El cuerpo humano es una máquina que funciona casi perfectamente durante 24 horas al día ininterrumpidamente. Todas sus funciones y reacciones tienen una explicación, aunque a veces nos parezca que no pueda ser así.

La belonefobia es el miedo irracional a las agujas, pero también a los objetos afilados. Se da principalmente en los niños, aunque algunos adultos también la sufren. Suele provenir de experiencias traumáticas, a la hora de administrarnos vacunas o sacarnos sangre, pero a veces no tiene un origen concreto.

Cuando se visita al médico, esta fobia puede suponer un problema muy grande. Si bien a un niño se le puede llegar a controlar cuando hay que ponerle un inyección, hacer lo mismo con un adulto aquejado de belonefobia puede resultar una tarea casi imposible.

El mayor terror de los belonefóbicos

El mayor terror de los belonefóbicos

Superar este miedo cuando ya somos mayores es una tarea difícil. Los científicos han estudiado muchas formas de intentar distraer, con mayor o menor éxito, a los pacientes que deben enfrentarse a una aguja. Sin embargo, el dolor provocado por el pinchazo es difícil de enmascarar.

Hace poco se ha llevado a cabo un estudio, el cual parece bastante efectivo para reducir, e incluso eliminar, el dolor de una inyección. Se trata, simplemente, de pedir al paciente que tosa ligeramente antes de aplicarle un inyección.

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Según este estudio, la tos produce un aumento de la presión arterial y una distracción momentánea. Ambas reacciones son ideales para que el paciente no sienta dolor cuando la aguja se introduce en su cuerpo.

Si os pasa como a mí y tenéis miedo a las agujas, este método puede ayudaros a superar esta fobia. Es cierto que la belonefobia no nos va a desaparecer así como así, pero toser puede resultar una buena ayuda.

Fuente: NCBI, artículo por La Voz del Muro

Publicado en Salud