Hagamos un ejercicio mental. Imaginemos al gran Mozart y dejemos volar nuestra imaginación. Bajemos al genio austriaco de su pedestal.

Supongamos que es un desobligado, parrandero, inestable, que el dinero le cae fácil pero con esa misma facilidad lo malgasta… pues así era Wolfgang Amadeus Mozart.

El tocado por las musas, el que componía mentalmente las cosas más maravillosas y dueño absoluto de la imposible sencillez musical, con el don de crear melodías y armonías tan perfectas con la facilidad con las que nosotros “mortales” respiramos o estornudamos.

El eterno niño, explotado por su ambicioso padre, Leopold, un músico y pedagogo de renombre, exhibido en las cortes más representativas de la época, salió del provinciano pueblo de Salzburgo hasta las principales capitales europeas como Paris, Londres y Roma.

El joven asombra y se gana la admiración de los monarcas, es consentido por la nobleza y recorre Europa en una gira que lo mantiene lejos de casa durante años.

Una de las anécdotas más famosas del genio de Mozart ocurrió en Praga, en la víspera del estreno de su ópera “Don Giovanni”.

Wolfgang era un ídolo ya en Praga por el éxito de su anterior obra “Las bodas de Fígaro”, así que a su llegada a la capital, unos días antes del estreno anunciado para el 29 de octubre de 1787 había una gran expectación en la ciudad. Obviamente no faltaba quien invitara a Mozart a esta o aquella fiesta organizada en su honor y el austriaco no era difícil de convencer cuando de festejar se trataba.

Los días pasaron y la Premiere estaba a solo unos días, el teatro agotado, pero había un pequeño problema que tenía inquieto al empresario que había encargado y pagado por anticipado la nueva opera a Mozart… la Obertura no estaba aún lista, es decir, si estaba ya lista pero en la cabeza de Wolfgang. El músico aun no había empezado el aburrido proceso (para el) de pasar al papel lo que ya estaba listo en su mente.

Un día antes del estreno Mozart fue “secuestrado”, el empresario se vio en la necesidad de encerrar al músico en una habitación con solo pan y agua y algún guardia a la puerta con la indicación de dejarlo salir solo si tenía la Obertura ya en el papel.

En la madrugada del 29 de octubre, el día del estreno el copista recibió la esperada pieza y se puso a transcribir con toda velocidad las voces para los distintos instrumentos de la orquesta.

Al final, los músicos interpretaron magníficamente la Obertura leída casi de primera vista, la opera tuvo un éxito sin precedentes y Mozart regreso triunfante a Viena.

Sugerencia musical: Obertura de “Don Giovanni”

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