El agotamiento duele. Cuando el trabajo te desgasta te sientes disminuido, como si una parte de ti mismo se escondiera.

Los retos que anteriormente podías manejar, ahora parecen imposibles de conquistar. Estás en el lado opuesto del espectro del compromiso. Un empleado comprometido está energizado, involucrado y con alto rendimiento; el que está agotado se siente cansado, cínico y abrumado.

Las investigaciones muestran que el agotamiento tiene tres dimensiones: cansancio emocional, despersonalización y logros personales reducidos. Cuando estás emocionalmente exhausto te sientes usado al máximo, no solo emocionalmente, sino física y mentalmente también. No puedes concentrarte. Te enojas y molestas con facilidad, te enfermas con frecuencia y tienes problemas para dormir.

La despersonalización se manifiesta en sentimientos de alienación y cinismo hacia aquellos con los que interactúas. Uno de mis clientes lo resumía de esta manera: “Siento que me observo a mí mismo actuar en una obra. Conozco mi papel, puedo recitar mi diálogo, pero simplemente no me importa”. Y lo que es peor, aunque no imaginas cómo puedes seguir así durante más tiempo, al mismo tiempo no ves una salida viable a tu situación.

Es la tercera dimensión del agotamiento – ver reducido tu desempeño – la que atrapa a muchos empleados en situaciones de sufrimiento. Cuando estás cansado, tu rendimiento se ve comprometido, al igual que tu fe en ti mismo. Para empeorar las cosas, los jefes pueden percibir el agotamiento de un empleado como falta de cooperación o una ejecución pobre de su trabajo, en lugar de ver a una persona en crisis. Cuando este es el caso, raramente se da el apoyo que urgentemente necesitas.

Un estudio muestra que el agotamiento ocurre cuando las exigencias del trabajo sobrepasan los recursos que un empleado tiene para cumplirlas. Estas exigencias pueden manifestarse como una carga de trabajo exagerada, presión intensa, o expectativas confusas o conflictivas. Un ambiente tóxico en el lugar de trabajo – ya sea menosprecio, “puñaladas en la espalda”, hostilidad o faltas de confianza – es un caldo de cultivo para el agotamiento porque lidiar con esta situación requiere mucho esfuerzo emocional.

Otro factor de cansancio es el conflicto de roles: cuando las expectativas de un rol que es importante entran en conflicto con otro rol. Esto puede pasar, por ejemplo, si las exigencias de tu trabajo hacen que no pases tiempo suficiente con tus seres queridos, o cuando la conducta que se espera de ti en el trabajo entra en conflicto con tu sentido de identidad.


Si crees que estás agotado no lo ignores
; no se va a ir por si solo. Las consecuencias del cansancio extremo son graves e incluyen enfermedades coronarias, hipertensión, problemas gastrointestinales, depresión, ansiedad, aumento en el consumo de alcohol o drogas, conflictos maritales y familiares, alienación, desinterés por la vida y disminución del desarrollo profesional.

Y el costo que pagan los empleadores incluye desempeño pobre, ausentismo, rotación, aumento de riesgo de accidentes, baja moral y compromiso, cinismo y baja disposición para ayudar a otros.

Para prosperar de nuevo es esencial que entiendas que el agotamiento es fundamentalmente un estado de escases de recursos. Del mismo modo en el que no puedes seguir conduciendo un auto sin gasolina solo con el deseo de llegar a casa, así mismo no puedes sobreponerte de un estado de agotamiento simplemente decidiendo que tienes que “echarle ganas”.

La recuperación de un agotamiento y la prevención de que suceda de nuevo requiere tres cosas: reabastecer los recursos perdidos, prevenir que se acaben los recursos y encontrar o crear condiciones ricas en recursos.

Muchos recursos son vitales para nuestro desempeño y bienestar personal, desde cualidades como competencias de trabajo, estabilidad emocional y buena salud, hasta relaciones solidarias con colegas, autonomía y control del trabajo, crítica constructiva, tener opinión en lo que nos afecta y saber que nuestro trabajo hace la diferencia.

Intenta estos métodos para combatir el agotamiento:

Es una prioridad cuidar de ti mismo y reabastecer tus recursos
personales.
Empieza por hacer una cita con el doctor y recibir una evaluación médica objetiva. Yo aliento a mis clientes a seguir las instrucciones que nos dan previo a un vuelo: “asegura tu propia máscara de oxígeno, antes de ayudar a otros”. En otras palabras, si quieres tener buen rendimiento, necesitas reforzar tu capacidad de lograrlo. Da importancia a los hábitos de sueño, la nutrición, el ejercicio, la conexión con la gente que disfrutas y las prácticas que promueven tranquilidad y bienestar como la meditación [Ver Porqué debes pensar al menos 1 hora diaria], escribir un diario, sesiones de terapia, o simplemente pasar tiempo haciendo actividades que disfrutes.

Analiza tu situación actual. Tal vez ya sepas qué es lo que te tiene exhausto. Si no, intenta esto: lleva un control de cómo empleas tu tiempo durante una semana (puede ser en papel, una hoja de cálculo, o en una de tantas apps para este propósito). Para cada bloque de tiempo anota qué haces, con quién, cómo te sientes (p. ej. En una escala del 1-10 donde 0=enojado o deprimido y 10=contento o energizado), y qué tan valiosa es esa actividad.

Esto te ayudará a decidir dónde hacer cambios que tengan el mayor impacto. Imagina que tienes un indicador de combustible que puedes revisar para saber en qué nivel se encuentran tus recursos personales (físicos, mentales y emocionales) en cada momento. El principio básico es limitar tu exposición a aquellas tareas, personas y situaciones que te drenan, e incrementarla en aquellas que te reabastecen.

Reduce los factores de estrés en el trabajo. Tu condición de agotamiento puede justificar una reducción de carga u horario de trabajo, o tomarte un tiempo de descanso. Descarta las actividades que te producen poco valor/alto estrés usando como guía tu análisis de tiempo asociado a tu estado de ánimo/nivel de energía y valor de la actividad. Si existen ciertas relaciones que te drenan, limita tu exposición a esas personas.

Reflexiona si tienes tendencia al perfeccionismo. Si es así, libera conscientemente lo que haga falta para bajar tu nivel de estrés. Delega lo que no necesites hacer. Comprométete a desconectarte del trabajo durante las noches y los fines de semana.

Aumenta los recursos en el trabajo. Da prioridad a las actividades que tengan mayor valor y sean más vigorizantes. Acércate a los compañeros de trabajo en quienes confías y disfrutas de su compañía. Busca maneras de interactuar con aquellos que encuentras estimulantes. Habla con tu jefe acerca de tus necesidades para un máximo rendimiento. Por ejemplo, si te hacen falta habilidades, pide cursos, apoyo, retroalimentación o incluso un mentor.

Busca ideas con tus colegas para modificar los procesos de trabajo y lograr que todos tengan mayores recursos. Tal vez puedas implementar un “sistema de alerta temprana” en el que la gente pida ayuda en cuanto se den cuenta que no llegarán a cumplir una meta. También puedes acordar revisiones periódicas del desempeño general del equipo y tomar acciones a tiempo para reabastecerse cuando sea necesario.

Date la oportunidad de reconsiderar las cosas. Algunos aspectos del trabajo los puedes modificar, otros no. Si, por ejemplo, la cultura de tu organización se caracteriza por ser constantemente descortés, es poco probable que logres prosperar en ese ambiente. O si la materia de tu trabajo no tiene que ver con tus intereses, encontrar un trabajo más significativo puede ser un paso importante hacia tu realización.

Finalmente, no hay trabajo que valga la pena tu salud, tu cordura o tu alma. Para muchos, el agotamiento es la palanca que los motiva a pausar, hacer balance y crear una carrera que resulta más satisfactoria de lo que pudieron haber imaginado.

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Traducción: Laura Briones | Foto: Exhausted , Jessica M. Cross via Flickr 

Publicado en Salud
Fuentes consultadas:
https://hbr.org/2016/06/steps-to-take-when-youre-starting-to-feel-burned-out