Hace años que se prohibió la emisión de anuncios de tabaco y bebidas alcohólicas de más de 20 grados en televisión con el objetivo de evitar nuevos casos de alcoholismo y tabaquismo entre la juventud.

Una medida razonable que vemos con buenos ojos y que intenta acabar con la imagen positiva que la publicidad da a estos productos. Cualquier persona entiende fácilmente que existe una relación entre la publicidad y el aumento del consumo, uso y abuso de estas sustancias.

Entonces, ¿por qué los poderes públicos no entienden la relación que existe entre la emisión de concursos televisivos y el aumento de la ludopatía, depresión y problemas económicos?

Es increíble ver como en estos años de crisis, las cadenas de televisión y prensa nacional han multiplicado por 10 el número de concursos televisivos y sorteos. Y no nos referimos a programas del tipo “¿Quién quiere ser millonario?”, que también, sino a esos engañosos espacios que se emiten de madrugada, en los que para participar tienes que llamar a un 806 y responder a una pregunta o adivinanza absurda, que casualmente, nadie acierta.

Como podeis imaginar, no se emiten en horario diurno, porque las cadenas busca un perfil de concursante distinto. Alguien que se encuentre aburrido y solo en domicilio, que pueda estar despierto a esas horas porque no trabaje al día siguiente, que esté desesperado y crea que puede ganar dinero fácilmente.

El resultado, como no podía ser de otra manera, son 20 minutos de espera que terminan sin previo aviso cuando misteriosamente se corta la llamada y una gigantesca factura telefónica que sumar a sus problemas económicos.

Obviamente participar un par de ocasiones nos hará ver que es un timo en toda regla, sin embargo reclamar y recuperar el dinero es un procedimiento tan largo y tedioso que nadie se plantea. Y las cadenas de televisión cuentan con ello.

Espero que algún gobierno decida tomar cartas en el asunto y velar por el interés de los ciudadanos restringiendo, regulando y esclareciendo ante notario estos concursos.

Mientras, existen algunas personas dispuestas a demostrar que nunca se gana o que si se hace, el premio no merece la pena. Así, Andrew Lloyd, es un joven británico que ha decidido poner a prueba su suerte participando en 1000 concursos de prensa y televisión.

4 meses ha tardado en completar esta locura que prometía miles de euros en premios, iPads, libros electrónicos, teléfonos móviles, consolas, a cambio de ceder sus datos, enviar cupones, resolver crucigramas, llamar por teléfono y mucho más.

El resultado… no tiene desperdicio. No te pierdas este video y no te dejes engañar más.

Fuente: Entering 1,000 Competitions

Publicado en Miscelánea