Es muy común, no eres la única ni la primera que no había oído hablar de la fimosis hasta que ha tenido un bebé en sus brazos.

La fimosis es uno de esos pequeños problemas relacionados con la higiene del bebé que pueden surgir aunque no siempre aparecen. No es obligatorio que todo bebé tenga que padecer fimosis así que tranquilos.

El pediatra será quien recomiende las medidas higiénicas que deben tomarse al respecto y llegado el caso, él será también quien indique la necesidad de realizar una pequeña intervención quirúrgica para solucionar el problema.

La prevención es sencilla y eficaz

Al nacer, todos los bebés varones suelen tener la piel del prepuciio adherida al glande, sólo queda al descubierto el orificio urinario y ni se puede ni se debe retirar hacia atrás.

Es la llamada fimosis fisológica que se suele resolver entre los 2 y los 3 años normalmente.

Durante los primeros años de vida del niño, el desarrollo natural, el crecimiento y la higiene habitual, van despegando y haciendo que se retraiga por sí sola esa piel.

El problema que genera la fimosis se produce por la estrechez de la piel de la zona, cuando el anillo no es lo suficientemente ancho y la piel no consigue retirarse por completo y al intentarlo se produce dolor en la zona.

Como decíamos al principio siempre debe ser el pediatra quien valore la necesidad o no de operar según el grado de fimosis que padezca el niño.

 

La higiene es fundamental

La prevención es sencilla, la higiene es fundamental, sin obsesionarse y siempre bajo los controles periódicos del pediatra. 

La intervención quirúrgica es sencilla aunque no está indicada antes del año de edad por el posible riesgo anestésico.

Lo más complicado y molesto para el niño es sin duda el postoperatorio. 


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