A nadie le suele hacer gracia tener que utilizar un baño público, por el que han pasado y seguirán pasando una gran cantidad de personas, y mucho menos durante un viaje. Sin embargo, cuando estamos utilizando el tren o el avión y recibimos la insistente llamada de la naturaleza, no tenemos otra opción.

Muchas de estas situaciones quedan solo en divertidas anécdotas que contar a nuestros más allegados, pero la de hoy se lleva la palma en cuanto a insólito se refiere. Efectivamente todos hemos sufrido algún tipo de percance en esta materia, pero la historia que os contaremos a continuación, supera todo lo visto y oído hasta ahora.

¿Os imagináis que el fétido hedor de vuestras deposiciones se expandiera por un avión lleno de pasajeros?. Esto es exactamente lo que le ocurrió a un pobre hombre, o mujer, que había tomado un vuelo desde Londres, de la compañía British Airways, a Dubai.

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Tras unos quince minutos de vuelo, un pasajero gastrointestinalmente angustiado tuvo que hacer una visita de emergencia a la pequeña habitación de la parte trasera del avión para vaciar el contenido de su intestino grueso. Apenas unos cuantos segundos después de haberse apagado la luz que nos indica que el baño está disponible, todo apuntaba a que algo verdaderamente desagradable se estaba gestando en el interior del aseo.

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Al parecer, los pasajeros empezaron a expresar sus quejas a la tripulación acerca del rango de olores impíos que emana del baño. Las quejas fueron tan insistentes y numerosas que el capitán se vio obligado a hacer un anuncio por megafonía.

Según contó el pasajero Abhishek Sachdev al Daily Mail, el piloto anunció al pasaje -que ya había notado el penetrante olor- “No se trata de un problema técnico del avión, el olor procede de excrementos fecales líquidos depositados en el baño“.

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Pensad por un momento que sois el aguafiestas infractor y escucháis ese mensaje de la boca del capitán del vuelo. ¿No abríais intentado abrir las puertas de emergencia para escapar hacia la estratosfera?.

Para más inri, la tripulación no fue capaz de limpiar adecuadamente el baño y no podían tener a todos sus clientes respirando efluvios nocivos durante las próximas siete horas. Así fue cómo el capitán optó por hacer girar el avión, casi llegando a Alemania, y retornar al aeropuerto londinense de Heathrow.

Una vez allí, el siguiente vuelo a Dubai no despegaba hasta 15 horas después, por lo que British Airways terminó dándoles a todos los pasajeros vales de comida y alojándolos en los hoteles más cercanos.

Fuente: dailymail

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