticks.. Y tenía un problema que venía de días atrás, de cuando hice los agujeros a tabla en el taller de mi padre. El mecanismo de los joysticks tiene unas pestañas donde hay que enganchar los cables que van a la placa, y la tabla al medir 1,5 cm de grosor, no les dejaba espacio. Por lo tanto, hice más grande el agujero dándole forma, y al colocar el mecanismo, quedaba bien.. Excepto porque la plancha del joystick no cubria todo el agujero que había hecho. 

Lo solucioné poniendo unas tablas de contrachapado. Una chapuza pero, hizo el apaño.

Tras estar todo el día liada buscando solución al problema, para despejarme, me fui a comprar los cantos de pvc y plástico que me faltaban para decorar, y a la vuelta, revisé mis papeles y me centré en comprar por internet el adaptador HDMI-VGA, que se me había olvidado totalmente. Me fui a dormir un poco preocupada, pero esperando que se me diera mejor al día siguiente.

El lunes, comencé el día anclando la regleta de la luz a la madera, haciendo empalmes y usando la pistola de pegamento para cubrir y pegar, y centrándome en la parte trasera de la máquina, donde tenía que tomar medidas y hacer un agujero en el contrachapado, para poner el interruptor y otro para dejar salir el cable del enchufe.

También hice unas plantillas, para hacer agujeritos en el contrachapado, con forma de los muñecos del Space Invader, y así tener una entrada de aire.

No estaba muy animada, ya que noté que había sido un día poco productivo (aunque hice cosas que había que hacer y requerían su tiempo, como todo) y seguía sin recibir el metacrilato para la pantalla, los vinilos. Me alegré un poco al ver por internet, que estaba previsto que recibiera el martes los vinilos y el adaptador HDMI-VGA.

El martes, sobre las 10 u 11 de la mañana, ¡alegría! recibí los vinilos y me puse a recortar. 

Estuve algo nerviosa, ya que no había puesto un vinilo nunca y tenía miedo a estropearlo o que quedase mal, sobre todo, porque tenía que colocar uno de ellos, con las palancas de los joysticks ya instaladas. Hablé con mi amigo Paco, que me animó y me dio instrucciones de como hacerlo (ya que él tiene experiencia en ponerlos).

Tras medirlo varias veces, con un cúter y con muchísimo cuidado de no pasarme con la fuerza, hice un par de incisiones en el papel trasero del vinilo, de arriba a abajo, a la altura de donde están las palancas, para al colocarlo, poder tirar del papel y pegarlo con más facilidad. Resultado: ¡perfecto! Al ver que otra de las complicaciones quedaba bien, me calmé y me alegré mucho, y puse el otro vinilo como si fuera una experta.

Saqué la parte de los mandos de la máquina, y me fui al salón. Sentada en el sofá, con un refresco, unas tijeras, los botones, sus cables y sobre todo, más tranquila y contenta, estuve recortando el vinilo por los agujeros para poner los botones, y pensando en cómo colocar los colores. 

Hice combinaciones distintas y les pasé las fotos a varios amigos y familiares para que me dieran opinión. Con algunos estuve bromeando y me decían “Ya le pueden salir heridas en los dedos a Juan de tanto jugar…” o “¡Ay! ¡Qué pesadita eres con la máquinita! Le tenías que haber regalado un jamón y una botella de vino o una colonia”. Con los botones puestos en su sitio, conecté los cables y coloqué los mandos en la estructura.

Tras pasar un rato divertido con las bromas, vi que la tarde mejoraba un poco más, cuando un mensajero me trajo el adaptador HDMI-VGA. Todo seguía según lo planeado. Y mi moral estaba por las nubes. Con ilusión, ganas, avanzando en el proyecto.. Volví al salón para probar el adaptador que uniría”la cacharra” con el monitor.

Preparé “la cacharra”, el teclado, el mando de PS3, volví a poner el monitor en su pedestal.. Conecté todo y en principio iba bien. El menú se veía correctamente, pude configurar el wifi, pasé varios juegos desde el portatil a “la cacharra” por el wifi.. ¡Era estupendo!

El miércoles, me empecé a mosquear un poco, porque aún no me habían avisado de la tienda del metacrilato, para ir a recoger la pantalla. Estuve llamando varias veces y no me lo cogían o no se encontraba la persona que tenía que atenderme.

Antes de colocar el monitor en su sitio, quise volver a verlo funcionando, para comprobar que las configuraciones que había hecho el día anterior se mantenían. Todo igual, perfecto, hasta que puse un juego para probarlo y….

¿¿¿Cómo que UNKNOWN MODE??? Buff.. Problema serio. La pantalla no reconoce el juego. Toqueteo los botones y aparece el menú. Pruebo otro juego y.. lo mismo. UNKNOWN MODE. Repito la operación en varias ocasiones con juegos distintos y todo igual. UNKNOWN MODE.

Tras investigar un buen rato por internet, a ver que podía suceder, encontré una tabla con los códigos para las resoluciones de los distintos tipos de monitores. Probé todos y ninguno funcionó. Me resigné, comencé a mirar monitores para comprar alguno cuanto antes. Y casualmente, recordé que tenía un monitor de mi hermana en casa. La llamé para contarle el problema y pedirle permiso. Fue mi salvación cuando me dijo que podía usarlo. Temerosa pero esperanzada, probé con el nuevo monitor y ahora si, todo funcionaba perfectamente y se veían los juegos. Pero tenía un nuevo contratiempo: Quitar el belcro de la tabla, hacerle agujeros (ya que el nuevo monitor sí podía ir atornillado) y comprar los tornillos adecuados.

Y los de la tienda de metacrilato, seguían sin dar señales de vida.

El jueves por la mañana, terminé de fijar la placa de los mandos a la tabla, tomé medidas del monitor, hice los taladros y llamé de nuevo, un par de veces, a la tienda de metacrilatos. 

Se me pasó el cabreo cuando me dijeron “puedes venir a recogerlo cuando quieras”. ¡Por fin! Fui deprisa a la tienda y a la vuelta, compré los tornillos que necesitaba. Al llegar a casa, puse el monitor y coloqué por encima la pantalla.

Con gran alivio, pasé la tarde tomando más medidas, pintando el metacrilato de negro, por una cara (la que da al interior) y fijándolo en la estructura.

Estaba contenta porque ya me quedaba muy poco por hacer y tenía todavía 2 días por delante. Al no tener que pintar, ni hacer más taladros o cortes en la estructura, decidí pasar la máquina a una habitación, para continuar al día siguiente con lo que me faltaba.

Tapé la maquina con una sábana y avisé a Juan para que mientras hacía el traslado, no estuviera delante.

Sabía que alguna que otra vez, Juan había mirado de reojo a la terraza, pero sólo había visto bultos negros.

De nuevo ¡Sorpresa! la máquina no salía por la puerta. Riéndome (por no llorar), fui a buscar a Juan y se lo conté. Intentamos entre los dos sacarla (al estar tapada con la sábana, sólo podía ver lo que vió de reojo en su momento), pero por 1 cm no pasaba. Quitamos la puerta (que nos costó bastante), volvimos a intentarlo en varias posiciones, pero seguía sin pasar.

Mientras colocabamos la puerta en su sitio (que también nos costó mucho), pensé un plan B: Desmontar las dos partes (que por suerte, sólo tenía que quitar 4 tornillos) y pasar la parte de arriba de la máquina (que era la que no cabía por la puerta), a través de una ventana que dá a la habitación.

Entre bromas, le decía “¡Qué bien te lo vas a pasar jugando en la terraza!”.

Le pedí que se fuera, para quitar la sábana y desmontar la máquina. Cuando terminé, tapé de nuevo la parte superior y salí con la parte inferior al pasillo. Me ayudó a pasar la superior por la ventana y volví a montarla.

El viernes, ¡qué susto me llevé! Salí muy temprano y cuando regresé a casa (iba medio dormida y estaba amaneciendo), al abrir la puerta y notar entre la oscuridad, que al fondo del pasillo había “algo” grande y blanco.. buff.. No recordaba que estaba ahí la máquina. Se me quitó el sueño de golpe, jajaja..  

Desayuné y me puse en marcha. Con mi pistola de pegamento (que no lo comenté antes, pero ¡me encanta!), estuve poniendo los cantos de PVC y plástico. 

Encendí la máquina y con la luz del monitor, me di cuenta de que había unos restos del pegamento de la cinta de carrocero. Intenté quitarlo y lo que conseguí fue extenderlo más y hacer una buena mancha. Le di con quitaesmalte, alcohol, agua, vinagre.. e iba de mal en peor. Me sentí muy frustrada, ya que había cometido un gran error que echaba por tierra todo el trabajo.

Estaba a punto de ponerme a llorar de la rabia cuando sonó el timbre. Abrí la puerta y era mi vecina. Venía a preguntarme por un tema de la comunidad de vecinos, y al ver la máquina en medio del pasillo, se sorprendió y se interesó por ella.

Le conté que era un regalo de cumpleaños para Juan y como me notó tristona, preguntó que me ocurría. Le enseñé la mancha y me respondió “Dale con un trapito mojado en un poco de aceite, que quita el pegamento y luego con un poquito de alcohol para quitar el aceite”. Pensé que peor no podía quedar, así que, por probar..

Mientras pasaba el trapo con el aceite, lo daba todo por perdido y pensaba en que iba a tener que cambiar la plancha de metacrilato y no iba a poder hacerlo en un día, cuando.. ¡la mancha desapareció!

¿Casualidad? ¿Suerte? ¿Dios? ¿Cosmos? No sé cual sería la razón, pero mi vecina llamó a mi puerta en el momento justo, con una solución para mi problema.

Cuando se marchó (con un buen abrazo y mi agradecimiento eterno), con muchísimo cuidado de no volver a liar algo, pinté la parte que se había borrado al darle con alcohol, eché unos puntos de pegamento por debajo de la carcasa de “la cacharra” (para que no se mueva) y me aseguré de que los cables de los altavoces, luz y demás, estuvieran conectados y en su sitio.

Tras configurar los botones y probar en distintos juegos, vi que tengo otro problema. No pueden echar una partida los 2 jugadores juntos, ya que el “player 2” no lo detecta. Comprobé los cables y estaban todos bien puestos. Volví a configurar los botones y puse como principal el mando de la derecha, y pude jugar.. Todos los botones funcionan, pero no sé por qué, no pueden usarse a la vez. Al ver que el problema no es de cables, atornillé el contrachapado trasero para cerrar la máquina y la puse en su sitio provisional.

Ya estaba terminada. Faltando el detalle de los botones, poner las pegatinas y pintar el contrachapado trasero de negro.. Un día antes del final del plazo, ¡lo había conseguido!

El sábado por la tarde, cuando Juan quitó la sábana a la máquina, se quedó con la boca abierta. No se esperaba que fuera así.
Le gustó muchísimo. Y se pasó toda la noche de su cumpleaños, recordando viejos tiempos con sus amigos, teniendo que turnarse para jugar, pero disfrutando como cuando era niño.

Después de 15 días sigo investigando, para solucionar el problema con los botones de los 2 jugadores.. Y de momento, no encuentro nada. Seguramente, compraré otra placa y conectaré ahí los botones del jugador 2, a ver si eso funciona.

Muchísimas gracias a todos los que en el día a día de la aventura, me animaron y aguantaron, a todos los que me dieron consejos y a todos los que os habéis entretenido leyendo esto.

Publicado en Relatos